BANDA ACEH, Indonesia (AP).– En lo que se considera el mayor esfuerzo de ayuda humanitaria de la historia, aviones cargados de suministros comenzaron a aterrizar ayer en varios de los países devastados por el maremoto del domingo en el sur de Asia, donde, según la Cruz Roja, los muertos ya superaron los 100.000.

Como parte del gigantesco operativo de asistencia, el Pentágono informó que movilizó dos grupos de carga y reconocimiento, aviones de suministro y miles de efectivos para socorrer a las víctimas de la catástrofe, mientras que el presidente estadounidense, George W. Bush, anunciaba la creación de una coalición internacional de ayuda, integrada inicialmente por Estados Unidos, India, Australia y Japón.

Asimismo, personas de todo el mundo contribuyeron con las tareas de socorro a los millones de desplazados y evacuados por medio de la donación de dinero, ropa, sangre e, incluso, millas aéreas –en pasajes de avión– para enviar médicos a la región. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) informó que estudia revisar vencimientos de deudas de las naciones afectadas, en particular de Indonesia.

El primer reconocimiento de la aislada costa occidental de la isla de Sumatra –la más cercana al epicentro del sismo que generó el brutal maremoto– evidenció el enorme reto que enfrentarán las organizaciones de ayuda en las próximas semanas y meses.

En la primera visita a la asolada región, equipos de noticias sobrevolaron varios pueblos totalmente cubiertos de barro y agua de mar. Las viviendas no tenían techo o, simplemente, habían desaparecido. La única señal de vida fue un puñado de pobladores registrando la playa en busca de algo para comer.

“La costa occidental está destruida en un 75 por ciento y, en algunas partes, en un ciento por ciento”, señaló el general Endang Suwarya, comandante militar de la provincia Aceh, en Sumatra, que ayer recorrió la costa oeste en helicóptero. “Esta gente está aislada; nos esforzaremos para que reciban ayuda”, precisó.

Los grupos de asistencia humanitaria, de hecho, se esforzaban por implementar lo que describieron como la mayor operación de auxilio de la historia. En este sentido, la ONU anunció ayer que la comunidad internacional ya donó 220 millones de dólares para cubrir las necesidades más urgentes. “Esta es la mayor donación que se recuerde a nivel mundial realizada tras un desastre natural”, destacó el Coordinador de Ayuda de Emergencia de la ONU, Jan Egeland.

Por su parte, Bush salió ayer de su silencio para acallar las críticas a su aparente inactividad en medio de la magnitud de la tragedia, y buscó poner así a Estados Unidos en la primera línea de las operaciones de socorro.

En este sentido, dijo que la donación inicial de su país a Asia, que fue de 35 millones de dólares, era “sólo el comienzo de la ayuda norteamericana”. Además, anunció que su país, junto con India, Australia y Japón, conformaron una coalición internacional para coordinar el envío de ayuda y reconstrucción de los 4827 kilómetros de costa afectada en el océano Indico. La coalición, dijo, será coordinada por Marc Grossman, actual “número tres” en el Departamento de Estado.

En tanto, la coordinación de los operativos de ayuda de la ONU será asumida por su secretario general, Kofi Annan, quien interrumpió sus vacaciones y se reintegrará hoy a su labor.

A Sri Lanka llegaron ayer cuatro aviones con un hospital quirúrgico de Finlandia, una planta para purificar agua de Alemania, médicos y medicamentos desde Japón y rescatistas británicos, informó la Cruz Roja. A la ciudad de Banda Aceh, en Sumatra, arribaron en tanto suministros que incluían 175 toneladas de arroz y 100 médicos. Sin embargo, debido a que la ayuda no llegaba con suficiente rapidez, la gente, en su desesperación, robó los alimentos que pudo encontrar, mientras se informaba de saqueos generalizados en las devastadas islas turísticas de Phuket y Phi Phi, en Tailandia, donde turistas europeos y australianos dejaron sus valores en la huida o por ser arrastrados por las aguas.

En el resto de Indonesia, los sobrevivientes se amontonaban alrededor de cajas de alimentos, mientras que las autoridades y agencias de ayuda humanitaria trataban de resolver problemas logísticos, como la escasez de vehículos y combustible, para distribuir la ayuda internacional que se acumula en los aeropuertos.

Sin embargo, sin agua potable y con las tuberías rotas por la fuerza arrolladora del agua, la propagación de epidemias como el cólera y la malaria es uno de los mayores problemas que se están tratando de detener.

“Es posible que tengamos tantos muertos por las epidemias como por los tsunamis”, advirtió ayer David Nabarro, el máximo responsable de crisis humanitarias en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por tal razón, los equipos de rescate apilaban cientos de cadáveres en fosas comunes para evitar la propagación de enfermedades. Y en el sur de India, los médicos iniciaron la vacunación de miles de sobrevivientes para prevenir brotes de cólera, fiebre tifoidea, hepatitis A y disentería, mientras que las autoridades rociaban con desinfectantes las playas donde aparecieron cadáveres.

“¿Dónde estás?”

En tanto, la odisea de familiares por encontrar a sus seres queridos continuaba, y en Internet se podían encontrar cientos de mensajes, breves pero desgarradores. “¿Dónde estás?”, rezaba uno de ellos.

Con decenas de miles de personas desaparecidas, Peter Ress, jefe de apoyo a operativos de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, advirtió que la cifra de muertos y desaparecidos es “absolutamente enorme”.

Entre los países más afectados, Sri Lanka reportó 22.500 muertos, mientras que en Indonesia la cifra oficial de víctimas fatales es de 45.268, pero las autoridades advirtieron que no incluye un conteo a fondo en la costa oeste de Sumatra, donde se cree que perdieron la vida más de 10.000 personas.

En India, la cifra alcanzó los casi 7000 muertos, aunque tampoco incluye los 8000 desaparecidos en las alejadas islas Andamán y Nicobar.

“No me sorprendería que hubiera más de 100.000 muertos cuando empecemos a ver qué ha ocurrido en Nicobar y Andamán”, señaló Ress.

Por otro lado, la tragedia también tuvo alcance mundial, ya que se cobró cientos de víctimas extranjeras, la gran mayoría turistas.

Hasta ahora, los países nórdicos y Alemania son los más golpeados por el maremoto. Suecia buscaba a unas 1500 personas; Noruega (que ya tiene 13 muertos oficiales) a entre 700 y 800 y Alemania, con 26 muertos identificados, tiene un millar de desaparecidos.