En Argentina, luego de seis años, fue sancionada la Ley N° 26.093, que regula
la producción, comercialización y uso de biocombustibles; el Senado la convirtió
en ley el 19 de abril último, luego de una segunda revisión al proyecto original
del Senador Luis Falco y otros cuarenta y nueve senadores más, modificado
previamente en Diputados, a partir de lo que en mi opinión, fue el triunfo de la
posición del ex Ministro Lavagna, del Secretario de Política Económica Oscar
Talgenson, del Secretario de Hacienda Carlos Mosse y de algunos otros
funcionarios del Ministerio de Economía que obraron de soporte técnico para esta
causa, canalizadas por el Presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda
Diputado Nacional Carlos Snopek, quien terminó operando los cambios más
profundos, portadores de la desnaturalización del proyecto original con media
sanción en el Senado desde el 1 de diciembre del año 2004.
Resulta paradójico, pero en el escritorio del referido Diputado había dormido
el sueño de los justos, el proyecto del Diputado Nacional Héctor Romero allá por
el año 2003, mientras era conocido que la Argentina se convertiría rápidamente
en un país estructuralmente importador de gasoil, constituyéndose la producción
de biodiesel de calidad normalizada y a escala, en una alternativa viable de
sustitución de importaciones. Sería bueno analizar profundamente por qué actuó
así este Diputado...
En el medio, aparecieron análisis de costo fiscal propios de aprendices;
imperaron análisis estáticos (fotografías) mal hechas -que siempre perjudicaban
a la incorporación de los biocombustibles a la matriz energética nacional,
incluso a partir de justipreciaciones no ajustadas a la legislación impositiva
vigente o con previsiones irracionales- y nunca, análisis dinámicos con
hipótesis racionales que intentaran ver el resultado a mediano y largo plazo,
una vez que el complejo de biocombustibles se pusiera en marcha. Sin embargo,
tales análisis fueron la causante teórica de los cambios implementados por
Diputados, porque obraron como la opinión formal del Ministerio de Economía
(lamentablemente la Ministra Felisa Miceli recibió todo "cocinado" desde las
áreas con responsabilidad). Del mismo modo, el Presidente de la Nación en mi
opinión fue muy mal asesorado en esta materia. Lamentablemente nadie pagará por
ello. No olvidemos que hay problemas con el abastecimiento fluido de gasoil y ya
estaríamos en condiciones de contar con una importantísima oferta de biodiesel,
sino hubiera ocurrido el cajoneo del proyecto de ley.
El 12 de mayo último se promulgó de hecho esta ley. Sin embargo, a la fecha,
todavía no ha sido reglamentada. Una vez más, caben responsabilidades por este
atraso y no se puede soslayar la de algunos funcionarios del Ministerio de
Economía, que presionan más de lo aconsejable para constituirse en Autoridad de
Aplicación. Por qué debería ser dicho Ministerio Autoridad de Aplicación, cuando
estamos en presencia de un desarrollo de combustibles renovables?...
Tenemos una ley, es cierto. Pero una ley que no cuenta con estabilidad
fiscal, desconociendo la historia que nos condena en materia de seguridad
jurídica y tributaria; que desconoce las ventajas comparativas de nuestro País
para la producción de biocombustibles (y por ende, para competir fácilmente con
lo importado) y bajo la excusa de defender lo nacional, promociona
exclusivamente a las industrias nacionales, gravando con los tributos
específicos de los combustibles fósiles, a los biocombustibles importados, hecho
que de ser imitado por los países o regiones con potencial importador (como la
Unión Europea), nos dejará fuera de mercado; que establece la figura del cupo
fiscal para el goce de los beneficios promocionales, sin establecer una regla
clara para su otorgamiento (cuando la oferta de biocombustibles para el corte
obligatorio se asemeja a un servicio público, en las condiciones que fija la
ley); y como frutilla del postre, que convierte en vinculante al precio de
referencia que subjetivamente puede determinar la Autoridad de Aplicación,
aumentando la incertidumbre del flujo de fondo proyectado por los
emprendimientos que intenten operar en el mercado interno, para abastecer la
demanda de corte obligatorio de biocombustibles.
