La caída del precio de la soja esta semana era esperable. Pero sorprendió por su profundidad. A mediados de abril superaba los 700 pesos en el mercado local. Una semana atrás había bajado a alrededor de 600. El jueves último los compradores salieron a ofrecer 500 pesos, y aunque no consiguieron lotes, ya plantearon que es posible que atraviese este nuevo umbral.

China continua siendo la noticia central del mercado. Argentina le vende a casi cien países, pero China es el mayor comprador de poroto de soja del mundo. Su producción ronda las 15 millones de toneladas. Con este nivel, se autoabastecían hasta hace diez años. Pero desde entonces tuvieron necesidades crecientes, dada la expansión de la producción de pollos y cerdos, cuya demanda se expande sin cesar. El año pasado había importado 11 millones, y para esta campaña se esperaban compras por 20 millones de toneladas. Sus abastecedores son EE.UU, Brasil y Argentina.

Hasta febrero, el ritmo de compras chinas fue infernal. Por eso el mercado se fue recalentando, justo cuando llegaba la cosecha argentina. Había fracasado la producción estadounidense, y la sequía se hizo sentir luego en Sudamérica. En conjunto, el mercado tenía 20 millones de toneladas menos de las que se esperaban ocho meses atrás. Los precios se pusieron al rojo y mucho chacareros locales pudieron aprovechar valores de 650 a 730 pesos la tonelada. Otros prefirieron esperar.

Pero todo cambió de pronto. Con la intención de poner en caja al sistema financiero, muy sobregirado por la inercia del crecimiento económico, China decide restringir el crédito. Esto impacta sobre la importación de insumos de todo tipo, empezando por los básicos de la alimentación, como la soja. Entonces todos los commodities empezaron a bajar. Los fletes, que habían alcanzado niveles récord (no se conseguían bodegas porque China tenía todo tomado), también bajaron.

Hoy, 50 vapores (2.500.000 Tn de soja) están a la deriva esperando nuevo destino o apertura de las correspondientes cartas de crédito. Mientras tanto, los industriales aceiteros más grandes de China se han puesto de acuerdo. Formaron un cartel para defenderse de los altos precios internacionales de la oleaginosa. No está clara su futura operatoria, pero en principio se basaría en compartir los stocks. Los analistas creen que esto no debería producir cambios en la demanda total de soja, pero si podría ayudarlos a no verse obligados a comprar en los picos del mercado, como venían haciendo.

En realidad, los chinos estaban bombeando aire a una burbuja. Es cierto que los stocks de los EE.UU. habían llegado a niveles críticos, tanto que se hablaba de racionamiento y de importación. De hecho, como comentamos en estas páginas semana a semana, hubo ingreso de mercadería brasileña por el puerto de Wilmington, Carolina del Norte. Era más barato importar soja sudamericana que llevarla desde el Medio Oeste por tren, barco o camión. Es decir, por primera vez en la historia, el precio de la soja se formaba teniendo en cuenta el costo de importación que tenían que asumir los procesadores norteamericanos. Los chinos, metidos en el baile, fueron convalidando estos precios, porque la referencia mundial es el mercado de Chicago. Cuando se dieron cuenta, patearon el tablero. En una maniobra que implica el desconocimiento de contratos (configurando un caso dramático de inseguridad jurídica), jaquearon a la industria mundial de la soja. Incluyendo a la cadena sojera argentina.

Como compraron a altos precios, ahora apelan a distintos artilugios para justificar el default. Encontraron, por ejemplo, soja tratada con funguicidas en algunos barcos provenientes de Brasil. Dicen los operadores más experimentados que en condiciones normales, esa mercadería hubiera pasado. Pero ahora brindó el pretexto ideal. Así, seis barcos de cuatro compañías brasileñas sufrieron el castigo. Hay otro hecho sugetivo: el rechazo llegó una semana antes de la visita del presidente Lula, acompañado por varios de sus ministros y 400 empresarios de máximo nivel. Con este tema, los planteos brasileños cambiaron de rumbo: en lugar de negociar de igual a igual, tuvieron primero que pedir perdón. Tanto, que el ministro de Agricultura brasileño, Roberto Rodrígues, se comprometió a una imposible "tolerancia cero" en la presencia de residuos de funguicida en sus cargamentos de soja.

Esto es importante, porque si bien no ha habido por el momento cuestionamientos a la calidad de la soja argentina, hay que tener en cuenta que la cosecha brasileña llega antes. Y la misión argentina, que presidirá el propio Néstor Kirschner, llega después... Este es un tema central, y habría que aprovechar la presencia en el país, la semana que viene, del ministro de Comercio chino, para anticiparse a esta cuestión. Y para plantear integralmente el problema del desconocimiento de los contratos por parte de los crushers chinos.

La situación es muy delicada, porque los chinos están perdiendo cada vez más plata a medida que la soja baja. Siempre y cuando respeten sus compromisos. Pero es precisamente la caída de los precios lo que impulsa el default. Lo concreto es que los chinos han descubierto que son un factor fundamental del mercado. Hasta quieren que la referencia del precio de la soja sea el mercado de Dalian, algo impensado porque entre la producción y la importación, China apenas alcanza el volumen de la cosecha argentina (35 millones de toneladas), es la mitad de la norteamericana y el 30% de la del Mercosur. Antes estaría la propuesta impulsada por Miguel Campos y los exportadores locales, de lograr una posición para la soja sudamericana.