A fortunadamente en los últimos tiempos, quizás debido al protagonismo que le cupo al campo en la salida de la crisis dramática que soportó el país a fines de 2001, es notoria la mayor atención mediática a nuestra actividad sectorial, no solo por una mayor presencia en los medios, sino además con su participación en la organización y realización de mega exposiciones y muestras vinculadas al campo. Crear conciencia en la sociedad de la importancia de nuestro sector, el campo, es uno de nuestros objetivos.

Debemos empero seguir trabajando en desterrar aquel viejo mito de que el campo puede desarrollarse solo, de que se le puede extraer vía presión impositiva, regulaciones, transferencia de ingresos, una parte importante de su rentabilidad para atender a un Estado ineficiente, sin que se lo afecte en su desarrollo y crecimiento. En terminar con esa opinión que considera a aquel modelo agro-exportador como símbolo del subdesarrollo, con escasa generación de mano de obra, de valor agregado y circunscripto a un número de empresarios, los terratenientes, poco afectos a cambiar la estructura social del país.

No cabe duda de que la Argentina cuenta con una situación privilegiada en cuanto a su dotación de recursos naturales, que la distinguen y que le permiten ser fuertemente competitiva en la producción primaria tanto agrícola, como ganadera.

Pero no cabe duda que también cuentan aquellas zonas marginales, de menor productividad, donde se desarrollan economías regionales, muchas de ellas PyMEs que requieren y merecen el apoyo y estímulo por sus mayores costos, dada su distancia a los puertos y centros de comercialización, e incluso en la necesidad de competir con países que subsidian y protegen a su producción.

Lamentablemente muchas de estas zonas sufrieron en su momento el desarraigo de su gente y la emigración hacia los grandes centros urbanos, atraídos por mejores condiciones de vida, creando concentraciones inadecuadas que impidieron la creación de polos de desarrollo en el interior, que hubieran permitido una mejor distribución demográfica.

Esta emigración se denotó claramente a mediados del siglo pasado, cuando el incipiente crecimiento de la industria requirió de un fuerte apoyo para su desarrollo que se tradujo en políticas basadas esencialmente en la sustitución de importaciones, que determinaron incluso una fuerte transferencia de ingresos por parte de nuestro sector hacia la misma.

La política de sustitución de importaciones ha sido utilizada a lo largo de la historia de nuestro país durante décadas y su prolongación en el tiempo impide lograr una mayor competitividad en los sectores que requieren protección, gravitando en su propia contra.

Esa fuerte protección dirigida hacia la industria dio en su momento lugar a lo que se llamó la antinomia agro-industria, que se mantuvo casi hasta fines de siglo, cuando perdió fuerza debido a la globalización de la economía.

Hoy, en una economía globalizada, tiene tanta importancia el primer eslabón de la cadena, como es la obtención del producto primario, como todos los sucesivos procesos de industrialización y servicios que genera en las sucesivas etapas hasta llegar al consumidor. Debemos aprovechar las indudables ventajas comparativas que poseemos para transformarlas en ventajas competitivas de productos elaborados y especializados.

Si bien no cabe duda de la necesidad de una nación industrializada y competitiva, el error es contraponer ambas actividades económicas: hoy el agro es generador de industrias y de servicios.

Construir una pais mejor es nuestro objetivo primordial y el de todos los argentinos y como representante de los productores agropecuarios, debemos contribuir a crearlas condiciones óptimas para un crecimiento sostenido.

Por ello reclamamos políticas de Estado de ayuda a los sectores menos competitivos y de impulso a los sectores más competitivos, en función de otorgar sustentabilidad al desarrollo, mejorarlas condiciones de vida interna y aumentar nuestra participación en el comercio mundial.

La cadena agroindustrial es el sector más dinámico y competitivo de la economía argentina. Es la fuerza productiva más importante y la de mayor presencia en todo nuestro territorio, lo que le asigna una relevancia geopolítica manifiesta. Hoy somos los principales abastecedores del mundo en muchos productos y esto se debe al continuo esfuerzo y la elevada inversión tecnológica.

La Argentina es el país que más toneladas de granos produce por habitante en el mundo: más de dos toneladas por persona. Invertimos más de u$s 4.000 millones, considerando solamente la campaña de granos. Tenemos uno de los mas elevados niveles de adopción de nuevas tecnologías, un ejemplo de ello fue cuando era más alto el índice de desempleo en la salida de la crisis, la zona del sur de Santa Fe y Córdoba, donde se encuentra radicada gran parte de la industria maquinaria agrícola, alcanzó el pleno empleo, ante la intensidad de la demanda tecnológica.

Esta actitud arraigada en el espíritu del empresario rural es lo que le ha facilitado al país el salir de las diversas crisis que hemos atravesado, como fue el caso del Tequila en la década del "90 y la crisis política, económica y financiera que sufrimos a principios de esta década. En ese momento, el sector se convirtió en pilar fundamental en ese difícil desafío que significaba revertir la prolongada recesión que soportamos, reactivar el interior, recomponer el fuerte deterioro en los ingresos fiscales, brindar asistencia a los sectores de la población más desprotegidos y ofrecer las bases para el crecimiento.

Es indudable que el campo es la base para el desarrollo por el efecto dinamizador y multiplicador de la economía que genera. Justamente por eso cuando al campo le va bien, en la Argentina nos va bien a todos.

Fortuna