"Aquí, donde el río se enoja y se revuelve en hervores y remolinos, sobre la meseta purpúrea rodeada de fosas y cañones, gobierna el general Artigas. Estos mil fogones de criollos pobres, estos ranchos de barro y paja y ventanas de cuero, son la capital de la confederación de pueblos del interior del Río de la Plata. Ante la choza de gobierno, los caballos esperan a los mensajeros que galopan trayendo consultas y llevando decretos. No luce alamares ni medallas el uniforme del caudillo del Sur"
José Gervasio Artigas es considerado como el más grande héroe para el pueblo uruguayo y la actitud que llevó en su vida es prueba de que fue uno de los hombres más grandes de la emancipación latinoamericana. Comparado por Félix Luna con San Martín y Bolívar, su vida lo muestra como un gran conductor de pueblos, sin intereses personales, interesado solamente en la libertad de América del poderío español, idea en la que fue precursor, ya que cuando el comenzó a luchar por la independencia, los revolucionarios ni siquiera soñaban con eso. A pesar de que muchos lo consideraron separatista, su objetivo era la independencia de todos los territorios del Virreinato del Río de la Plata, pero no para quedar bajo el yugo totalitario de los primeros gobiernos unitarios de Buenos Aires. Según el mismo dijo sobre sus constantes peleas con Buenos Aires, "Yo no hice otra cose que responder con la guerra a los manejos tenebrosos del Directorio me hacía por considerarme enemigo del centralismo, el cual sólo distaba un paso del realismo (la monarquía). Pero los Pueyrredones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma imperial, mandando sus procónsules a gobernar a las provincias militarmente y despojarlas de toda representación política, como lo hicieron rechazando los diputados al Congreso que los pueblos de la Banda Oriental habían nombrado y poniendo precio a mi cabeza". Artigas fue el primer gran estadista de la revolución de mayo y fundador del federalismo rioplatense, y sus ideas avanzadas y audaces le llevaron a contar con la oposición de los más conservadores, que lo acusaron de anarquista, entre otras cosas.

Sus primeros tiempos

Artigas nació el 19 de Junio del 1764, siendo hijo de Martín José Artigas y Francisca Antonia Arnal, según se cree, en la ciudad de Montevideo, en donde fue anotado tres días después. Pasó durante su juventud a ocuparse en faenas rurales en la campaña despoblada, donde las autoridades, poco más de nominales, eran incapaces de tener a raya al gauchaje levantisco, y de contener los avances y tropelías de los grupos de indios charrúas y minuanos, más numerosos, pero no peores que los contrabandistas portugueses que infectaban la zona.
Años más tarde comenzó a ganarse la vida comprando cueros en la campaña para venderlos a los exportadores de Montevideo. En 1791 nació su primer hijo, Manuel, con cuya madre, Isabel Sánchez, no estaba casado. El día 10 de marzo de 1797, ingresó en el Cuerpo de Blandengues, unidad militar cuyas funciones eran de policía y vigilancia.
De entrada tuvo a su cargo una partida recorredora de los campos, y ascendió sucesivamente a ayudante mayor de milicias de caballería y luego a capitán, hasta que el 3 de setiembre de 1810 recibió el mando de una compañía veterana de Blandengues de la Frontera. Por esos tiempos era un hombre muy reconocido en toda la comarca, contaba con muy buenas relaciones y era respetado por los estancieros y pobladores.
En 1805, siendo ya Oficial del Cuerpo debió retirarse del ejército por razones de salud y se casó con su prima Rafaela Villagrán. Con ella tendrá tres hijos: José María, Francisca y Petronila. Pero lamentablemente, las dos niñas morirán a los pocos meses de su nacimiento, lo que deprimió tanto a Rafaela que terminó por enloquecerla.

Primeras acciones militares

Había tenido una destacada actuación durante las invasiones inglesas, en las que no se sometió al poder invasor, y sobre un primer plantel de trescientos hombres, reclutado con la cooperación del saladerista Secco, agrupando los peones de las estancias y los paisanos que acudían a ponerse a sus órdenes, prestamente tuvo Artigas elementos de fuerza y, sobre todo, posibilidad de movilizarlos y ponerlos en acción por la buena calidad y abundancia de los montados. Pero no fue preciso llegar a la lucha, pues los ingleses huyeron del Río de la Plata.

