En el departamento del Alto Paraná la siembra de la soja aún no se reinició, como consecuencia de las invasiones y por la inestabilidad climática que afecta la zona. En Caazapá, Misiones e Itapúa el cultivo del grano sigue paralizado; solo en un sector, unas 8.000 hectáreas no pueden ser cultivadas.
Sin embargo, a criterio del ingeniero Héctor Cristaldo, titular de la Coordinadora Agrícola del Paraguay, todavía queda un margen de tiempo para seguir sembrando. No obstante se deberán agilizar los trabajos, exigiendo a los peones el máximo esfuerzo posible para llegar a tiempo con el cultivo de la soja.
Cristaldo explicó que el gremio productor se está adecuando a las exigencias de las leyes ambientales en cuanto al tratamiento de los agroquímicos y descartó toda posibilidad de intoxicaciones en la comunidad rural de la zona, por el uso de los agrotóxicos.
Por el momento, solo las tierras de AGROTORO y AGROPECO fueron liberadas de la ocupación campesina y la siembra de la oleaginosa continúa en estas firmas.

AGROTÓXICOS. Los labriegos exigen eliminar los agrotóxicos utilizados para el cultivo de las semillas transgénicas, por considerarlos de alta toxicidad para la salud de la población. Los líderes campesinos denunciaron que no se respeta la franja de seguridad de no fumigar unos 100 metros de las viviendas.
Esta situación precipita -según los líderes campesinos- a las invasiones masivas a fin de eliminar las plantaciones de soja para evitar que se sigan fumigando las plantaciones.
Los productores, por su parte, dicen que la fumigación se realiza lejos de las zonas pobladas y que precisamente utilizan un producto químico llamado glifosato, que queda en las hojas y no se expande en caso de lluvias a través de los raudales.

Gustavo R. García
Ana María Aquino