Celulares, computadoras, cargadores, cables y pequeños electrodomésticos cuando dejan de utilizarse, se convierten en residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Aunque muchos terminan en la basura común, contienen materiales que pueden recuperarse y sustancias peligrosas que, si no se gestionan adecuadamente, pueden contaminar el ambiente.
En la Argentina se generan aproximadamente 517.000 toneladas de RAEE por año, de las cuales solo el 3 % se recupera por vías formales. Frente a esta problemática, la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), a través de la Subsecretaría de Ambiente y el programa FAUBA Verde, impulsa jornadas de recolección para promover una gestión responsable de estos residuos.
"Cada aparato que se recupera es un residuo que no termina en un basural y una oportunidad para volver a aprovechar materiales", señala la subsecretaria de Ambiente de la FAUBA, Micaela Olivan. "La gestión de los RAEE requiere compromiso institucional, pero también la participación activa de toda la comunidad", suma Tamara Fernández, coordinadora de FAUBA Verde.
La iniciativa comenzó en 2016 y, desde 2023, se realiza al menos una vez por semestre. Desde entonces, la participación fue creciendo: se recuperaron 123 aparatos en 2023, 397 en 2024 y 877 en 2025. En lo que va de 2026, ya se recolectaron otros 697 dispositivos en cuatro jornadas. En total, más de 2.000 aparatos recuperados desde el año 2023.
"Los resultados muestran que la comunidad reconoce cada vez más la importancia de separar y entregar correctamente estos residuos", destacan Olivan y Fernández. "No se trata solamente de reciclar: también buscamos promover la reutilización, reducir impactos ambientales y fortalecer redes de trabajo cooperativo", agregan.
¿Por qué es importante recuperar los residuos electrónicos? Los RAEE contienen metales como hierro, cobre y aluminio, además de plásticos, vidrio y pequeñas cantidades de metales preciosos que pueden reutilizarse como materias primas. Sin embargo, también pueden contener sustancias peligrosas, como metales pesados y retardantes de llama, que pueden liberarse al suelo, al agua y al aire cuando estos residuos se queman, se entierran o se desarman sin las condiciones adecuadas.
Por eso, su recuperación permite reducir la contaminación, aprovechar materiales y evitar parte de la extracción de nuevos recursos naturales. "Cuando un equipo se descarta junto con los residuos comunes, se pierde la posibilidad de recuperar materiales valiosos y aumenta el riesgo de contaminación", explica Fernández. "La entrega en los puntos de recepción permite que cada aparato siga un circuito adecuado y seguro", añade Olivan.
¿Qué hace la FAUBA con los aparatos recolectados?
Durante cada jornada, estudiantes voluntarios y el equipo de FAUBA Verde reciben, clasifican y registran los dispositivos. Los equipos que todavía funcionan o pueden repararse son derivados a la Unidad de Tecnologías de la Información (UTI) de la Facultad, que evalúa su reutilización en distintas áreas de la institución.
El resto es retirado por la Cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad, encargada de desarmar los aparatos, separar los materiales recuperables y derivar los componentes peligrosos para su tratamiento adecuado. De esta manera, la iniciativa no solo contribuye al cuidado ambiental, sino que también promueve el trabajo cooperativo y la economía popular.
"Una parte de los equipos puede tener una segunda vida y otra parte puede transformarse en materiales recuperados. Por eso es fundamental que los aparatos lleguen completos y que no sean desarmados en los hogares ni descartados en la vía pública", manifiestan.
Además, las colectas dejaron de concentrarse principalmente en los residuos generados por la Facultad. En 2025, cerca del 80 % de los aparatos recibidos provenía de los hogares de integrantes de la comunidad universitaria y vecinos del barrio, lo que refleja una mayor participación comunitaria.