
El problema ambiental será tal vez el tema más importante a tratar por la humanidad durante los años que vienen y revertir los procesos de destrucción de nuestro medio ambiente es una tarea cada vez más vital para mantener la vida en la tierra. Uno de los primeros problemas detectados fue la disminución de la capa de ozono (O3), un gas formado por tres átomos de oxígeno que se encuentra en la Estratosfera, entre 40 y 60 kilómetros de altura. Su formación se produce cuando los rayos ultravioletas rompen la molécula de oxígeno (O2) haciendo que los átomos se recombinen y formen el ozono. Sin embargo su molécula se destruye fácilmente en contacto con otros productos llamados SAO (sustancias que agotan la capa de ozono), en especial halógenos, como el Bromo, Cloro y Fluor, entre los que se destacan el Bromuro de metilo (CH3Br) y los clorofluorocarbonatos (CFC). Si bien naturalmente hay un proceso destructivo de las moléculas de ozono, para mantener el equilibrio, la acción del hombre a través del uso de productos orgánicos halogenados ha llevado a que la capa tenga una disminución más allá de lo natural y de lo aceptable. La importancia de la capa es porque permite filtrar parte de las radiaciones UV del sol, haciendo posible así la vida sobre la tierra.
Revertir el problema
Desde hace unos 30 años que se ha detectado este problema y desde entonces muchas cosas se han realizado pero sin lograr revertir esta tendencia de disminución. Por eso en 1987 se firmó el Protocolo de Montreal, entre los miembros de las Naciones Unidas, con el objetivo de que los países se comprometan a disminuir las emisiones de gases que dañan la capa. Este protocolo tuvo algunas modificaciones con el paso de los años y actualmente se ha fijado la meta de que para la mitad de este siglo el ozono haya llegado a los niveles de 1980, aunque sin embargo los cambios climáticos detectados llevaron a pronosticar un retraso en la recuperación.
Los países en desarrollo
Reconociendo la necesidad de expansión económica de los países en desarrollo
y que su consumo de CFC era relativamente bajo, se asumieron las
responsabilidades comunes a este efecto, pero diferenciadas de acuerdo a su
incidencia en el fenómeno global.
El Protocolo de Montreal les concedió un plazo de diez años adicionales al plazo
que se aplica a los países desarrollados, para poner en práctica las medidas de
reducción y eliminación gradual exigidas por el Protocolo. Además, en su reunión
de 1990 en Londres, las Partes crearon un mecanismo financiero encargado de
prestar asistencia técnica y económica a los países en desarrollo para la
ejecución de sus programas de protección del ozono. Hasta el momento esta
asistencia se brinda a los países en desarrollo en carácter de donaciones.

En nuestro país
Argentina no se mantuvo al margen del problema de la capa de ozono, en
especial por ser uno de los más perjudicados, dado que el agujero en la capa se
encuentra sobre la Antártida, muy cerca de la zona de Tierra del Fuego y todo el
sur de nuestro país. Con el objetivo de colaborar en la tarea, Argentina elaboró
el Programa País, en el ámbito de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo
Sustentable, el cual fue aprobado por el Fondo Multilateral del Protocolo de
Montreal en Julio de 1994. En el marco de este programa, en 1996 se creó al
Oficina Programa Ozono (OPROZ), encargada de llevar adelante un programa de
reconversión de la industria por tecnologías que no afecten la capa de ozono.
Este Programa refleja la política del Gobierno Argentino para la implementación
del Protocolo de Montreal en la Argentina, contiene: a) la descripción y
análisis del consumo, exportación e importación de las SAO, b) la estructura
industrial, c) la estrategia del gobierno para eliminar el consumo de SAO, f) el
plan de acción, g) los roles de los diferentes sectores del gobierno, h) el
calendario de reducciones y eliminación del consumo de SAO, i) el costo global
de implementación del programa, j) los mecanismos de control de implementación
del presente programa, y k) las propuestas de los proyectos para la reconversión
industrial. Para llevar a cabo estas acciones se sancionaron distintas leyes que
pusieron a Argentina entre los países más adelantados en la lucha contra el
agujero de ozono.
