Según el funcionario, los subsidios —aplicados por países industrializados como Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea y Japón— son una de las causas determinantes de que más de 800 millones de personas en el mundo padezcan hambre. Esto se debe a que las potencias industriales ayudan a sus productores, desplazando a los de países que no tienen los recursos para hacer lo mismo.
Los subsidios dificultan el ingreso de exportaciones de países periféricos a sus mercados, que son los de mayor poder adquisitivo, al tiempo que ejercen una competencia ruinosa en terceros mercados. De este modo reducen los ingresos externos y la capacidad de crecimiento de países de ingresos medios y bajos.
Los países que no aplican subsidios, como la Argentina, han reclamado insistentemente a los países industriales la supresión de estas medidas, hasta el momento sin grandes resultados. Los subsidios agrícolas de los Estados Unidos se han convertido, incluso, en la principal traba para el avance de las negociaciones de liberalización del ALCA.
La FAO condena los subsidios agrícolas que aplican los países industrializados, los cuales afectan a los productores de aquellos con menos recursos.