El filósofo Santiago Kovadloff analizó en el XXIV Congreso Regional CREA Sur de Santa Fe los problemas que afectan a nuestra sociedad y dio algunas ideas de cómo solucionarlos.
Como primer punto enfatizó que el problema está en la formación, que las facultades nos facultan, pero sin un sentido universalista, de modo que solo sabemos de un área, no de todas y así no se integra un campo con otros. "La convivencia social requiere algo más que ser especialista, para hacer una orquesta, todos deben integrarse en el conjunto. Siempre soñé con que los distintos instrumentos de la orquesta nacional toquen juntos".
Necesitamos gente capacitada para hacer lo que hace falta, pero más que especialistas. Un físico decía "todo físico sabe que su mujer es un conjunto de átomos y células, pero si la trata así la pierde".

Luego de su disertación Agrositio habló en exclusiva con él y lo consultamos sobre cómo integrar el universalismo, "lo primero es que nosotros entendamos cual es la rentabilidad de nuestro fracaso, los fracasos pueden ser vistos con pesimismo, como la expresión de una tendencia repetitiva o pueden ser vistos como una fuente aleccionadora, si hemos fracasado es porque no hemos hecho algo indispensable, ¿en qué consistiría lo indispensable? ese es el segundo paso, nosotros tenemos que restituirle a la republica su valor significativo como espacio de comunión, las instituciones y la ley son el lugar de la convergencia de todo lo que hoy esta separado, esto es lo primordial, solo puede haber justicia en la medida que la ecuanimidad sea el resultado de un anhelo reciproco de desarrollo, todos necesitamos desarrollarnos, los sectores de menos recursos para que tengan más y los que tienen más para que esos recursos sean perdurables y, sin dejar de implicar una posibilidad de beneficios y confort, se traduzcan en un reconocimiento del prójimo, que es indispensable".

El hombre existe en función del otro

La mirada del otro, en donde nos vemos como seres significativos, nos hace ser relevantes para nosotros mismos. A diferencia de los animales, el hombre debe empeñarse para desarrollarse, somos el futuro del despliegue de un proyecto y si el proyecto no está, nosotros tampoco. Si somos proyectos es porque nos empeñamos en realizar un ideal de vida y eso no se logra, lo cual es bueno, porque si logramos nuestro ideal, estamos de más.

Los problemas argentinos

Argentina hoy está más cerca del siglo XIX que del XXI, porque arrastra problemas irresueltos del siglo XIX. Haber nacido en el siglo XX no significa que pensemos como en el siglo XX, no es necesario solo ser coetáneo sino contemporáneo, pensar como en esa época. El país tampoco completó su transición a la vida democrática, no tenemos instituciones consolidadas y las instituciones están al servicio de una tendencia caudillesca. No le dimos sentido ético a las instituciones para que sean más importantes que las personas, los gobernantes representan a sectores de poder pero no la integración entre los sectores.
Podemos lamentarnos, pero eso es padecer, hay que saltar al terreno del diagnóstico para poder construir un proyecto nacional, para eso se necesita una paciencia militante, un proyecto a largo plazo, no se puede pensar que una nación se construye en una generación.
Argentina necesita transitar a la sociedad del conocimiento, crear bienes a través del conocimiento, pasar a ser moderno, lo cual es entender los desafíos de cada época.
Muchos de los problemas que plantearon Sarmiento y Alberdi no fueron resueltos, se convirtieron en clásicos cuando eran problemas del momento. El sector alto no aprendió a pasar a la industrialización y el sector bajo aprendió a vivir del estado y el facilismo.