Esta ley se presenta como un páramo para las pymes, cuando en realidad, al no
otorgar estabilidad fiscal, debilita a este tipo de empresas. Nada se dijo en la
revisión de Diputados acerca que el proyecto original alcanzaba a la industria
óleo-alcoquímica -verdadero motor de la creación de un clúster de pymes- y se
eliminó esta industria del alcance de la ley. Y en materia de autoconsumo, se
dejó librado todo a la decisión de la Autoridad de Aplicación, o sea, que sin
mediar reforma por ley o decreto, será la misma Autoridad la que de un día para
el otro, podrá cambiar las condiciones de operación de este segmento, pudiendo
incluso, declararlo gravado con los tributos que gravan a los combustibles
fósiles.
Nos olvidamos también que el proyecto de ley original contenía un importante
beneficio para suavizar la diferencia de precios entre los combustibles fósiles
y los biocombustibles, el que beneficiaba significativamente a los
emprendimientos más pequeños -inclusive, los destinados al autoconsumo-, y ese
beneficio fue eliminado, sustituyéndoselo por un eventual subsidio en cabeza de
las compañías petroleras que efectúen el corte obligatorio, de monto y
beneficiarios indeterminados.
Hay otras cuestiones más, como por ejemplo, la vigencia de la disposición
incorporada a la Ley 25.745 por la que el biodiesel no será gravado por diez
años (a partir del año 2003) por el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el
Gas (ICLG), cuando la Ley 26.093 declara como gravados a los biocombustibles que
no sean producidos por operadores autorizados por la Autoridad de Aplicación. En
este sentido, surge una enorme duda si esta disposición se refiere en el caso
del biodiesel solo al Impuesto al Gasoil Ley 26.028, o alcanza al ICLG, pudiendo
esto ser objeto de arbitrariedades significativas.
Ni hablar de la promoción a la investigación en materia de nuevas tecnologías
y de cultivos energéticos alternativos, como factor principal para superar el
dilema entre alimentos y energía. Sin embargo, los factores externos mandan y
más allá de la mezquindad del Ministerio de Economía y de muchos Diputados, los
biocombustibles se convertirán en una realidad dentro del mercado energético
argentino. Aunque muchos quieran impedir su desarrollo, los biocombustibles
llegarán para quedarse y representarán un antes y un después para los mercados
agroalimentarios tradicionales.
La máquina de impedir ligada a la vieja política -que sigue vigente-
seguramente capitulará y se construirá un importantísimo complejo de
biocombustibles en Argentina. Nacerá con la "potencia de dos", podremos ver como
el sector agropecuario se convertirá en un socio estratégico de las compañías
petroleras. Y en el medio de este proceso, las compañías aceiteras y los
tradicionales ingenios azucareros, motorizarán la dinámica del complejo. Hay
muchas alternativas productivas para Argentina. Se viene una importante
reconversión energética, estoy seguro. Quizás esto se vea con mucha mayor
claridad desde el exterior y es por ello que han surgido grandes anuncios de
inversión, algunos de ellos en marcha. Como todo negocio, el de los
biocombustibles requiere estudios adecuados. No es cuestión de guiarse por
impulsos y definir inversiones rápidamente. Hay limitantes, no es viable
instalar plantas de biocombustibles en cualquier lado; naturalmente y salvo
excepciones (aconsejo estudiar en profundidad el tema de la colza y otros
cultivos energéticos con potencial a largo plazo), el NOA es para etanol y la
Región Pampeana para biodiesel. Ir contra-natura implicará mayores gastos
logísticos, los que tarde o temprano, pagará el consumidor, o sea, todos
nosotros.
El reciente incremento de los precios de los productos agrícolas y
agroindustriales, vino en un momento justo. Para muchos es una mala noticia,
pero pienso que sirve para replantear los análisis y para hacer proyecciones con
precios representativos, más conservadores. El mercado interno de combustibles
tendrá algún sinceramiento de precios, pero no está claro cuando. En el mientras
tanto, no se puede apostar a que todo cambie y sustentar a los biocombustibles,
a costas de un aumento en el precio de los combustibles fósiles.
Planteos de autoconsumo de biodiesel a partir de la molienda de soja y en la
Pampa Húmeda, en mi opinión no son competitivos con este precio de gasoil.
