Para conseguir trabajo en el algún negocio de calle Florida, ya no alcanza con la buena presencia y la experiencia como vendedor. Desde hace un tiempo, en la mayoría de los locales de venta de indumentaria o artículos de cuero se exige como condición indispensable el manejo del inglés, ya que los turistas extranjeros se convirtieron en la principal fuente de ingresos para gran parte del comercio minorista porteño.

Este pedido era casi impensable apenas tres años atrás, cuando los precios en Buenos Aires y el resto de los destinos turísticos argentinos eran prohibitivos en dólares no sólo para los vecinos latinoamericanos, sino también para muchos europeos y norteamericanos. Sin embargo, la industria del turismo dio un giro de 180 grados a partir de la devaluación del peso y prácticamente de un día para el otro la Argentina se convirtió en uno de los destinos más buscados por los turistas de todo el mundo que quieren disfrutar de la sensación de ser ricos, al menos por unos días.

Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en los últimos dos años el número de turistas extranjeros que llegaron a la Argentina aumentó un 26,9%, hasta alcanzar los 3,3 millones en 2003, por lo que superó el récord anterior que se había logrado en 1998. Para tomar una real dimensión del negocio hay que tener en cuenta que los visitantes internacionales gastaron en el país US$ 2018 millones, lo que permitió que hoy el turismo se hubiera convertido en la cuarta fuente de ingresos de divisas de la Argentina, detrás del complejo sojero, el petróleo y los alimentos, y que triplicara a las exportaciones de carne vacuna.

"Lo que hizo la devaluación fue volver a la realidad a los precios internos y posicionar a la Argentina como un destino turístico en el mercado latinoamericano y europeo", explicó a LA NACION el secretario de Turismo, Enrique Meyer.

Desde el sector privado también reconocen el papel decisivo que tuvo la salida de la convertibilidad en la recuperación de su actividad, aunque destacan que a la hora de seducir a los turistas extranjeros no todo depende de una cuestión de precios. "La devaluación fue un disparador muy importante que puso al alcance de mucha gente la infraestructura turística que ya existía en la Argentina, pero no hay que perder de vista que no alcanza con un tipo de cambio favorable para atraer a los viajeros internacionales. De hecho, nadie va a Mongolia por más que sea un destino superbarato, porque carece de infraestructura turística y una buena propuesta gastronómica, que son dos elementos clave en este negocio", explica Jorge Busquets, ex consultor de la Cámara de Turismo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y que en la actualidad se desempeña como asesor de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra).

La devaluación no sólo facilitó la llegada de turistas internacionales, sino que también significó una especie de cepo para la salida de los turistas argentinos que, a la fuerza, están volviendo a descubrir las ventajas de veranear fronteras adentro.

Tomando en cuenta todo el movimiento que genera el turismo, desde hoteles hasta restaurantes, pasando por aerolíneas, agencias de viaje y otros comercios minoristas, en la actualidad la industria representa el 7,7% del Producto Bruto Interno (PBI), según los cálculos de la Secretaría de Turismo, y emplea a cerca de un millón de personas.

Llamativamente, después de la devaluación, el segundo factor que aparece como uno de los impulsores de la llegada de turistas extranjeros a la Argentina es el de la seguridad. La sensación de inseguridad que vive la mayoría de los argentinos no constituye un problema demasiado grave en la visión de los extranjeros, que, por el contrario, destacan como un factor decisivo a la hora de planear un viaje que el país está muy alejado de los grandes conflictos internacionales y las amenazas de ataques terroristas. "Afuera la Argentina se percibe como un destino seguro y lo que más les gusta es que en nuestros aeropuertos no se vive el estado de paranoia que sufre cualquier turista al arribar a los Estados Unidos o Europa", explica Alberto Alvarez Argüelles, presidente de Fehgra.

Más allá del indudable crecimiento de la actividad, en realidad lo que se produjo en los últimos dos años fue un cambio en el perfil de los turistas.

Durante los 90, los viajeros que visitaban la Argentina eran básicamente hombres de negocios y hoy el perfil medio del extranjero que llega al país es un viajero que viene de vacaciones. Como ocurre con la diferencia entre temperatura y sensación térmica, para la mayoría de los argentinos, los turistas que están de vacaciones y con los que se cruzan caminando por Florida o comprando en Galerías Pacífico o Patio Bullrich tienen una exhibición mucho mayor que la de los hombres de negocios, cuyo paso por Buenos Aires tenía un radio de acción mucho más acotado (reuniones en edificios corporativos, hoteles cinco estrellas y algún restaurante de Puerto Madero).

