El presidente Néstor Kirchner introdujo ayer su puño de hierro en un guante
de seda. Con inusual serenidad, el jefe del Estado repitió las críticas contra
las petroleras, incluida una indirecta a Repsol YPF, les reconoció algunos
argumentos y asignó parte de la responsabilidad de la crisis energética a la
devaluación "que se hizo en forma poco prolija" en el gobierno de Eduardo
Duhalde.
Ante un Salón Blanco de la Casa Rosado repleto de empresarios del sector
energético, en el acto de lanzamiento de fondos fiduciarios destinados a
financiar la ampliación de la capacidad de transporte de gas, Kirchner, de
aspecto más saludable y tono coloquial, comenzó su discurso con una pregunta:
"Qué tema éste de la crisis energética, ¿no?".
El Presidente calificó como "un acto de reduccionismo político e institucional"
responsabilizar a su gestión por la escasez de gas. "Pensar que es culpable un
gobierno que lleva diez meses es tratar de no decir la verdad", expresó antes de
adjudicar esas acusaciones a "lobbies que ejercen legítimamente su derecho".
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, fue otra víctima implícita de este
discurso sosegado. "Había funcionarios del anterior gobierno que decían que
había que cambiar todo el transporte público a gas y ahora quieren suprimir el
GNC", espetó Kirchner. Junto a él estaba el ministro del Interior, Aníbal
Fernández, otro impulsor de aquella renovación como responsable de la cartera de
Producción de la administración Duhalde.
"Tenemos que ser más serios", sugirió Kirchner. "No es lógico exportar gas si no
tenemos para nosotros", fue otra de las frases del Presidente, que finalmente
fue aplaudido por los asistentes. Uno de ellos era el jefe de Gabinete, Alberto
Fernández, que horas antes había dicho por radio que las petroleras son la
responsables de los cortes parciales de la exportación de gas a Chile por
contratos "que no están pudiendo cumplir porque los firmaron en infracción a la
ley argentina". Así se refirió a la norma que obliga a satisfacer primero el
consumo interno antes de exportar.
"Hay que decir la verdad", soltó Kirchner antes de reconocer algunos argumentos
de las petroleras. Admitió que la recesión iniciada en 1998 desalentó la
inversión en exploración y producción y reconoció que nadie esperaba que el país
fuera a crecer tanto en 2003 y en este año.
El jefe del Estado aclaró a empresarios: "Eso de que con los precios hubiéramos
tenido más volumen tampoco es cierto. Yo primero quiero que me garanticen
volumen y después hablamos de precios". Descartó "aplicar viejas metodologías
del pasado" y abogó por un "Estado testigo".
"Vemos dirigentes políticos y empresarios que cargan las culpas a los demás.
Cada uno tiene que hacer un mea culpa y esos empresarios que pagan 2,2 millones
de pesos de impuesto a las ganancias, por lo bien que les ha ido, tendrían que
haber invertido más en la Argentina", apuntó Kirchner a Repsol YPF, cuyo
titular, Alfonso Cortina, había dicho anteayer que esa empresa española "sigue
siendo el inversor más importante del país, el mayor contribuyente fiscal, el
principal exportador y uno de los máximos empleadores". Le había respondido así
al ministro de Planificación, Julio De Vido, que había advertido a las
petroleras que "no pueden mirar para otro lado" ante la crisis.
El director de Relaciones Institucionales de Repsol YPF, Fabián Falco, no se dio
por aludido ante lo dicho por Kirchner. "Hacemos lo que él dice: invertir.
Primero invertimos y después vendrán los aumentos (de tarifas)", afirmó.
A su turno le tocó a Duhalde, que días atrás admitió que el país "todavía no es
confiable". El jefe del Estado reconoció que la pesificación de las tarifas en
dólares de las empresas de servicios públicos "pudo significar una pérdida de
rentabilidad empresarial". Después del discurso, Kirchner se acercó a saludar a
los empresarios. Uno de ellos destacó que "a su estilo, su visión del problema
fue un poco más amplia".