En la revolución de mayo

Al estallar la revolución de mayo, servía a las órdenes del Brigadier José Muesas en la Colonia del Sacramento, pero el Capitán Artigas abandonó las filas españolas en febrero de 1811, cruzando el Río Uruguay rumbo a Buenos Aires, en compañía de Rafael Ortiguera, Teniente de su misma Compañía, para ofrecer su espada a la patria.
Su concurso, que Mariano Moreno ya había señalado como valioso, se aceptó por la Junta Revolucionaria el día 15 de febrero cuando acudió a presentarse, y Artigas tuvo el encargo de preparar, desde la fronteriza provincia de Entre Ríos, el levantamiento de la Banda Oriental, utilizando al efecto sus relaciones y su prestigio en la tierra nativa y los hilos que virtualmente estaban tendidos. Para entonces, el general español Francisco Javier de Elío, designado Virrey del Río de la Plata por el Consejo de Regencia de Cádiz, ya había tomado posesión del cargo con sede en Montevideo.
La Junta lo ascendió a Teniente Coronel y Artigas partió hacia la Banda Oriental, llegando el 9 de abril con 150 soldados del Regimiento de Patricios y 200 pesos.
Mientras tanto, el 28 de febrero de 1811, dos campesinos, Pedro José Viera y Venancio Benavídez con el apoyo del sublevado comandante militar de la región, Ramón Fernández, daban en Asencio (Soriano) el grito de libertad del pueblo oriental y se disponían a luchar junto a Artigas.
Artigas, cuando retornó a la Banda Oriental, fue aclamado por sus paisanos como "Primer Jefe de los Orientales", instalando su cuartel general en Mercedes. Allí asumió la jefatura de la vanguardia patriota iniciando marchas hacía el Sur. Su presencia determinó una rápida agudización del sentimiento insurreccional, puesto de manifiesto por las innumerables incorporaciones de gente en armas por la patria, según se aprecia en toda la extensión de la provincia que, llamada entonces Banda Oriental, pronto se halló bajo el control de los patriotas.
Las primeras hostilidades no tardaron en producirse, registrándose triunfos para la patria en El Colla, Porongos, Paso del Rey sobre el río San José -21 de abril- y en el ataque y toma de la Villa de San José el 25, mientras oficiales suyos vencían a los españoles en Maldonado y en San Carlos.
Trasladado su Cuartel General a San José, Artigas reunió sus fuerzan con las de su pariente Manuel Antonio Artigas, y avanzando con unos mil hombres sobre los realistas que operaban en Canelones, obtuvo sobre ellos, al mando del Capitán de Marina José Posadas, el 18 de mayo de 1811, la victoria de Las Piedras, batalla campal en que el jefe español rindió su espada al soldado montevideano.
Continuando su marcha rumbo al Sur, el 21 del propio mes de mayo el ahora Coronel Artigas apareció con sus huestes en el Cerríto, altura de donde se divisa de cerca Montevideo, e intimó rendición al gobernador Francisco Xavier Elío, que mandaba la más poderosa plaza fuerte de España en las costas del Atlántico.
El español, como es natural, rechazó de plano al emisario artiguista y fue preciso pensar en la formalización del Primer Sitio de Montevideo.
El nuevo jefe enviado por la Junta Revolucionaria, General José Rondeau, llegó recién el 1° de junio al campo del Cerrito, tomando enseguida la dirección de las fuerzas patriotas.
La invasión de un ejército portugués a las órdenes del General Diego de Souza, que en julio de 1811 penetró hasta Melo y Maldonado, y cuyo auxilio había conseguido el jefe español encerrado en Montevideo para favorecer comunes intereses dinásticos de los Borbones de la Península, llevaron a que la Junta de Buenos Aires iniciara negociaciones con Javier de Elío que negoció el embajador británico en Brasil, Lord Strangford.
De los tratos, resultó el armisticio del 20 de octubre de 1811, por el que se estipulaba el levantamiento del sitio de Montevideo, mantenido desde hacía casi un semestre por las armas patriotas, debiendo retirarse de la Banda Oriental los ejércitos de Buenos Aires y los del portugués, reconociéndose así en ella la autoridad española. De esta forma el gobierno de Buenos Aires desilusionaba por primera vez a los orientales y comenzaba a separarse de Artigas.

El Éxodo del Pueblo Oriental

La Junta designó a Artigas Gobernador de Yapeyú. Artigas, aceptando el cargo que se le confiaba, resolvió sustraer a las gentes coterráneas que bien podía llamar suyas, al yugo de los españoles, y convertido en jefe de todo un pueblo, superando lo tremendo del momento, emprendió marcha a su jurisdicción.
Rumbo al Norte, costeando casi el Río Uruguay, llevó tras de sí los tres mil hombres escasos del ejército a sus inmediatas órdenes, pero le seguía una caravana de quince mil personas, de toda edad y de toda clase social, que configuró el histórico cuanto extraordinario episodio denominado “El Éxodo del Pueblo Oriental”.
Tres meses duró la nunca vista marcha, de octubre a diciembre de 1811 y al llegar al Salto del Uruguay, y puesto por medio el obstáculo del gran río como defensa natural de los portugueses. Artigas acampó con su gente en el Ayuí, en la margen derecha, en tierras de la jurisdicción misionera sobre las cuales era gobernador.

Por Santiago Rivas – estilo Agrositio.com