En los últimos 32 años, el sector granario argentino experimentó un crecimiento notable: la producción agrícola pasó de 44 millones de toneladas cosechadas en 1995 a 165 millones en 2026, lo que representa casi 4 veces más.
Este salto se explica por dos grandes factores:
· El 50% por manejo, genética y tecnología: reflejado en un aumento de la productividad del 58% en el promedio ponderado de maíz, soja, trigo y girasol.
· El otro 50% por mayor superficie y cambios en los cultivos: el área sembrada creció de 18,1 a 38,2 millones de hectáreas, con el maíz pasando del 28% al 41% de participación.
Medida en dólares constantes (ajustados por la inflación estadounidense del 128%), la producción pasó de USD 15.400 millones a USD 44.600 millones (+190%). Con esto, la participación de los granos en el PBI creció del 2,4% al 6,1%.
Sin embargo, este fuerte crecimiento de la producción no se tradujo en una mejora del negocio para el productor, debido al comportamiento de precios y costos:
· Precios a la baja: En términos reales, los precios internos cayeron un 28% en estos 32 años (promedio ponderado). Si hoy las retenciones fueran similares a las de 1994 (3,5% solo para soja y girasol), los precios de los granos serían en su conjunto un 15% más altos.
· Costos de producción en alza: Medidos en USD/ha, los costos crecieron un 20% en términos reales. La siembra directa redujo las labores entre un 55% y 60%, pero subieron insumos clave como las semillas (girasol +122%, maíz +63%), los agroquímicos y los fertilizantes.
A pesar de que los precios bajaron y los costos por hectárea aumentaron, los productores multiplicaron su producción un 300%, generando riqueza y valor para el país. Esta evolución confirma la importancia de analizar el sector más allá del volumen cosechado, considerando siempre la dinámica de precios y costos.
En Cazenave y Asociados, seguimos de cerca estas variables para aportar una mirada integral y acompañar las decisiones estratégicas con información y perspectiva de largo plazo.