El sector productivo tucumano necesita de soluciones urgentes a los graves
problemas que padece y no sólo promesas incumplidas por parte de un Estado
ausente. Es una constante que los gobernantes de los últimos tiempos pasen sus
días prometiendo soluciones y políticas activas que nunca se llevan adelante. La
desidia y pasividad de muchos funcionarios encrespan a los principales
empresarios de la provincia, que ven pasar los días, los meses y los años y no
observan ningún cambio positivo para el sector que más le aporta a la provincia
en concepto de impuestos y de divisas.
Es notorio en las conversaciones con productores y empresarios tucumanos como la
desilusión y el hartazgo aflora hacia los funcionarios provinciales, un
sentimiento que cada día es mayor. Está claro que el campo es para las
autoridades nacionales y provinciales una cuenta a donde pueden acudir para
lograr dinero y no como un proyecto político para el crecimiento del país.
No existen
Desde que asumieron las nuevas autoridades nacionales y provinciales no se
dictó ninguna medida a favor del campo y ni hablar de políticas agropecuarias.
En pocas palabras, no existen.
Las retenciones a las exportaciones; el Impuesto a las transacciones bancarias;
el pago del Impuesto a las Ganancias sin ajuste por inflación y la fuerte
presión fiscal por parte de los gobiernos provinciales, entre los que Tucumán no
se quedó atrás, representan las verdaderas anti-políticas agropecuarias
oficiales. Lejos de alentar a la producción, la agobian. Y es tan así, que en
las zonas rurales de la provincia se puede ver como quedan sólo los grandes
productores o las grandes empresas agropecuarias que poseen capital de trabajo y
financiación propia. Se nota, además, un creciente abandono de la actividad
agraria entre los pequeños productores y la pérdida de activos humanos jóvenes
ante la falta de motivaciones sobre el futuro en el agro local. La actual
gestión oficial en todos los campos deja mucho que desear. Siempre va detrás de
los problemas y no se anticipa a ellos. Los avances no se ven y las promesas son
moneda corriente. Y pruebas al canto es lo que ocurre en la actividad citrícola,
con la falta de gas, o la que padecerá la industria azucarera a partir de junio
cuando sus trapiches comiencen a moler en forma interrumpida la caña que con
tanto sacrificio fue producida.
Las carencias
En Tucumán los productores piden a gritos que se trabaje más seriamente en
materia de políticas activas y en el postergado item referido a la
infraestructura. No es nuevo decir que muchos zonas se encuentran aisladas del
mundo ante la falta de obras. No tan sólo para producir, sino para que el hombre
de campo pueda vivir dignamente.
La falta de caminos en buen estado, de luz eléctrica, de gas, de agua potable o
de establecimientos educacionales (escuelas, bibliotecas), de complejos
polideportivos o de centros asistenciales tornan inviable a muchas regiones del
interior de la provincia. Gran parte de la agricultura tucumana está hoy
estructuralmente obsoleta y descapitalizada, y necesita un plan de actuación
integral. Y si la administración provincial no tiene claro esto, seguramente no
llegarán muy lejos.
Es necesario redefinir el papel del Estado como garante de la producción. El
Estado debe entender que en lugar de comprar más bienes superfluos como autos
cero kilómetro, camionetas 4 x 4, o que se autorice la asignación de partidas
reservadas para sus funcionarios, debería preocuparse más por destinar fondos a
los proyectos de infraestructura, indispensables para cualquier acto productivo.
Hoy, la ausencia del Estado está agobiando a muchos empresarios locales que
carecen de herramientas tan elementales como la falta de caminos para sacar las
cosechas del campo o de la financiación para poder seguir produciendo en forma
competitiva. Como siempre el Estado sigue haciendo oídos sordos a los reclamos.
Los funcionarios tienen la última palabra.