Cuando alguien se refiere al equipo que integra un establecimiento tambero se está refiriendo a quien diseña las dietas, a quien las mezcla, a quien reúne los diferentes planteles y a quien lleva adelante las tareas de detección de celo y preñar las vaquillonas. Ahora, ¿hay comunicación entre ellos? Y si la hay, ¿qué comunican entre sí?
La formulación de dietas es un desafío importante en la producción lechera pues el nutricionista, el inseminador y el resto del equipo pueda integrar saberes. Se van especializando pero en muchos casos el nutricionista no está invitado a este colectivo.
Dice Alexandre Souza que en Wisconsin y el California el equipo tiene una buena comunicación y cada día replica al otro, sin distinciones. Quien asume el trabajo de nutrición tienen experiencia y ha recorrido una cantidad de cambios en las estrategias alimentarias, son muy consistentes.
“Ahora, el domingo, en Brasil, la alimentación comienza más tarde, hay un aflojarse en las actividades”, transparenta el especialista.
“Las tareas no son complejas pero deben ser consistentes. Las cosas son diversas y están todas interconectadas. Las vacas que se alimentan en preparto tienen impacto en la alimentación respecto a la asignación, siempre es más común a la mañana. No, se deben alimentar al final del día, mejora el calostrado pues los partos suceden y se debe vigilar la calidad del calostro. Esto es dominio del nutricionista y debe ser un capital de conocimiento de todo el equipo”, tiró como ejemplo ilustrativo.
Hoja de ruta
La idea es entender la alimentación con una visión holística pues la fertilidad no depende solo del semen o la hormona. Esto depende también del confort y de las instalaciones, los espacios de comedero y la presencia de estrés térmico.
El segundo tema relacionado es la nutrición, entendido como el balance energético y de salud ruminal, sumado al otro aspecto es el manejo reproductivo, ejecutando sin fisuras el programa
La reproducción impulsa la producción, es la base de la rentabilidad. El ingreso proviene de la leche y los litros requieren preñeces consistentes. En el programa se debe:
-Preñar temprano
-Advertir la condición corporal adecuada al parto
-Mejor salud y ciclicidad del proceso
-Mayor fertilidad y menores pérdidas
Al final de la lactancia la vaca no debe estar muy gorda, hay que evitar el engorde excesivo, muchas veces proveniente del diseño de dietas únicas para todos los estadios.
Un elemento determinante son los datos del lote preparto, entre otros casos no se conoce la fecha probable de la vaca al parir y hay que tener en cuenta que los datos son de cada establecimiento y es una causa de las características del rodeo y el manejo.
Las vacas deben preñarse temprano y de allí continuar al ciclo. Hay que estar atentos a la condición corporal de los individuos al posparto. Desde el parto, y durante los días de lactancia, se pierden calidades que luego se arrastran en todo el proceso.
Retención de placenta, mestritis, endometritis y mastitis no abordadas son impactos negativos que luego reducen los registros productivos. La nutrición está íntimamente asociada a la reproducción: más NFC, menor fertilidad asociada.
Abordar el estrés térmico como parte del protocolo
El calor deprime el CMS, alterando el balance energético y con ello tendremos menos calidad ovocitaria, desarrollo embrionario amenazado y una menor expresión del celo. Invertir en sombra, en ventilación y aspersión es una inversión prioritaria.
“Cuando la vaca tiene 39 grados está de pie y con más temperatura se recoge, se alimenta menos.
La diferencia de temperatura decide sobre el recorrido del espermatozoide y con temperaturas altas el esperma sucumbe. Veamos las dietas con exceso de almidón que inhiben programas de reproducción con IATF con registros muy bajos, en torno al 20%”, asegura Souza.
Hay que construir protocolos eficientes. Para lograrlo hay que intensificar el uso de IATF para el primer servicio, recomienda. “A la par, hay que reinseminar las vacas rápidamente, su detección debe ser mejorada. Los protocolos han evolucionado mucho y se han ajustado a cada escenario”, aconseja.
La sincronización debe ser impecable. Dosis correcta, vía de aplicación correcta y a horario estipulado. “Hay que asumir una resincronización temprana, encontrar rápido la vaca vacía e inseminarla es determinante”, previene el investigador brasileño y aconseja: “La estrategia es observar visualmente y aplicar acciones devenidas de datos de la IA. En esto, los sistemas de collares y podómetros pueden ayudar a mejorar. Con ellos se puede detectar caídas de rumiantes de los ciclos clínicos; identificar celos silenciosos y administrar respuestas ajustadas a los cambios observados”, cierra.
Conclusión
La vaca de tambo es un atleta de elite
La nutrición aporta el combustible y protege el motor
El manejo reproductivo sincronizados asegura que se cumpla con los plazos establecidos en el programa
El veterinario y el nutricionista deben trabajar juntos, deben ser un equipo. Inseminador, nutricionista, dueño y veterinario.
– ¿Cómo es esto en los tambos chicos?, le pregunta alguien del público
– Este problema se diferencia puesto que en estos tambos todas las especialidades convergen en una y por lo tanto hay que asociarse entre tambos pequeños para contar con especialistas en cada labor.
Por Osvaldo iachetta - Todoagro