La complejidad aumenta cuando esas dos problemáticas (la económica y la ambiental) son proyectadas a grandes escalas (espaciales y temporales) que afectan a la sociedad en su conjunto. Problemas habituales a escala menor (por ejemplo, pérdida de fertilidad de un potrero, erosión del suelo, ataque de una plaga a un cultivo, etc.) pueden ser resueltos en plazos relativamente breves con tecnología convencional bien conocida. En cambio, la solución de problemas de escala mayor como la contaminación de una cuenca, el agotamiento de un acuífero o la inundación de una zona, tienen alta complejidad (involucran muchos factores y muchos actores) y tiempos de resolución que se miden años, décadas y aún siglos.
Cuando vinculamos la ganadería con la ecología no estamos frente a un tema novedoso. Los trabajos de varios autores, y nuestros trabajos sobre los sistemas de producción en la pradera pampeana han demostrado que existe, en varios sentidos, una relación inversa (tradeoffs) entre productividad y sustentabilidad ambiental. Esto significa que el precio que suele pagarse por aumentar la productividad del sistema, es una caída potencial de la sustentabilidad ecológica. Esto generalmente se mide a través de indicadores específicos. El uso de la tierra (que define el planteo productivo de la empresa rural) y la aplicación de tecnología son dos factores centrales que el productor controla y maneja para aumentar la productividad y mejorar su beneficio económico. Sin embargo, esos dos factores imponen también un costo ambiental que resulta a menudo tan involuntario como desconocido. En general, el productor toma sus decisiones en base a una relación entre el beneficio y el costo económico. Pero no siempre esas decisiones consideran la relación entre el beneficio económico y el costo ambiental.

Ganadería y sustentabilidad ecológica a escala predial

¿Qué aporta la ganadería a la sustentabilidad de la empresa rural? Este es un interrogante que se plantea recurrentemente desde hace años. Y en general, ha tenido respuesta aceptable a escalas de potrero y de predio. Es conocido que la ganadería tradicional argentina tiene, en relación a la agricultura de cosecha, atributos que mejoran la ecología zonal. Varios indicadores de sustentabilidad ecológica nos demuestran que la ganadería tradicional utiliza menos insumos, consume menos energía fósil, extrae menos nutrientes, mejora el reciclado local de los mismos, compromete menos el hábitat y la biodiversidad, e integra pasturas y cultivos en sistemas que mejoran la estructura y la fertilidad de los suelos. Pero esta afirmación es válida cuando hablamos de sistemas ganaderos extensivos o semi-intensivos.
La situación tiende a cambiar, sin embargo, cuando aquel modelo de ganadería comienza a ser sustituido por una ganadería intensiva con patrones y esquemas de producción más cercanos a los industriales que a los agropecuarios tradicionales. Estos sistemas se articulan mejor con los actuales planteos de agricultura continua que les proveen buena parte de los insumos alimentarios que demandan. No sorprende que los feed-lots y otros sistemas ganaderos intensivos proliferen en áreas agrícolas. De esta manera, de un sistema mixto que integraba dos actividades complementarias en un esquema unificado de rotación, pasamos a dos actividades disociadas, altamente especializadas y eficientes, que se han desacoplado en términos biológicos y en el planteo productivo.
Cuando evaluamos estas variantes productivas a través de indicadores de sustentabilidad, comprobamos que ellas difieren entre sí radicalmente en su impacto real sobre el ambiente. A mayor intensificación, se incrementa sustancialmente la productividad y el giro de capital, pero también el uso de energía, de nutrientes, de agua, y de otros insumos. Inevitablemente, este esquema impone un mayor impacto ecológico que el anterior.

Ganadería y sustentabilidad ecológica a escala regional

Menos explorada ha sido la relación entre ganadería y ecología a escala regional, o sea, a una escala geográfica mayor a la escala predial. Como las mediciones a gran escala espacial y temporal no abundan, la naturaleza de esa relación es menos conocida. Para mejor ilustrarnos, es necesario recurrir al estudio de dos casos paradigmáticos que han ocurrido en un área de producción mixta: 1) el denominado “dust-bowl” pampeano, signado por una gran sequía y voladura de suelos entre las décadas del 30 y el 50, y 2) las inundaciones de la baja cuenca del Río Quinto. En ambos casos podemos apreciar cuál es el rol que ha jugado y juega la ganadería como estabilizadora de la ecología regional.

Caso1, “dust-bowl” pampeano: Un uso abusivo del suelo, acompañado de un período muy seco y tecnologías inapropiadas para los suelos de las pampas semiárida y sub-húmeda, desataron una catástrofe ecológica sin precedentes que llevó a la quiebra y a la emigración forzada de muchos productores de la región. La voladura de suelos, las tormentas de arena, la formación de dunas, la pérdida de cultivos y la muerte de ganado fueron los signos visibles de esa crisis de alcance regional. Pero al mejorar las condiciones climáticas acompañadas por la tecnología, las leyes y las instituciones de la región, se inició un proceso de recuperación del ambiente productivo que tuvo como pivote y motor a una ganadería extensiva que permitió más tarde evolucionar hacia los exitosos sistemas mixtos de la región.

Caso 2: La escena opuesta se produjo principalmente durante las décadas del 80 y el 90, a partir de una fase húmeda del ciclo climático que se inició en la década de 1960. En un período de rápida expansión de la agricultura de cosecha en respuesta a las mayores lluvias ocurrieron, en al baja cuenca del Río Quinto, episodios recurrentes de inundación que dispararon una llamativa alternancia de ciclos de cultivo y ciclos de anegamiento. Estos episodios afectaron profundamente la producción y la economía regional. Tres factores parecen haber sido los desencadenantes: 1) el ciclo húmedo en toda la región, 2) la condición topográfica de la cuenca, y 3) el índice de “agriculturización” de la baja cuenca. Hemos encontrado una correlación sorprendentemente alta entre el área de cultivos anuales y el área afectada por las inundaciones. Los resultados sugieren un fuerte efecto estabilizador de la ganadería tradicional y el sistema mixto de praderas y cultivos sobre la ecología regional. ¿Juega la ganadería un papel regional mayor al supuesto?

Ernesto F. Viglizzo, INTA/Conicet