El 2005 arrancó con precios del maíz por el piso. En las primeras semanas del
año, los cerca de 60 dólares que se pagaban por tonelada del cereal hicieron que
muchos pensaran en racionar a la hacienda, aún en corrales caseros o apenas con
algunos comederos a campo. A esa tarea se abocaron no pocos criadores e
invernadores, además de los feedlots de siempre, que tuvieron así una
fortalecida competencia de quienes aprovechaban una coyuntura favorable.
Para los nuevos en el negocio de engordar hacienda con grano, y para los que
no lo son tanto, quedaba cada vez más clara la creciente interrelación de la
ganadería con la agricultura. Por un lado, la expansión del área agrícola obliga
a intensificar cada vez más los planteos con la hacienda. Y, por otro, el
engorde de animales se convierte en una buena alternativa para agregarle valor a
los granos, sobre todo si los precios se derrumban, como pasó con el maíz y con
el sorgo.
Justamente, el sorgo resulta clave en el negocio feedlotero de una de los
principales grupos agrícolas argentinos, El Tejar. Llegando a su base en
Saladillo, armó un feedlot particular.
Primero, lo hizo sobre un campo alquilado, como la agricultura en las 100.000
hectáreas que trabajó en Argentina, Uruguay, Brasil y Bolivia en la campaña
pasada. El dueño del establecimiento tenía un pequeño feedlot, y El Tejar hizo
más corrales con una inversión relativamente baja pero eficiente (por ejemplo
con comederos de lona). Así, se lanzó a embutir sorgo húmedo en "chorizos" de 5
pies, una dimensión que resulta ideal para la pala cargadora que alimenta al
mixer.
El mar de "chorizos" que se ve llegando al feedlot, sobre la ruta 205,
contiene básicamente sorgo de producción propia del grupo. En realidad, como
dice José Sabena, responsable del emprendimiento, El Tejar armó el negocio en
buena medida para darle una salida a esos granos, que juegan un rol muy
importante en su rotación agrícola y que, de otra manera, hubiera tenido que
vender a precio bajo en el mercado.
De los 2.500 animales que tiene en esos corrales, ninguno pertenece al grupo.
Todo es hotelería. Por el engorde de terneros livianos, se paga $ 0,22 por kilo
de alimento puesto en el comedero, más $ 0,25 de hotelería por cabeza y por día.
Sino, $ 1,80 fijo por kilo engordado. En ambos casos, más $ 6 de sanidad por
animal. Para saber cuánto rinde el negocio, habrá que poner en la ecuación el
precio de compra, el de venta y los gastos.
Para Sabena, hoy los números son ajustados, tanto para quien maneja el
feedlot como para el cliente. Pero la demanda sigue firme. El Tejar no tiene más
lugar y por estos días mucha gente manifiesta su interés en entrar.
Y no es que no haya feedlots en la zona. Al contrario. Para muchos Saladillo
es casi la capital del negocio. A pocos kilómetros del de El Tejar, sobre la
misma 205, hay otro, de Compal, que no para de crecer. También está Profeed,
sobre la ruta 51, y Agroganadera Saladillo, de Carlos Cortese, también armó el
suyo.
A una hora y media de allí, en Las Flores, el feedlot Don Corral, que con
15.000 cabezas es el más grande de Buenos Aires dedicado estrictamente a
hotelería, también vive una especie de "boom de demanda". Según contó a Clarín
Rural Antonio Da Silva, su manager, hasta hace poco estaban hasta el tope,
aunque ahora está saliendo mucha hacienda gorda y la reposición está difícil,
porque hay menos oferta que a principios de año y, por ende, la invernada está
más arriba.
Las Flores y Saladillo, a pesar de estar en plena Cuenca del Salado, la
principal zona de cría de la Argentina, son ejemplos del avance de la
agricultura, lo que obliga a intensificar los planteos ganaderos si se pretende,
al menos, mantener el stock.
Se trata de un proceso que se extiende por todo el país. El Tejar acaba de
inaugurar un feedlot en Chaco, y hay varios, muy importantes, en distintas
geografías argentinas, como en Joaquín V. González (Salta) o San Luis, por
ejemplo. Allí, justamente, está el de Cactus Argentina, la sociedad entre la
estadounidense Cactus y Cresud, que tiene capacidad para 25.000 animales.
Miguel de Achával, el titular de Cactus, está convencido de que este año se
racionó más que nunca a la hacienda, pero cree que buena parte se hizo de una
manera no del todo seria y sustentable, en corrales que se armaron para
aprovechar simplemente una coyuntura de precios.
"Muchos de los que se lanzaron por su cuenta se encontraron con resultados
negativos y comprendieron que el engorde no se puede hacer de cualquier manera.
El feedlot es un sistema productivo profesional, como cual quier otro", dijo De
Achával.
En definitiva, el engorde a corral crece. Incluso, desde hace algunos meses,
carne producida en los feedlots se vende a la UE al mismo precio que la Hilton
(ver Hacia la UE...), cosa que parecía imposible poco tiempo atrás.
La coyuntura es buena. Pero lo que entusiasma a los feedloteros, más allá de ella, es que hay una situación estructural que permite pensar que su negocio no parará de engordar.