Aunque compiten 13 candidatos, el escenario está polarizado entre el presidente Lula da Silva (PT), que busca su cuarto mandato, y Flávio Bolsonaro (PL), hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, quien está inhabilitado y cumple una condena por intento de golpe de Estado. Si ningún candidato supera el 50% de los votos, habrá una segunda vuelta el 25 de octubre, un escenario que todas las encuestas dan por descontado.
Según las últimas encuestas, Lula lidera la intención de voto con el 45,3%, tres puntos por encima de Flávio Bolsonaro, que registra el 42,3%. Sin embargo, la candidatura del presidente parece haber llegado a un techo, mientras que la de Bolsonaro creció en el último mes. La izquierda está concentrada en un único candidato competitivo, mientras que la derecha llega fragmentada: al menos cinco candidatos se disputan el voto antipetista, entre ellos Renan Santos (Missão), Augusto Cury (Avante), Ronaldo Caiado (PSD) y Romeu Zema (Novo). Esa dispersión le resta votos a Flávio en primera vuelta, pero no divide a la derecha de cara al balotaje, donde esos votos podrían migrar hacia él.
Dos proyectos antagónicos
Las propuestas de ambos candidatos plantean modelos de país opuestos. En materia económica, Lula propone mantener el marco fiscal combinándolo con inversión social, justicia tributaria y aumentos reales del salario mínimo. Flávio, inspirado en la “motosierra” de Javier Milei, promete un “Tesouraço” fiscal: recortar gastos, eliminar al menos 10 ministerios y bajar los impuestos sobre combustibles y energía.
También hay diferencias marcadas en seguridad, una de las principales preocupaciones del electorado. Lula plantea combatir al crimen organizado mediante la asfixia financiera, el control del tráfico de armas y la creación de un Ministerio de Seguridad Pública. Bolsonaro, en cambio, propone una política de “mano dura” al estilo de Nayib Bukele: declarar como organizaciones narcoterroristas a las facciones PCC y CV, bajar la edad de imputabilidad penal a 16 años y construir cárceles de máxima seguridad. En política exterior, Lula defiende el multilateralismo, el MERCOSUR y los BRICS, y convirtió la soberanía en el eje de su campaña frente a los aranceles y la injerencia de Donald Trump. Flávio busca reconstruir una relación prioritaria con Estados Unidos, Argentina e Israel y sumar a Brasil al “Escudo de las Américas”.
Ninguno de los dos quedó al margen de las acusaciones de corrupción: el “caso Master” alcanzó tanto a Flávio, investigado por el Supremo Tribunal Federal por el financiamiento de una película biográfica sobre su padre, como al entorno de Lula.
Un Congreso donde ninguna fuerza gobierna sola
Además de la presidencia, se renovarán la totalidad de la Cámara de Diputados (513 bancas) y 54 de las 81 bancas del Senado. Las proyecciones indican que el PL crecería en el Senado y se mantendría relativamente estable en Diputados, pero en ningún caso alcanzaría la mayoría en ninguna de las dos cámaras (257 bancas en Diputados y 41 en el Senado). El Senado tendería a ser más conservador, lo que favorecería a un eventual gobierno de Bolsonaro, que de todos modos tendría que negociar con otros espacios. En este escenario, los partidos del Centrão seguirán siendo la llave para quien llegue al Palacio del Planalto. Los legisladores electos asumirán el 1 de febrero de 2027.
Balotaje con final abierto
En un eventual cara a cara, la última encuesta de AtlasIntel/Bloomberg muestra un empate técnico: Lula obtiene el 47,7% y Flávio el 47,3%, con un 5% de votos en blanco e indecisos. El traspaso de votos de los demás candidatos de derecha y lo que decidan los indecisos serán determinantes en una disputa tan ajustada, en la que además ambos candidatos tienen niveles de rechazo muy parecidos. En un contexto regional marcado por la alternancia en el poder y el triunfo de fuerzas de derecha en Argentina, Chile, Ecuador, Colombia y Perú, el resultado definirá si la mayor economía de América Latina sigue con un gobierno de izquierda o se suma al giro regional.