A las 6:35 de la mañana del 26 de julio de 1924, el Fokker con los dos tripulantes partió de Schiphol, en medio de una lluvia torrencial y mínima visibilidad, lo que trajo los primeros contratiempos, dado que a sólo 80 kilómetros del punto de partida debieron realizar la primera escala, en Rótterdam. Sin embargo, dos hora después las condiciones meteorológicas habían mejorado y los argentinos continuaron su vuelo hasta llegar a la localidad francesa de Le Cateau, donde otra vez el mal tiempo impidió el viaje, debiendo aterrizar en el medio del campo. De todas maneras Pedro Zanni no se desanimó y a media tarde partió hacia Paris, a donde llegó para reabastecerse poco después. Habían recorrido solamente 450 kilómetros en 5 horas y 40 minutos.

Por los Alpes

El 27 de julio el viaje continuó, aunque la niebla seguía presente y casi produce un accidente, cuando Zanni estuvo a punto de chocar con las antenas de la estación radiotelegráfica de Saint Assie. La siguiente parada fue Lyon, en la que debieron pernoctar para reparar el radiador. Hasta ese momento el raid solamente había recorrido 900 kilómetros. Sin embargo al día siguiente partieron nuevamente, en la primera etapa de gran duración, cruzando los Alpes por el sur y el valle del Po, alcanzando en esa etapa la mayor altura en todo el raid, 4500 metros. Al final del día, luego de volar siete horas sin escalas, llegaron a Roma. La siguiente etapa también fue cubierta sin problemas al día siguiente y consistió en el vuelo hasta Salónica, de mil kilómetros de distancia y atravesando el Adriático y el Tirreno.
Zanni planeaba llegar ese día a Estambul, pero un desperfecto en el motor impidió la partida. La salida al día siguiente fue singular ya que dos cazas de la Fuerza Aérea Griega los escoltaron por media hora en señal de despedida. Tanto en esa ciudad como en Roma y París, Zanni y Beltrame habían podido disfrutar de banquetes preparados en ocasión de su visita. El 30 de julio llegaron a Estambul, en el fin de Europa, en donde tropezaron por primera vez con el problema del idioma al entrar en tierras desconocidas para ellos. Allí era necesario cargar combustible, pero nadie hablaba otro idioma que no sea el turco. Por suerte apareció un mecánico de un avión francés que se encontraba en el lugar y pudo asistirlos.

A través de montañas y desiertos

La escala fue corta y continuaron hacia Aleppo, a través de las montañas, donde debieron exigir mucho al motor debido al calor y a volar a más de 4000 metros de altura, razón por la cual había una gran turbulencia. El paisaje en esos 1050 kilómetros que recorrían era totalmente inhóspito y cualquier emergencia hubiera significado el fin de la travesía. De todas maneras llegaron sin inconvenientes y al día siguiente se internaron en el desierto de Irak, rumbo a Bagdad, a donde arribaron al mediodía. Durante ese vuelo Pedro Zanni temió que se funda el motor, debido a las altísimas temperaturas. Una vez más pudieron completar la etapa con éxito, llegando a la zona boscosa alrededor del río Éufrates. En Bagdad decidieron esperar a que baje un poco el sol para continuar y a la 16 horas decolaron hacia Basora, nuevamente atravesando el desierto. Debido a la aparición de tormentas de arena, debió ascender a más de 2500 metros de altura, para poder ver. El problema se suscitó cuando llegaron a donde debía estar Basora y hacia abajo solamente veían una gran nube de arena. Empezaron a descender, pero la nube era cada vez más densa y era imposible ver algo, mientras la arena golpeaba a ambos tripulantes con fuerza, dada la velocidad del avión.
La noche empezaba a caer y ni Zanni ni Beltrame lograban ver nada. Empezaron a volar en círculos y la oscuridad era cada vez mayor, hasta que en un momento dado vieron pasar cohetes a sus costados. Eran disparados por el personal del aeródromo para mostrarle a los pilotos la ubicación de aquel. De esta manera pudieron aterrizar sin mayores inconvenientes. Estos cohetes eran empleados allí por la presencia de una escuadrilla de la Royal Air Force (Fuerza Aérea Británica), cuyo personal recibió calurosamente a los argentinos. Allí se enteraron que en los días anteriores tres tripulaciones inglesas habían desaparecido sobre el territorio persa, tal vez accidentadas o tal vez capturadas por los habitantes de esas tierras, en guerra con los ingleses. Lo que preocupaba a los argentinos era que la zona en donde se habían perdido los tres aviones era aquella que debían sobrevolar al día siguiente.