El Programa País establece, entre otros, un programa de reconversión industrial
de las empresas que emplean sustancias que agotan la capa de ozono (SAO) hacia
el uso de tecnologías alternativas. Los proyectos son financiados con fondos
provenientes del Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal (FMPM) y
ejecutados por cuatro Agencias de Implementación: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD), Organización de las Naciones Unidas para el
Desarrollo Industrial (ONUDI), Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente (PNUMA) y el Banco Mundial.

Gran presupuesto
El Comité Ejecutivo del Protocolo de Montreal aprobó proyectos de
reconversión de industrias y de fortalecimiento institucional, con fondos en
carácter de donación, por un monto aproximado a los U$S 40.000.000, ejecutados
por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Organización de
las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial y el Banco Mundial. Los
sectores a reconvertir son: espumas, aire acondicionado para automóviles y
refrigeración, bromuro de metilo, etc. y actualmente se están llevando adelante
cincuenta y cuatro de estos proyectos que están permitiendo que Argentina esté
ayudando en gran medida a disminuir el efecto de los gases que dañan la capa.
A fines del año 2003, en nuestro país ya se habían reconvertido o estaban en
proceso de reconversión 165 empresas de distintos sectores industriales
distribuidas en todo el país. El FMPM aprobó hasta la fecha, para la Argentina,
más de 134 proyectos por un monto superior a U$S 65.000.000.
Entre las tareas que se realizan se encuentran programas de capacitación a
empresas sobre las alternativas existentes al uso de SAO, para que vayan
implementando estas alternativas en su producción.
Los efectos de la disminución de la capa de ozono
La mayor parte de la población hoy sabe que una disminución de la capa de
ozono permite que los rayos ultravioleta del sol lleguen sin ser filtrados a la
superficie terrestre y por lo tanto afecten a todos los seres vivos.
El sol emite radiación en una amplia gama de energía, aproximadamente el 2% en
forma de alta energía, radiación ultravioleta (UV). Parte de esta radiación UV (UV-B)
es particularmente eficaz en dañar a los seres humanos, por ejemplo, quemaduras
de sol, cáncer cutáneo y daños oftalmológicos. La cantidad de radiación UV solar
recibida en cualquier lugar particular sobre la superficie de la tierra depende
de la posición del sol sobre el horizonte, de la cantidad de ozono en la
atmósfera y de las condiciones de nubosidad y contaminación locales.
La radiación ultravioleta de menor longitud, conocida como UV-C, es letal para
todas las formas de vida y es bloqueada casi por completo en la atmósfera. La
radiación UV-A, de mayor longitud, es relativamente inofensiva y pasa casi en su
totalidad a través de la capa. Entre ambas está la UV-B, menos letal que la UV-C,
pero peligrosa que es absorbida en su mayor parte por la capa de ozono.
Uno de los efectos más evidentes de la radiación UV-B sobre el hombre es la
quemadura del sol, conocida bajo la denominación técnica de eritema. Las
personas de piel oscura están protegidas de la mayoría de estos efectos, por el
pigmento de sus células cutáneas. Los rayos UV-B también pueden dañar el
material genético de dichas células y causar cáncer. Para las personas de piel
clara, la exposición a lo largo de la vida, a elevados niveles de UV-B, aumenta
el peligro de cáncer cutáneo sin melanoma. Los investigadores han sugerido que
este tipo de cáncer podría aumentar en un 2%, cada vez que disminuye el ozono
estratosférico en un 1%. Existen indicaciones de que una mayor exposición a las
UV-B, en especial durante la infancia, puede agravar el riesgo de desarrollar
cánceres cutáneos con melanoma, más peligrosos.
Muchas especies y variedades de plantas son sensibles a las UV-B, aun en sus
niveles actuales. Una mayor exposición podría tener efectos directos e
indirectos complejos, tanto sobre los cultivos como sobre los ecosistemas
naturales. Los experimentos han demostrado que cuando cultivos como el arroz y
la soja están más expuestos a los rayos UV-B, las plantas son más pequeñas y el
rendimiento más bajo. El aumento de la radiación UV-B podría alterar
químicamente las plantas agrícolas, reduciendo su valor nutritivo o aumentando
su toxicidad.