Esto explica que a pesar de que Buenos Aires hoy reciba prácticamente la misma cantidad de extranjeros que hace seis o siete años, la sensación acerca de la presencia de turistas a nivel local es mucho mayor que la que existía en la década pasada.

Con el cambio de perfil del turismo internacional, los principales perjudicados fueron los hoteles cinco estrellas, que tradicionalmente trabajan con el segmento corporativo y los viajeros de negocios. Según un estudio de HVS Internacional -consultora especializada en turismo y hotelería-, la ocupación en este tipo de establecimientos se derrumbó con la devaluación, pasando del 56,7 de 2001 al 38,5% en 2002. En la primera mitad de este año se percibe una importante recuperación en el negocio de los cinco estrellas, con el índice que llega al 64,1%, aunque todavía se sigue muy lejos de la ocupación récord de 78,37%, que se había alcanzado en 1998.

"Si bien para los hoteles cuatro y cinco estrellas hubo una baja importante en los ingresos en dólares, en los últimos meses se percibe una recuperación en los niveles de ocupación y un cambio en el tipo de clientes: se está pasando de los turistas de países limítrofes a viajeros de Europa o Rusia, que tienen mayor poder adquisitivo y permanecen el país por más días", señala José María Ferrucci, dueño del hotel porteño Regente y presidente de la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT).

Ferrucci también destaca que la llegada de viajeros internacionales hizo que hoy la industria turística fuera una de las pocas actividades que puede mostrar índices de inversión similares o incluso superiores a los que existían en la década del 90. En la actualidad, sólo en Buenos Aires existen diez proyectos, entre iniciados y en estudio, para abrir hoteles de entre tres y cinco estrellas con una inversión superior a los US$ 200 millones, mientras que en la Secretaría de Turismo señalan que los emprendimientos que ya están en marcha en todo el país suman $ 1200 millones.

Los principales establecimientos que están en obras avanzadas en Buenos Aires son el que está levantando la cadena Sofitel -del grupo francés Accor- en Puerto Madero, con una inversión de US$ 20 millones; el hotel de Alan Faena, que también estará en Puerto Madero y demandará otros US$ 37 millones, y el regreso de la cadena Hyatt, que volverá a contar con un establecimiento en Buenos Aires, en este caso en el antiguo Palacio Duhau cuya reforma demandó un desembolso de US$ 67 millones.

El sector hotelero además es uno de los pocos que se puede dar el lujo de exhibir la llegada de capitales extranjeros que hasta ahora no se habían atrevido a invertir en el país. Hace unos meses, el grupo portugués Pestana adquirió el hotel porteño Murano y ahora está en busca de nuevos establecimientos en la Patagonia, mientras que el grupo español Vista Sol pondrá un pie en la Argentina con la reapertura del hotel Regidor. Desde México, la cadena Mayan Resorts también quiere invertir en Puerto Madero, en tanto que otra multinacional que está mirando de cerca el mercado argentino es la cadena Ritz Carlton, que incluso estuvo haciendo algunos sondeos para comprar un terreno en Buenos Aires.

Proyectos en danza

Sin embargo, el caso paradigmático de esta ola inversora es el de El Calafate. Según un estudio de HVS International, desde 2002 hasta la fecha surgieron 30 nuevos establecimientos en la zona y para 2009 las proyecciones oficiales indican que el total de plazas se multiplicaría por tres hasta alcanzar las 10.287 camas.

Los proyectos en danza en torno al glaciar Perito Moreno incluyen desde pequeños hoteles cuatro estrellas como el que planea levantar la cadena Design Suites hasta un cinco estrellas como el que la familia Amil (dueña de los hoteles porteños Crillon y Colón) iniciará las obras en septiembre de este año. A la lista de nuevos jugadores, además, se podría sumar la cadena Sheraton, que también tiene en estudio contar con un hotel propio en la zona.

"La llegada de tantos nuevos inversores, tanto locales como extranjeros, al sector es una prueba de que el turismo en la Argentina es un negocio de largo plazo y que no se agota en un tipo de cambio favorable. Además, se trata de una industria que es generadora de empleo. Más allá de la obra de construcción, se calcula que un hotel de cuatro estrellas y cien habitaciones requiere entre 70 y 90 empleos directos", señala Meyer.

Por Alfredo Sainz
De la Redacción de LA NACION