Hacia la India

El 1º de agosto a las 5:35 los dos intrépidos argentinos partieron rumbo a Bender Abbas. En este vuelo volvieron a tener dificultades. Zanni habñia calculado el combustible para siete horas, las cuales eran suficientes para recorrer los 1150 kilómetros que los separaban de dicha ciudad, con el viento normal. Sin embargo, una hora después del despegue comenzó un inusitado viento en contra. Tras cambiar varias veces de altura, luego de un largo rato logró encontrar una zona más tranquila sobre la costa del Golfo Pérsico. Lo que preocupaba entonces a Zanni era la posibilidad de quedarse sin combustible y tener que aterrizar en esa zona montañosa, donde el avión seguramente se hubiera roto y ellos podían correr cualquier suerte.
Con unos pocos litros de combustible en el tanque, al mediodía lograron llegar a Bender Abbas, aterrizando en un campo de aterrizaje en pésimas condiciones. Si bien tenían prevista una escala en Charbar, en territorio persa, decidieron seguir directamente hacia Karachi, en Pakistán, lo que hicieron al día siguiente. Durante ese vuelo se dobló un eje del tren de aterrizaje, al despegar de Bender Abbas y la arena acumulada en los comandos causó algunas dificultades en el aterrizaje. Por suerte en esa localidad estaban también presentes los ingleses, que brindaron todo su apoyo para reparar las averías. De todas maneras la continuación del vuelo se atrasó por tres días, en los cuales fueron atendidos por el personal de la Royal Air Force en la India.
Finalmente el 5 de agosto despegaron e hicieron escala en Nasirabad, dejando atrás el desierto y volando con lluvia. Luego del mediodía siguieron hacia Allahabad, aunque la tormenta comenzó a empeorar. Al pasar la ciudad de Cawnpore vio un terreno apto para aterrizar pero decidió seguir. Ciento cincuenta kilómetros más adelante, y a solo cincuenta de Allahabad, la tormenta era tan fuerte que impedía ver nada y el viento sacudía terriblemente al avión. Zanni debió descender hasta tocar casi los árboles, para poder ver. Finalmente decidió regresar hasta Cawnpore y aterrizar en medio de la lluvia, siguiendo al día siguiente hasta Allahabad. Al aterrizar en el lugar indicado notó que la nafta y el aceite para el avión habían sido llevados a un lugar cercano, por lo que debió despegar e ir hasta allí, donde había un terreno chico y embarrado.

Experiencia con los hindúes

Las malas condiciones del campo de aterrizaje hicieron que al intentar despegar el 7 de agosto el avión capotó y rompió la hélice. Por suerte llevaban una de repuesto y pudieron cambiarla, mandando un telegrama a Karachi, en donde había otra, que ésta sea enviada a Calcuta. Tras perder casi todo el día, y luego de tres intentos infructuosos más, logró levantar vuelo. El Fokker iba por sobre la selva y en medio de la lluvia hasta llegar a unas pequeñas montañas ocultadas por las nubes. Zanni se decidió a pasar por encima de ellas y empezó a trepar en círculos. Cuando estaba a 600 metros de altura vio la silueta oscura de una montaña a escasos metros delante de ellos. Con una maniobra violenta el piloto logró esquivarla, salvándose de un choque seguro. Ante el susto sufrido, decidieron aterrizar y esperar a contar con mejores condiciones atmosféricas. El problema era que en medio de la selva no había lugares para aterrizar. Finalmente encontraron un claro cerca de la pequeña población de Isri, en donde aterrizaron y rápidamente fueron rodeados por los hindúes nativos. Los dos argentinos no entendían nada de lo que hablaban los hindúes y si bien parecían pacíficos, empezaron a treparse al avión por todos lados, con curiosidad. Tanto Zanni como Beltrame empezaron a sacarlos, pero apenas los sacaban de un ala ya estaban subidos al fuselaje. Finalmente con gritos y empujones lograron alejarlos un poco y los hindúes formaron un círculo en torno al avión. Poco a poco empezaron a acercarse de nuevo y los dos tripulantes debieron pasar el resto del día debajo de la lluvia alejándolos, para evitar que dañen el avión. Al anochecer algunos se fueron y otros se sentaron a esperar, convencidos de que no podían acercarse al avión. Los dos tripulantes se sentaron en los asientos para pasar la noche, aunque sin dormir. Y poco a poco los nativos volvieron a aparecer con antorchas. Al principio parecía que no harían nada, hasta que uno de ellos comenzó a golpear una de las alas como si fuera un tambor y pronto comenzaron a hacerlo todos. Nuevamente tuvieron que levantarse y alejarlos, permaneciendo toda la noche despiertos alejándolos.
De todas maneras, como contó Zanni años después, su compañía no dejó de ser deseable, dado que en las proximidades se escuchaba el ruido de tigres y chacales y ellos poco podían haber hecho para evitar un ataque de los animales.
Al día siguiente el tiempo estaba mejor y decidieron seguir, pero el problema era como alejar a los hindúes del avión. Al poner el motor en marcha algunos se alejaron, pero otros se colocaron a unos 50 o 60 metros por delante, impidiendo el despegue. Como el campo era chico no podían amagar con correrlos con el avión, así que Beltrame debió bajar varias veces a correrlos, pero cuando volvía a su puesto, los hombres volvían a cerrarles el camino. Finalmente consiguió que se hagan a un costado y despegaron…

Por Santiago Rivas – Estilo Agrositio