Como ejemplo, de no haberse realizado el Protocolo de Montreal ni sus enmiendas,
las secuelas hubieran sido un total de 19 millones más de casos de cáncer de
piel no melanómico, 1,5 millones de casos de cáncer melanómico y 130 millones
más de casos de cataratas oculares.
Buenos resultados
En contraste, en virtud de los acuerdos internacionales vigentes, a partir
del año 1995 han empezado a disminuir las emisiones de gases que agotan la capa
de ozono provenientes de las actividades humanas. Aunque se requieren de 3 a 6
años para que las mezclas pasen de la troposfera a la estratosfera, las
cantidades estratosféricas de cloro han empezado a llegar a un nivel constante y
disminuirán lentamente de aquí en adelante. Si se llega a un cumplimiento pleno,
los acuerdos internacionales llevarán a eliminar la mayoría de las emisiones de
los principales gases que agotan la capa de ozono.
En 1986 el consumo mundial total de CFC se aproximó a 1,1 millones de toneladas;
para 1999 esa cifra había descendido a unas 150.000 toneladas. La mayor parte
del total correspondiente a 1986, o sea, 0,9 millones de toneladas, se consumió
en países desarrollados, pero, para 1999 el consumo de estos países había
disminuido a tan sólo 24.000 toneladas, incluidas las exenciones aprobadas por
las Partes. Se ha calculado que sin el Protocolo de Montreal el consumo mundial
habría alcanzado unos 3 millones de toneladas en el año 2010 y 8 millones de
toneladas en el año 2060, lo que hubiera resultado en un agotamiento del 50% de
la capa de ozono para 2035.
En la troposfera (atmósfera inferior), las observaciones indican que la
abundancia efectiva total de compuestos destructores del ozono sigue bajando
lentamente del punto máximo alcanzado en 1992-1994. El total de cloro está
disminuyendo, pero el bromo de los halones industriales sigue en aumento, si
bien a una tasa inferior de lo que ocurría anteriormente.
Alternativas
En la refrigeración y la climatización, la principal alternativa a las SAO
consiste en utilizar un refrigerante sin CFC, como un hidrocarburo o amoníaco.
Los halones extintores de incendios se han sustituido con otros componentes que
apagan el fuego como el agua, el dióxido de carbono o la espuma. Se están
elaborando nuevos vapores de agua de alta presión para extinguir los fuegos
ocasionados por petróleo y gasolina. Los gases inertes, como el argón o el
nitrógeno, constituyen opciones posibles para las aplicaciones en que las demás
soluciones presentan graves inconvenientes.
Los CFC 11 y 12 se han utilizado ampliamente como propulsores en los aerosoles.
En muchos países, incluida la Argentina, este uso ha prácticamente cesado.
Actualmente están muy difundidos varios agentes espumantes alternativos, entre
ellos los HCFC (hidroclorofluorocarbonos), los hidrocarburos, el cloruro de
metileno, el dióxido de carbono y el agua. Varias SAO que se han utilizado como
agentes de limpieza (el CFC-113, el tetracloruro de carbono y el metilcloroformo)
se están sustituyendo de muy diversas maneras.
Productos alternativos como los alcoholes, los terpenos o el agua han resultado
eficaces para muchas necesidades industriales. En la industria electrónica
nuevas técnicas han permitido eliminar la limpieza en algunas operaciones.

El ozono y el cambio climático
El agotamiento del ozono y el cambio climático están relacionados de varios modos, pero el agotamiento del ozono no es una causa importante del cambio climático. Las actividades humanas han llevado a la acumulación en la atmósfera de varios gases de larga vida conocidos como "gases de efecto invernadero". El ozono es un gas de efecto invernadero junto con el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (NO) y gases fuente de halógenos. La acumulación de estos gases cambia el balance radiativo de la atmósfera de la Tierra entre la radiación solar entrante y la radiación infrarroja saliente. Los gases efecto invernadero generalmente cambian el balance absorbiendo la radiación saliente, provocando el calentamiento de la superficie de la Tierra. Este cambio en el balance de la radiación de la Tierra es lo que se conoce como forzamiento por radiación del cambio climático.
Por Santiago Rivas- Estilo Agrositio