Un país repetitivo

El subdesarrollo que vivimos es fruto de la incomprensión de los desafíos que tuvimos, solo a fines del siglo XIX se comprendieron los desafíos, pero estos cambian. En el siglo XX no hicimos un desarrollo industrial ni una capacitación técnica con conciencia cívica, por eso nos hicimos un país repetitivo, repetimos conceptos que se demostraron inútiles. Somos un país que proviene del pasado y no de su porvenir, hay que venir del futuro, desde los ideales que le dan sentido a la vida, de los proyectos no realizados, para volcar esos ideales en la realidad y realizarlos. El problema está en que en la educación nos enseñaron a repetir, no a pensar. Cuando San Martín presentó a Pueyrredón su proyecto de cruce de los Andes, ante la respuesta negativa de Pueyrredón, dijo "lo que propongo debe ser llevado a cabo, no porque sea posible, sino porque es imprescindible".

El desarrollo total es imposible, pero es imprescindible. Sarmiento al crear escuelas en el desierto, estaba loco desde el sentido común del momento, pero no al verlo desde el futuro.
Las grandes naciones tienen ciencia pero además conciencia de lo que significa convivir, contemplar al otro y comprender que sin el otro no existimos.
Durante la charla que sostuvimos con Kovadloff agregó que "repetimos porque no terminamos de tener una educación cívica verdaderamente fortalecida, las demagogias, las distorsiones políticas, los abusos de poder, los intereses sectoriales, todos contribuyen a seguir generando una tendencia a la repetición, saber que los golpes de estado no son una fuente de aprendizaje fructífero para la república, teóricamente es algo que tendríamos que haber aprendido hace mucho, pero tuvimos que llegar al extremo extenuante de un genocidio para darnos cuenta de eso. Por otro lado la demagogia en el campo de los partidos políticos y de los partidos que representan a la sensibilidad cívica también han sido mucho mas sectorializados que interesados en un bien común autentico. Como dice Elisa Carrió, creo que es indispensable recontratar moralmente en la argentina la relación entre quienes aspiramos a vivir de otra manera".

El civismo lo tenemos que crear nosotros desde abajo, desde la comuna, a los gobernantes hay que exigirles estabilidad, son una expresión de nuestra cultura, si creamos civismo tendremos gobernantes que nos expresen, esto es lento pero imprescindible.
Argentina fue única en crear una clase media, lo pudimos hacer, lo logró la inmigración, hay que recordar que ya lo hicimos una vez y con eso podemos crear una identidad cívica.

El otro como matiz necesario

El riesgo de la democracia es pensar que el que no piensa como uno es prescindible, en la democracia el oficialismo y la oposición deben debatir. La ausencia de ideas es tan grave que la oposición solo critica al gobierno y el gobierno critica a la oposición. Hay que entender que el otro es un matiz necesario. En la democracia gana el que tiene la mayoría, pero no hay que confundir a la mayoría con la verdad, para tener sentido de la convivencia hay que ser autocrítico de las ideas propias. John Locke, refiriéndose al autoritarismo, decía "si la realidad no coincide con mis palabras, peor para la realidad". Es bueno no tener toda la razón, porque sino entramos en los fundamentalismos, que se basan en la intolerancia a los matices.

Las ciudades se han convertido en megalópolis inoperantes, la gente se acumula en las ciudades pero se pierde la persona, por eso la comuna es un ideal. Amalgamar las distintas opiniones es casi imposible pero es imprescindible, hay que valorar a las diferentes opiniones, no tolerarlas sino valorarlas, "nadie es el único que tiene razón".
Crece quien capitaliza su fracaso, no crece el que no ha fracasado nunca. A nuestra sociedad le cuesta aprender de sus fracasos, el individualismo nos ha llevado a ser un conglomerado más que una nación, sin proyectos integradores.

El fracaso del diálogo en el mundo

El fracaso de las Naciones Unidas es el más serio y profundo de nuestra civilización, porque era el ideal de integración, de diálogo y el diálogo se reemplazó por las balas, sin embargo, según agregó durante la entrevista que nos brindó, "es un riesgo pero no necesariamente irreversible, creo que los conflictos son constantes en la historia del hombre, tenemos que aprender a reconocer cuales son los nuestros y tenemos que ir trabajando con enorme paciencia para restituirle el valor a la palabra y al pensamiento y no solo a las armas".

Por Santiago Rivas - exclusivo Agrositio.com