
A pesar de su aspecto en contrario, es uno de los animales más inteligentes,
que gracias a Don Pedro Luro, que lo introdujo a nuestro país a principios de
1906, lo tenemos en nuestra fauna.
Su peso medio aproximado en un macho adulto es de 150kg, aunque puede pasar los
200kg también, cuando está en buen estado de gordura. El color predominante es
gris (moro), pero también existen ejemplares tirando a negro y otros más claros.
En nuestro país comienzan a nacer en primavera y hasta el verano. Nacen en
camadas de 4 a 8 jabatos, después de una gestación de aproximadamente cuatro
meses y su color en estos momentos es con rayas longitudinales claras y oscuras.
Este color lo pierde a los 5 o 6 meses, momento en que quedan rojizos y luego de
otro período igual, van formando su color gris definitivo.
A los 6 o 7 días de nacer, comienzan a caminar y luego de 2 o 3 más, ya siguen a
sus madres por todas partes. Muchas veces he podido observar, que otras madres
se hacen cargo de crías que han quedado huérfanas, contrariamente a los cérvidos,
que nunca lo hacen. Los pequeños jabatos, que desde pequeños intentan morder, se
pueden criar con mamadera, haciéndose muy mansos.
Es bastante común opinar de él, en cierta forma despectiva y al cazarlo hacerlo
un poco despreciativamente. Tengo en este sentido, la conciencia tranquila, pues
fui de los primeros que en la provincia de La Pampa los comencé a cuidar y
valorar, dándoles lo mismo que al ciervo colorado, el rango de una gran pieza de
caza mayor.
Tuve la suerte de primero realizar muchos años su cacería y luego criarlos y
cuidarlos, en varios campos, en los que controlaba y cazaba fauna mayor. En el
coto “La Unión”, donde por rara coincidencia me tocó cazar el último gran
padrillo que había sobrevivido en ese lugar y porque siempre era uno de los
viejos animales que vive viajando, llevé las primeras cinco jabalinas y un
padrillo, para comenzar su reproducción. Al poco tiempo, era una de las reservas
más grandes de La Pampa, de esta noble especie.
Si Walt Disney, en lugar de hacer el libro “Bambi”, en el que describe la vida
de un cervatillo hasta su muerte, lo hubiera hecho con un pequeño jabato, quizás
muchos pensaríamos de la misma manera que hacia los bambis. Si bien en belleza y
elegancia nuestros hermosos ciervos llevan las de ganar, en coraje, astucia y
hasta en caballerosidad, nuestro señor jabalí lo supera ampliamente.
Refiriéndose al tema caballerosidad, diré que en muchas oportunidades en que me
he encontrado con una piara, que llevaba de jefe a un gran padrillo, o sea en
época de celo, éste al descubrirme y mientras el resto huía, me hizo frente en
actitud amenazadora, haciéndome parar reo, hasta los pelos de la nuca, mientras
elegía el mejor árbol para subirme. Esta actitud nunca la viví cuando en iguales
condiciones me he encontrado con los grandes ciervos capitales, que huyen
urgentemente junto con el resto de su clan.
El valor y fortaleza que demuestra en las desiguales luchas, cuando debe
enfrentarse con media docena de perros y aún más, que suelen durar 2 o 3 y más
horas, en muchos casos peleando siempre en silencio y son pedir ayuda, habla a
las claras de que está dotado de virtudes que muchas veces pasamos por alto.
Una jabalina que está con sus crías pequeñas no vacila en enfrentar al hombre o
cualquier enemigo si ve o cree que sus hijitos están amenazados, en cambio una
cierva pocas veces actúa así, aunque en una oportunidad, en que había atrapado a
un pequeño bambi, salió de la espesura improvisadamente su madre, cuando el
pequeño dio sus primeros balidos me pasó prácticamente por arriba y se llevó a
su cría rápidamente, dejándome sorprendido, asustado y admirado. Aún hoy no se
si me confundió con un puma o perro o realmente su valor de madre fue superior
al miedo y respeto que siente hacia el hombre.
Su juventud
En nuestro país, en el mes de septiembre comienzan a nacer las primeras
camadas de jabatos, provenientes generalmente de las jabalinas adultas. Luego y
hasta el verano continúan los nacimientos, de las madres más jóvenes y que
entran en celo siempre más tarde de acuerdo a sus nacimientos.
