“La estructura del cultivo puede definirse a través del tamaño de la
superficie fotosintetizante y su distribución espacial”, explicaron en su
disertación Mónica López Pereira de la Cátedra de Cultivos Industriales y Nora
Trápani de la Cátedra de Fisiología Vegetal, de la Facultad de Agronomía de la
Universodad de Buenos Aires. La estructura del girasol es heterogénea y
determina la captación de recursos del ambiente aéreo y subterráneo. A su vez,
modula varios factores del sistema a través de la modificación del microclima
del canopeo. La densidad de siembra y la distancia entre surcos forman parte de
las prácticas de manejo que permiten ajustar la demanda de recursos del cultivo
a la oferta ambiental, en especial durante los períodos críticos para la
definición del rendimiento. Para que la explotación de los recursos del ambiente
sea óptima, las plantas deben estar uniformemente distribuidas en el espacio, a
la densidad deseada, emergiendo simultáneamente. De esta forma, la uniformidad
del cultivo evita la excesiva competencia entre algunos individuos y la
generación de espacios sin plantas en los que los recursos no son utilizados.
La respuesta a la interacción entre individuos es el resultado de un proceso
activo, en el cual la capacidad de adquisición de nutrientes y energía por parte
de las plantas no sólo está restringida a la disponibilidad actual de recursos
sino que, también, incluye la capacidad de obtener información sobre los cambios
futuros en el ambiente del cultivo y la competencia por recursos con los
individuos vecinos. El flujo de recursos, entonces, está modulado por el flujo
de información a través de sistemas específicos de adquisición de la misma.
La respuesta del rendimiento a la densidad poblacional indica que la capacidad
fisiológica del rendimiento del girasol (es decir, aquella que puede obtenerse
utilizando cultivares actualmente disponibles en cultivos protegidos contra
vuelco/quebrado y contra enfermedades) es superior a las densidades consideradas
como óptimas en la actualidad. En girasol se han identificado cultivares
“sensibles” y “tolerantes” al aumento de la densidad. En los cultivares
sensibles, las plantas fueron más altas, sus entrenudos basales más largos y
pesados y la proporción de biomasa asignada al ápice reproductivo fue menor.
Debido a ello, el número de flores diferenciadas se redujo. Estas respuestas
fueron de mucha menor intensidad o casi nulas en los cultivares “tolerantes”.
Sin embargo, éstos no fueron los únicos cambios morfológicos asociados al
aumento de la densidad ya que en cultivos sembrados a densidades superiores a la
comercial (5 pl m-2) las plantas se inclinaron hacia los entresurcos en forma
ordenada. Una consecuencia del proceso de inclinación puede ser la mayor captura
de luz por el cultivo y un aumento en la biomasa producida. En planteos de alta
densidad y con plantas uniformemente distribuidas, los cultivares “tolerantes”
serían de particular interés debido a que se podría aumentar rendimiento
potencial por unidad de superficie con densidades superiores a las usadas
comercialmente en la actualidad.
En los últimos años se ha producido una tendencia a disminuir la distancia entre
surcos en los cultivos de grano, tendencia que comenzó a aplicarse en soja y
luego, en menor medida, en otros cultivos. El aumento del rendimiento en grano
asociado a una menor distancia entre surcos, se relaciona directamente con un
aumento en la eficiencia de intercepción de luz durante los períodos críticos
para la determinación del rendimiento. Sin embargo, en cultivos experimentales
de girasol el rendimiento en grano de estructuras sembradas a 1.40 m de
distancia entre surcos fue similar al obtenido con surcos distanciados a 0.70 m
dentro del rango de densidades 1-7.1 pl m-2. Si bien este tipo de resultado es
sorprendente, más aún lo es que, a la densidad comercial, el rendimiento en
grano fue mayor o igual en las estructuras de 1.40 m que en las de 0.70 m. Las
diferencias en la intercepción de radiación entre los dos distanciamientos
fueron menores a lo esperado. Tal es así que en el estado de estrella visible la
intercepción de radiación fue del 80 y 99% para las estructuras a 1.40 y 0.70 m
respectivamente.
Las estructuras a 1.40 m de distancia entre surcos son potencialmente
interesantes para ser utilizadas en cultivos puros, en ambientes con baja oferta
hídrica y también en intersiembra. Es evidente que el alto nivel de intercepción
de radiación del girasol es claramente contraproducente para el cultivo de menor
altura en un planteo de intersiembra. Por lo general, los cultivos desuniformes
de girasol presentan una buena cobertura de canopeo a antesis debido a su
característica plasticidad vegetativa. Generalmente se vincula la desuniformidad
con un efecto negativo sobre el rendimiento en grano. La pérdida de rendimiento
se asocia con una menor plasticidad reproductiva en respuesta a las variaciones
del área disponible por planta. En condiciones experimentales, los rendimientos
potenciales de cultivares con alta plasticidad reproductiva, en parcelas con
surcos faltantes o con distancias variables entre las plantas del surco, fueron
iguales o más altos a la misma densidad, que el rendimiento en parcelas con una
distribución regular de las plantas en los surcos.
Los avances en los conocimientos acerca de la respuesta del girasol a la
estructura del cultivo indican la importancia de la plasticidad fenotípica de
esta especie. La identificación de los mecanismos que regulan esas respuestas
permite establecer las bases fisiológicas que dan sustento al desarrollo de
nuevas tecnologías de manejo y a la selección de cultivares apropiados para
distintas situaciones.