El alineamiento que los países latinoamericanos realizan detrás de Brasil y Argentina, defensores a ultranza de resolver primero el capítulo agrícola de la Ronda de Doha, responde a una disciplina bien amarrada por el G20 que esconde discrepancias profundas de intereses de la región.

Importantes productores y exportadores agrícolas, Brasil y Argentina han logrado una cohesión sin precedentes, en torno al G20, de los países del tercer mundo, con realidades e intereses muy variados, para forzar a la Unión Europea y a Estados Unidos a desmantelar el arsenal de instrumentos que utilizan para favorecer a sus productores y limitar el acceso a sus mercados al resto.

El gigante suramericano, liderado por su incansable canciller Celso Amorim, es visible porque tiene el liderazgo del G20 por el tema de la agricultura, pero hay países que están más interesados en las negociaciones de la apertura de mercados a los productos industriales o de servicios.