Osmán Pérez está dispuesto a salvar su huerto familiar. Con ayuda de sus
hijos, saca agua de una pequeña bomba instalada en su casa, situada en la
comunidad San Marcos del municipio de Puesto Fernández. El líquido servirá para
dar alivio a sus plantas de pimentón y tomate, que ya dejan ver las
consecuencias de la ausencia de lluvias. “Hace 40 días que no llueve, pero la
tierra es buena y algunos cultivos se mantienen”, dice mientras observa el
sorgo, que ocupa parte de las 36 hectáreas en las cuales también ha cultivado
maíz.
En el norte del departamento, los días sin precipitaciones se cuentan casi con
desesperación. Hay zonas que ya completaron 60 días sin lluvias. El chubasco que
cayó la madrugada del miércoles en Minero no llegó a los cultivos de soya, donde
las plantas están llegando a la etapa de floración y requieren 4 milímetros de
agua por día.
El gerente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo),
Rolando Zabala, asegura que éste es el año más seco del último quinquenio en el
norte, donde se concentran 250.000 de las 280.000 hectáreas de la soya de la
campaña de invierno.
Si la planta no logra completar su proceso de fecundación, las pérdidas en
rendimiento oscilarán entre el 30 y el 50%.
Los vientos del sur que soplaron en la zona desde el miércoles, aumentaron la
preocupación. La humedad del aire se reduce y desaparece el rocío por las
noches, lo que obligará a algunos productores a acelerar la cosecha del trigo.
Si no lo hacen, se corre el riesgo de que se desgrane en el campo.
Algo similar sucede con el sorgo y el maíz, donde las pérdidas ya se calculan en
un 20%. El representante del sector, Mamerto Cortez, asegura que no hay riesgo
de desabastecimiento ni un aumento de los precios de estos cereales. Esto,
debido a que el incremento de la superficie de producción ha permitido mantener
el volumen.
Los ganaderos también están afectados. El "potrero largo", es decir, el borde de
la carretera, se ha convertido en la alternativa de pasturas para el ganado en
la zona norte.
El gerente de la Asociación de Ganaderos del Norte (Aganorte), Carlos Guzmán,
expresó que la sequía se refleja en los pastos secos y las lagunas vacías, que
han aumentado en los últimos días.
Los más perjudicados son los pequeños y medianos productores, que no tienen
condiciones para almacenar forraje ni otro tipo de alimentos. Los más grandes
lograron paliar la situación con la producción de sorgo, pero el rendimiento
tampoco es bueno.
Las buenas prácticas dan resultado
Las vacas de la Lechería La Recelosa no sienten los efectos de la sequía.
Pese a que los pastos están secos y son escasos, la producción apenas ha caído
un litro de leche por animal. Freddy Villarroel, uno de los propietarios,
asegura que esto es producto de un cambio de alimentación que combina el sorgo,
la melaza, la úrea y otros ingredientes, además del ensilaje.
Saúl Vaca, productor de Buen Retiro, aplicará la técnica a partir del próximo
año.
Por ahora, se esfuerza junto a sus vecinos para proveer agua a sus 110 animales
a través de un canal que han improvisado. Pero las consecuencias parecen
irreversibles: su producción cayó de 2.000 a 1.400 litros diarios.
La producción
* La provincia Obispo Santistevan tiene un hato ganadero de 60.000 animales,
de los cuales 20.000 pertenecen al sector lechero.
* 250.000 hectáreas de las 280.000 que producen soya en invierno se encuentran
en el norte integrado.
* Las 18.000 hectáreas de maíz se encuentran en esta región del departamento.