Además, en estos casos, el foco del negocio es la harina proteica (se obtienen
8,4 tns. de expeller por cada tonelada de aceite, sobre un total de 10 tns. de
soja molida, hecho que a las claras demuestra que el biodiesel es un
subproducto) y las perspectivas de precio futuro de la misma, es bajista. El
expeller no puede valer más que el propio poroto de soja, no sería sustentable
valuarlo por encima de éste a largo plazo (por más que las retenciones del
primero sean más bajas que las del segundo y por ende, la paridad de exportación
aumente debido a ello). La competitividad de la industria aceitera argentina es
insoslayable, solo se puede competir con una tecnología vieja -como la de las
prensas, que tienen elevados costos de conversión y baja eficiencia en la
extracción de grasa- en contados casos.
Cada elemento del costo debe ser evaluado con sumo cuidado, recordando que
hay costos de oportunidad que no pueden ser evitados. Además, sea para venta o
para autoconsumo, las plantas deberán cumplir con las normas de calidad,
seguridad y tratamiento de efluentes líquidos y gaseosos. De lo contrario, serán
consideradas marginales. Y entonces, donde está el negocio?
A nivel país, estamos atrasados, mal que nos pese. Sin embargo, debemos
trabajar arduamente para que el programa de biocombustibles crezca con solidez,
no alocadamente. Hay mucha mentira, mucha trampa, es necesario una depuración,
por el bien de todo. No tenemos buena reputación en el exterior y esto se nota
en el mercado que nos trata cuando muchos intentan vender "peras" por "manzanas"
a los interesados de afuera.
La comunicación debe ser más cuidadosa. Estamos entrando a una etapa de
realidades y si no actuamos en consecuencia, perderemos credibilidad día a día,
hecho que afectará nuestras posibilidades en el comercio exterior y también,
frente al consumidor interno.
Necesitamos que se registre un proceso transparante en la asignación de cupos
fiscales para el mercado interno y se protejan los derechos del consumidor. Si
no cuidamos la calidad, pronto el Programa entrará en desgracia. Los
biocombustibles deben pagar un derecho de piso y esto hay que tenerlo muy en
cuenta, no podemos conformarnos con que exista combustible fósil de mala
calidad, para justificar nuestras propias deficiencias.
Escala y tecnología no son enemigos, sino barreras naturales para este tipo
de negocios, las que a su vez, obran como elementos perfeccionantes. Asociarse
es el desafío, el egoísmo lleva a una mala evaluación y esta, a derrumbar el
capital invertido. Y a tener en cuenta, que la acumulación de capital tarda años
en concretarse y minutos en destruirse. El de la cooperativa de etanol de EE.UU.
es un modelo de posible reproducción y que en la práctica, compite con las
grandes compañías multinacionales, con éxito. Los productores agropecuarios
tienen una oportunidad importantísima para involucrarse, agregando valor
directamente.
El sector público tiene mucho por hacer, otorgando un horizonte adecuado de
previsibilidad y transparencia. Pero el sector privado tiene que tomar este
desarrollo en serio; los biocombustibles no son sinónimo de "parripollo",
"videoclub" o "cancha de paddle", son los abanderados del nuevo paradigma
energético.
El próximo año será clave para el éxito del desarrollo en la materia. Se
establecerá una fecha tope para la presentación de los proyectos destinados a
abastecer el mercado interno ante la Autoridad de Aplicación y de esta manera,
la opinión pública podrá registrar la real magnitud de la corriente inversora en
este segmento. Se producirá también una depuración de oferentes de maquinarias y
equipos, porque muchos de ellos no podrán cumplir con las exigencias que
establecerá la Autoridad de Aplicación en materia de calidad, seguridad y
tratamiento de efluentes. Para ejemplos, nos basta con conocer los enormes
perjuicios que vienen causando las populares "licuadoras". Aprendamos de esta
lección.