Por estas épocas es común ver a las madres recién paridas, cuando dejan a sus
hijos en los nidos de paja que ella construyó, acercarse a las aguadas con suma
cautela, solitarias, cosa que hace que más de un cazador, al observar tal
actitud, le dispare, creyendo que se trataba de un macho. Ya en este corto
período de vida (5 o 6 días) el jabalí comienza a tener los primeros problemas
de supervivencia, que durante toda su vida cargará al perder a su madre. A los
pocos días, las crías dejarán sus nidos y comenzarán siguiendo a su madre a
recorrer muy despacio el territorio donde vivirá hasta los dos años
aproximadamente, en piaras más o menos numerosas.
En este período de vida generalmente mueren del 60 al 70 por ciento de los
nacimientos, por distintos motivos, como ser escasez de alimento, no pudiendo
sus madres, sobre todo las jóvenes, criar las abundantes camadas de hijos que
paren. En años de sequía es un sacrificio para los juveniles lechones, lograr
saciar su sed, siendo muy común encontrarlos ahogados en tanques australianos o
en bebederos altos, que ante la desesperación de la sed y el calor, no vacilan
en tirarse a los mismos, no pudiendo después salir.
Las madres generalmente en estos períodos, no se alejan mucho de sus lugares de
hábitat y por ello sus rastrilladas son muy evidentes, atrayendo con ello a los
cazadores de rifle y sobre todo con perros, ya que muy fácilmente son
descubiertos y rastreados.
Este es otro motivo por el cual los viejos padrillos buscan poner la mayor
distancia de estos lugares, siendo casi imposible encontrar uno de ellos en
estas condiciones en las piaras.
Con lo expuesto queda en claro que en este período de su juvenil vida deben
quedar vivos mucho menos de la mitad de los que nacen, con mucha suerte. Su
exquisita carne, el daño que ocasionan las madres desesperadas por alimentar sus
crías, acuden a cuanto sembrado existe en los alrededores y lo relativamente
fácil que es su cacería, hacen que todo contribuya a ello. Quizás por eso la
naturaleza dotó a ésta y otras especies de animales parecidos, de abundante
parición.
Cuando el jabalí macho se va aproximando a los dos años, comienza a separarse de
las piaras y aquí, un poco en la edad del pavo, también es fácil que pierda la
vida, joven aún.
Luego, después del 3º o 4º año de vida, ya será muy difícil cazarlo con
cualquier sistema. Si ha llegado hasta aquí es porque habrá sorteado todos los
peligros de su juventud. Por otra parte, en esta edad, su fortaleza está en la
plenitud y hace que pueda defenderse de cualquier enemigo, incluso las perradas,
ya que sus colmillos están más fuertes y afilados que nunca.
Cobrándolos desde muy pequeños, se crían y domestican fácilmente, siendo
bastante cariñosos con sus padres adoptivos. Tuve la oportunidad de conocer a un
animal de estos, que había pasado los veinte años de edad y si no le hacían
mimos todos los días lloraba como un chico. Había sido castrado de pequeño y por
eso nunca había desarrollado sus colmillos. Hace muchos años conocí en la
provincia de La Pampa a un caminante pero que en lugar de andar caminando lo
hacía en sulky. Detrás de él, igual que un perro, lo seguía un jabalí criado
desde pequeño por él mismo. Personalmente crié varios de estos animales desde
pequeños pero siempre los solté a los campos con intenciones de que se
reproduzcan.
El celo del jabalí se despierta en los meses de otoño, siendo esta la época en
que los grandes padrillos viven con las piaras.
Recorriendo mundo
Es así como comienza solo, con dos o tres compañeros, a retirarse de donde
nació y a medida que avanza en edad, lo hace también en territorio. Cuando ya
cumplió los 7, 8 o más años de edad será un sabio que tiene un mundo recorrido
de 50 hasta 1000km2, según la suerte que tuvo en sus andanzas al buscar
tranquilidad, alimento, agua, etc.
En la época de celo volverá de cualquier lado al que su vida lo llevó, a donde
nació o a territorios cercanos, con una puntualidad y exactitud que refleja
claramente su memoria, pues difícilmente dejará pasar el celo de sus novias
conocidas. Esto lo pude comprobar en la reserva “La Unión”, como ya lo he
manifestado, tenía en cautiverio 5 jabalinas mansas.
Estas, una vez que tuve una considerable cantidad de animales en libertad, las
seguía manteniendo encerradas, ya que al ser tan mansas, de soltarlas
seguramente serían cazadas por cazadores o furtivos. El jabalí padre se había
escapado hacía tiempo, por lo tanto no tenían marido. Cuando llegaba la época de
celo, cosa que lo notaba por su nerviosidad, me apostaba cerca del corral, pues
sabía que esa noche llegaría algún galán y así pude observar como los padrillos
jóvenes que andaban en la zona trataban por todos los medios, a través del
tejido, de recibir alguna muestra de “amor” de estas señoras, pero ellas ni se
dignaban a mirarlos.
