En momentos en que la expansión agrícola y el despegue de las cotizaciones granarias parece postergar el reacomodamiento ganadero en el país, el gobierno se propone estimular la cría vacuna apuntalándola con una batería de medidas y anuncios que, en poco menos de 90 días, deberían estar al alcance de los productores pecuarios; quienes nunca dejaron el negocio de la carne porque conocen con certeza las dificultades que aparecen a la hora de reincidir en la actividad más competitiva del país.
Aunque todavía no están totalmente definidos los mecanismos de asistencia que aportaría la cartera rural a ese emprendimiento, por primera vez en varios años, un funcionario de la secretaría de Agricultura, Javier de Urquiza, salió a reconocer que las reservas bovinas nacionales no alcanzarían ante un eventual crecimiento de la demanda internacional de cortes cárnicos.
Para cumplir con esas potenciales ventas externas, el recorte, inevitablemente, debería pasar por una menor oferta en la plaza doméstica, que consume alrededor del 80 por ciento de la faena vacuna anual.
Si sólo se dispone de un 20 por ciento de cortes cárnicos para ofrecer a las plazas mundiales, incluyendo el cupo Hilton (verdadera crema del negocio de la carne) y un stock bovino que ronda los 50 millones de cabezas, a los que se sumaría un reducido número de terneros este año (por las dificultades de preñez y parición que provocó la sequía en las principales regiones ganaderas del país), la iniciativa oficial se parece a una mera expresión de deseos, si se la relaciona con la posibilidad de aumentar los stocks en el mediano plazo.
Si por ciclo ganadero fuera necesario esperar entre ocho y nueve años para elevar en unos 10 millones las reservas vacunas, reducidas, además, a planteles de menor calidad e involucionadas desde el aspecto genético, no queda muy claro por qué el gobierno esperará unos tres meses para anunciar medidas de estímulo al desarrollo ganadero en el país.
¿No sería necesario comenzar ahora mismo y recuperar parte del tiempo --y dinero-- perdido durante la última década? ¿Por qué no volver a los planteos productivos mixtos que, históricamente, resolvieron en excelentes términos la ecuación "carnes más granos"?
Si el despunte de las plazas externas demandantes se está presentando por estos meses, superado el trago amargo de la aftosa y si a ese dato hay que agregarle las inminentes exigencias de los mercados europeos referidos a la trazabilidad animal, habría que reflexionar acerca de las razones que esgrime el gobierno para demorar la puesta en marcha de un programa productivo más que ambicioso.
Sin embargo, la dilación aparece, por lo menos, falto de una buena parte de fundamento, ya que tras la trilla de los granos gruesos y con buena cantidad de lotes que no podrán recolectarse, muchos animales podrían comenzar su etapa de engorde en ese escenario postagrícola. Para ganar tiempo, dice la gente del campo que nunca salió del negocio de ganados y carnes.
Otros especialistas en economía ganadera y alejados de la explosión productiva agrícola sostienen que a las buenas intenciones de aumentar las reservas bovinas podrían sumarse políticas de apoyo para incentivar el desarrollo y recuperación de las producciones porcina y ovina, largamente postergadas, y que, a la hora de los rindes en kilos de carne, tienen una respuesta mucho más rápida que los vacunos.
No está de más recordar que, a las dos pariciones anuales que puede aportar cada especie, se suman, en el caso de los ovinos, la función multipropósito que cumplen la producción de leche y lanas, formidablemente posicionadas en los mercados mundiales de commodities y MOA.
Gladys de la Nova