Al mismo tiempo, tendremos que trabajar mucho para que funcionen los
controles del Estado -a partir del accionar de un equipo altamente profesional,
no politizado- y para que existan alternativas racionales de aseguramiento de la
calidad. Debemos procurar las inversiones necesarias para que los controles de
calidad sean más accesibles y confiables. Hay que asignar recursos adecuados
para el desarrollo de cultivos energéticos alternativos, como así también, para
el perfeccionamiento tecnológico, coordinando las acciones entre distintas áreas
del Estado (en cualquiera de sus niveles), de manera de evitar una mala
asignación de los mismos.
No se puede dejar a un lado la búsqueda de alternativas para la colocación de
subproductos como el glicerol, sea por su reconversión bacteriana o su
utilización como combustible, inclusive para la cogeneración de energía
eléctrica.
Hay inversiones retenidas por existencia de temor a ser "elegidos" como
proveedores internos de biodiesel ante la escasez de gasoil, cuando los
emprendimientos que intentan desarrollarse a partir de ellas, se orienten a la
exportación. Y del mismo modo, varias destilerías de alcohol existentes (que se
ampliaron o están a punto de ampliarse), sufren enormes barreras para atender la
oferta interna de etanol, debido a que no se pueden encuadrar en los términos de
la ley.
Otra cuestión muy importante es la del diferencial en materia de derechos de
exportación para los biocombustibles, frente a los aceites y granos en brutos.
El Estado debería generar un marco de previsibilidad en este sentido. Del mismo
modo, ningún proyecto de inversión debería aprobarse como resultado de capturar
este beneficio, debido al riesgo de pronta desaparición, total o parcialmente.
Tampoco es todo color de rosas en el exterior. Hay muchas presiones para
cambiar los regímenes tributarios y arancelarios, de manera de evitar la
invasión de biocombustibles sudamericanos en el comercio internacional. También
hay una presión de Brasil para lograr el cambio de la clasificación arancelaria
de los biocombustibles, pasando de commodities agrícolas, a commodities
ambientales, con la consiguiente reducción de derechos de importación.
En el contexto interno, no es "loco" pensar en una reforma a la Ley 26.093;
al respecto, existe un proyecto de ley con estado legislativo firmado por el
Senador Marcelo Lopez Arias y otros senadores oficialistas, que impulsan la
estabilidad fiscal. Inclusive, la no emisión del Decreto Reglamentario pasados
tantos meses desde la promulgación de la ley, es otro indicador de los problemas
que genera en la práctica este texto legal.
Tengo un optimismo moderado, sustentado más en el contexto internacional, que
en el interno. La hora de la verdad se aproxima...Realidad o fantasía?
Por último, quiero agradecer profundamente al Cuarto Poder, al Periodismo en
su conjunto que ayudó muchísimo para que los biocombustibles sean más conocidos
por todos. Con muchos aciertos y algunos errores, los biocombustibles fueron
noticia durante todos estos años, principalmente durante el año 2006. Sin
periodismo, el Gobierno -salvo contadas excepciones- no hubiera acusado recibo
acerca que el mundo está en otra cosa... Aprovecho la oportunidad también para
agradecer a entidades no gubernamentales, como el Movimiento para la
Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (M.O.R.E.N.O.), Confederación
General Económica (CGE), la Unión Industrial Argentina, el Instituto de Energía
General Mosconi, a la Cámara de Alcoholes, a la Cámara de la Industria Aceitera
de la República Argentina (CIARA) y varias otras cámaras sectoriales (no quiero
olvidarme de ninguna, ya que fueron muchas), a Federación Agraria Argentina, a
Confederaciones Rurales Argentinas, Sociedad Rural Argentina, CONINAGRO,
AAPRESID, AACREA, ACSOJA, MAIZAR, ASAGIR, Bolsa de Comercio de Rosario,y otras,
por el respaldo brindado durante todo el año.
Son muchas las personas físicas, empresas y organismos públicos como el INTA o la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (por citar algunos) que desde los lugares más lejanos (en el país y en el exterior) y en forma desinteresada, ayudaron con información y opiniones para que los biocombustibles estén más cerca nuestro. Del mismo modo, muchos funcionarios públicos nacionales, provinciales y municipales, que abrieron sus puertas para escuchar nuestras inquietudes. A todos ellos, le envío mi profundo agradecimiento.
Por Claudio A. Molina - exclusivo para Agrositio.com