En un momento determinado de la noche, la atención de la jabalina se volvía
hacia algún lugar y al poco rato aparecía el gran señor con su largo y decidido
tranco, haciendo disparar a todos los jóvenes que a veces, durante horas, habían
estado mendigando algún favor de las hembras. Aquí, la actitud de la jabalina en
celo cambiaba totalmente y era un placer ver y sentir las voces de amor, que a
través del tejido del corral llevaban a cabo.
Por último, donde el alambrado estaba un poco más abajo, el padrillo, apoyándose
con las dos manos arriba y un envión, lograba saltar adentro de la “pieza” y
durante horas, hasta la madrugada en que volvía a salir, hacían el amor.
Esta situación la he visto repetirse, aún en corrales de chanchos caseros. El
jabalí es tan oportuno que generalmente los chanchitos salen todos rayados, seña
evidente de que él es el padre, llegando en algunos casos a pelear y matar al
padrillo casero, y estas situaciones se repiten año tras año, lo que quiere
decir de la memoria que disponen estos animales para esto y otras cosas, salvo
que lleven una agenda con las direcciones de sus mujeres preferidas.
En una de estas oportunidades en que el padrillo saltó dentro del corral, llegó
el aclarar del día y éste no tenía intenciones de salir del mismo. Yo estaba
oculto bastante cerca del lugar de los hechos y al tratar de irme de allí me vio
inmediatamente. Contrariamente a lo que yo pensaba, en lugar de huir fuera del
mismo, se volvió enfurecido hacia mí, aunque estaba tras el tejido me hizo
sentir un gran temor, ya que si lograba salir en ese momento, me las vería muy
mal, pues no contaba con armas en ese momento, por ello volví de inmediato al
precario refugio. Esta situación se repitió dos veces más, por lo que esta vez
los papeles se habían invertido, siendo el animal quien me tenía a su merced.
Afortunadamente, apareció el puestero de a caballo, quien gritando fuertemente
me sacó del aprieto, ya que este impetuoso amante, entonces sí rompiendo parte
del corral, se alejó a buen trote.
Igual que lo que pasa con los ciervos, estos animales, cuando ya han llegado a
los 10 años o más, son sabios en muchísimos kilómetros cuadrados de terreno, y
en los cuales siempre están de paso, con gran conocimiento de todo lo que ocurre
en ellos.
Si ha llovido, sabrán hacia que lugares dirigirse, pues allí habrá agua y barros
preferidos, no en uno, sino en varios de alternativa. Si por el contrario hay
sequía, ya saben donde, siempre de todas maneras, podrá saciar al menos su sed.
Con su alimentación ocurre otro tanto y ayudado por su poderoso olfato, que
podrá detectar un sembrado de cereal a 5- 10 kilómetros de distancia o descubrir
un animal muerto a la misma distancia y como también conoce donde viven majadas
de exquisitas ovejas, poco problema tendrá para satisfacer su apetito. Por otro
lado, de memoria sabe en qué lugar hay mejores chauchas o papas de monte,
alimentos naturales y abundantes en nuestros montes de La Pampa y San Luis. En
la cordillera este alimento lo reemplaza con la semilla de araucaria. Por este
motivo, salvo en épocas de amores, siempre tendrá una buena capa de tocino, que
le dará combustible para andar un largo período sin problemas, si alguna racha
mala se le presenta en la vida.
Una vez que está en buen estado de gordura, cosa que casi siempre pasa, con muy
poco alimento logra mantenerse, y podrá viajar muchos kilómetros sin preocuparse
por comer.
En cambio, la jabalina no tiene esa suerte, salvo cuando está preñada. Siempre
mientras crían sus abundantes cachorradas, no dan a vasto con su alimentación
para producir leche y mantener a sus jabatos. En épocas de crisis a pesar de ser
buenas madres, es común ver lechones abandonados y desnutridos esperando su
inevitable fin y será casi imposible intentar salvarlos una vez que están en ese
estado.
Por Juan C. Moro - Este artículo es un extracto del libro “Observaciones de un conservacionista y cazador”, que muestra cómo se puede llevar a cabo la caza de una forma ética y ordenada para mantener la cantidad y calidad de las especies. Como una primera parte incluimos sus reflexiones sobre la cacería como deporte y las mejores formas de hacerlo, luego de haber sido cazador por más de cincuenta años y creador de muchos de los más importantes cotos de caza del país.