Atilio, antes de hablar de su bodega, comienza a contar a Estilo Agrositio, una cronología de los hechos ocurridos en Mendoza a partir de la inmigración europea a nuestro país.

Los inmigrantes del campo

Hacia 1896 su abuelo llega a Mendoza proveniente del Norte de Italia, de la región de Toscana, en donde se había dedicado a la sector agropecuario. El hambre de la época y su cuñado ya instalado aquí hizo que viniera a la Argentina.

Primero comenzó teniendo un hospedaje en el que vendía vinos que ya se producía en esa época en algunas bodegas famosas y en 1905 con un cuñado empezaron a comprar tierras. “En esa época se competía a ver quien plantaba más viñas y quién hacia más hectáreas, fue una expansión muy grande propio de lo que fue el principio de siglo en la Argentina en todos los órdenes”, cuenta Atilio.
El problema es que lo hacían sin ningún criterio definido ya que se plantaban muchos pero por esa época no había ningún tipo de criterio de calidad.

La venta de la época

Se hacía en cantidad porque se producía para el consumo de Mendoza y el resto se enviaba al gran centro que era Buenos Aires.
Se despachaba en lo que se llamaba en casco, que eran las “Bordelesas” de madera de 200 litros las que hoy denominan “Barricas”, en Buenos Aires se hacía el fraccionamiento de vino y se vendía.
Hasta la época de Martínez de Hoz, en Mendoza se habían plantado más de 300 mil hectáreas pero sin una calidad específica.

Bodegas Baldini, un viñedo casi centenario

En el año 1927, el padre de Atilio compra los terrenos pertenecientes a antiguos terratenientes criollos que era la familia Funes en la zona del departamento de Luján que eran los distritos de Agrelo y Ugarteche. Su padre llegó a tener 1454 hectáreas, pero debido a la crisis económica de la década del 90 tuvieron que entregar parte de las tierras y en la crisis del 2001 otro tanto.
Actualmente tiene 300 hectáreas pero con una producción superior a la que hacía su padre con las más de mil quinientas hectáreas, porque se plantó como correspondía.

Bodegas Baldini y sus cepas actuales

Atilio afirma que sus plantas son verdaderos clones todas importadas de Francia.
Por otro lado, en vez de tener esa gran cantidad de cepas que había antiguamente, se quedaron sólo con variedades de las tintas más importantes. “Yo sostengo que la reina de todas es la cavernet sauvignon”, opina.

Además se quedaron con la uva Semillón que es de la época de su padre. Es una variedad blanca que “siempre fue como la pobrecita”. Desde hace varios años se la entregan a Chandon, éste tiene cinco bodegas en el mundo para hacer champagne, una está acá y las demás en el resto del mundo.
“Es muy interesante trabajar con ellos porque tienen una gran seriedad, vigilan el ciclo agrícola con sus propios ingenieros, te van asesorando en lo que hay que hacer, en qué periodo hay que hacer los riegos, etc”, explica Atilio.

La bodega la empezó a hacer su padre en el año 1935 y desde el 41 hasta el 57 se fue ampliando cada vez más hasta llegar a ser un monstruo de 21 millón y medio de litros en un sólo edificio que llegó a estar dentro de las veinte mejores de capacidad de la Argentina.
“En la actualidad en un buen año podríamos llegar a elaborar hasta un millón quinientos mil litros, la capacidad ociosa es muy grande”, cuenta Atilio. Actualmente alquilan el 80 por ciento de la capacidad a otra bodega que hace un vino que es de un nivel medio.

Las zonas de viñedos y sus características

Mendoza está dividido en cuatro zonas denominadas oasis norte, oasis centro que es la zona de Tupungato, oasis sur que es San Rafael y el este que es toda la parte de San Martín. Todo depende del Río Mendoza, en el oasis norte del centro del Río Tunuyán y el sur del río Diamante.

La gente del oasis este a raíz de desgravaciones impositivas que les dieron para que se ampliara el horizonte cultivable, empezó a plantar el viñedo en parral y fueron todas uvas que eran de alta producción. “Teóricamente uvas criollas que no son las buenas para hacer uvas de calidad, pero todo tiene su pro y su contra”, asegura Atilio.
De esta manera se plantó muchísima viña y cuando vino la primera gran crisis se abandonaron una gran cantidad de hectáreas de vino, algunas que eran las originales de las uvas merlot de baja producción y muchas de alta producción de parrales porque directamente no tenia precio. La superficie de Mendoza llegó a tener sólo cien mil hectáreas de superficie cultivada de merlot.

Buenos años para la vitivinicultura mendocina

Pasados los años 80 comenzaron a hacerse las cosas bien porque vino una corriente de gente de Europa ya que la tierra es barata, los sueldos son bajos, el clima es muy bueno y es libre de plagas. En esa época, explica Atilio, comienzan a plantarse las viñas con un criterio casi científico. En las zonas buenas se realizan nivelados para que el agua pueda correr en todos los sentidos y no solamente en los de declive que tiene el territorio, aunque hace unos diez años los productores eligen muchos viñedos en zonas de exactamente el pie de monte que es en donde termina la montaña y empieza el llano, sobre todo en la parte de Tupungato.

Datos muy interesantes

La uva que es la fruta más se produce en el mundo, pero no toda la uva hay que considerarla como una fruta que después tiene que convertirse en vino. “El vino es una de las pocas bebidas alcohólicas que se hace en forma natural por fermentación la otra es la sidra, todas las demás provienen de procesos industriales”, señala Atilio a Estilo Agrositio. Para que un vino sea bueno tiene que ser proveniente de una buena fruta.
Además, el vino tiene una característica muy especial que sirve nada más que para la hora de comer. Hay que buscar la combinación ideal: “el vino exacto para la comida exacta”.

Por Santiago Rivas - Estilo Agrositio