El manejo integrado de plagas (MIP) permite reducir al mínimo el uso de insecticidas, disminuyendo la contaminación y los costos. Según estudios recientes realizados por profesionales del INTA Rafaela en la región central de Santa Fe, los insectos entomófagos -enemigos naturales de las plagas- desarrollan gran parte de su ciclo vital en la flora espontánea, que les provee de refugio y alimento.

Los investigadores identificaron 30 especies de vegetales que funcionan como hábitats alternativos para estos insectos, destacándose entre otros el hinojo (Foeniculum vulgare), la cerraja (Sonchus oleraceus), el diente de león (Taraxacum officinalis), el nabo (Brassica campestris), el apio cimarrón (Ammi majus) y la rama negra (Conyza bonariensis).

Durante el ciclo otoño-invernal algunos de estos vegetales permiten la supervivencia y multiplicación de coccinélidos y sírfidos, que en la primavera se desarrollan y diseminan hacia cultivos con insectos dañinos. De esta manera, la presencia de flora espontánea en las áreas vecinas no trabajadas puede influir favorablemente sobre el balance numérico de los insectos de interés agrícola.