Con un alto acatamiento, los transportistas de granos iniciaron ayer un lock out por tiempo indeterminado, que amenaza con provocar incontables trastornos y fuertes pérdidas justo cuando comienza a recolectarse una cosecha récord. La medida de fuerza cuenta con un guiño del titular de la CGT y líder del Sindicato de Camioneros, Hugo Moyano, e incluye piquetes y concentraciones de camiones en diversas rutas estratégicas de la pampa húmeda.
La protesta fue lanzada por la Confederación de Transporte Automotor de Cargas (CATAC), pero no es acompañada por las otras dos organizaciones que nuclean a los dueños de camiones, FADEEAC y la CNTA, que por ahora abonan a una salida negociada. Anoche hubo un intento de conciliación en oficinas de la AFIP, que no prosperó.
Ayer muy pocos camiones llegaron a los puertos. En los del Gran Rosario, de donde salen 70% de las exportaciones agrícolas, operaron sólo 1.400 unidades, la mitad de lo normal en esta época del año. En Necochea y Bahía Blanca directamente no hubo ingresos.
Los exportadores agrícolas manifestaron su preocupación por el conflicto. "Alguien tendrá que encontrar la solución, porque no hay libertad de tránsito para los camiones y las fábricas tendrán que dejar de operar. Si esto sigue, habrá incumplimiento de los contratos" de exportación, indicó una fuente del sector. Cada día de demora de un barco en el puerto implica U$S 50.000.
Pero son los productores los que podrían pasarla peor, ya que han iniciado la cosecha de maíz y girasol, y faltan pocas semana para levantar la soja. El agro espera una cosecha récord de unas 90 millones de toneladas. Para movilizarla hacia los puertos y acopios, se requerirán 2,3 millones de viajes de camión.
Como en otros años, los transportistas reclaman una fuerte mejora de las tarifas (el sector pide una suba de cerca del 30%, mientras que los "dadores de carga" han ofertado hasta ahora un 18%). Pero esta vez hay otros ingredientes: por caso, CATAC exige que esa tarifa tenga vigencia a lo largo de todo el año, para evitar las bajas que se producen a mediados de año, cuando termina la cosecha. "Es un disparate: sería como exigir que un hotel de Mar del Plata cobre lo mismo en verano que en invierno", indicó uno de los negociadores por los productores y las cooperativas, que defienden la libertad en el mercado de los fletes.
Por cierto que la presencia de los camioneros de Moyano apoyando a sus propios patrones también desata conjeturas de todo tipo. Esta adhesión se justifica con el argumento de que dichos trabajadores no pueden ser blanqueados por la precaria situación de los empresarios del transporte. Pero del otro lado se especula con intenciones menos ingenuas: sugieren que Moyano y su troupe pretenden forzar al Gobierno a que regule el mercado y así lograr que los viajes se cobren en "destino", es decir que sean los exportadores quienes deban pagar los fletes y no el productor. Según la hipótesis, el sector podría así negociar directamente con una decena de empresas, y no con 200.000 chacareros.