La economía argentina atraviesa una etapa de contrastes: mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran una mejora en los equilibrios, distintos sectores de la economía real exhiben una pérdida de dinamismo. En ese escenario, las empresas agropecuarias enfrentan el desafío de tomar decisiones con márgenes más ajustados y con una creciente necesidad de priorizar recursos.
Ese es uno de los ejes del informe “Menos macro, más gestión – Apuntes para Empresas, septiembre 2026”, que analiza la situación económica y sus efectos sobre los negocios agrícola, ganadero y lechero.
El trabajo parte de una idea de Michael Porter: “La esencia de la estrategia es elegir qué NO hacer”. A partir de allí, plantea que tanto las empresas como quienes toman decisiones económicas deben establecer prioridades frente a recursos limitados.
Una economía más ordenada, pero con menor dinamismo
El informe describe una economía con algunos indicadores favorables y otros que muestran una recuperación más débil.
Entre los datos positivos menciona una inflación mensual del 1,7%, un PIB todavía 2% por encima de un año atrás y un superávit comercial importante. En sentido contrario, señala que el PIB cayó 0,6% frente al trimestre anterior, mientras que el EMAE de julio retrocedió 1,4% interanual y 2,9% mensual.
También se registraron bajas en sectores como comercio (-5,1%), industria (-4,6%) y construcción (-3,3%), mientras que minería creció 8,4% y el agro 0,7%.
El consumo también aparece como una de las variables débiles: las ventas reales de supermercados cayeron 2,1% interanual, mientras que el informe señala que la pobreza pasó del 28,2% al 32,3% de la población.
La conclusión que plantea el documento es que existe una economía con mayor orden en algunas variables macroeconómicas, pero con una recuperación que perdió fuerza y que presenta diferencias importantes entre sectores.
El agro, entre el dólar y los costos locales
Para las empresas agropecuarias, uno de los principales puntos de atención está en la evolución de los precios relativos.
El informe destaca una característica particular del sector: una parte importante de los ingresos está vinculada al dólar y a los precios internacionales, mientras que muchos costos —salarios, servicios, labores, fletes, estructura e impuestos— se determinan localmente.
Por eso, incluso con una inflación descendente, un dólar que avance por debajo de los costos puede continuar presionando sobre los márgenes del productor.

Qué proyecta el Presupuesto 2027
El proyecto de Presupuesto 2027 aparece en el análisis como una referencia para conocer el escenario que plantea el Gobierno para el próximo año, aunque el documento aclara que no debe interpretarse como un pronóstico.
Entre sus principales supuestos aparecen:
- Crecimiento del PBI: 4%
- Inflación diciembre/diciembre: 18%
- Dólar mayorista a diciembre: $1.847,6
- Aumento del salario medio: 25,4%
- Superávit primario: 1,3% del PBI
- Superávit financiero: 0,2% del PBI
- Saldo comercial de bienes: US$ 15.560 millones
El presupuesto supone que el dólar pasará de $1.600 a fines de 2026 a $1.847,6 un año después, una suba del 15,5%, frente a una inflación proyectada del 18%. Al mismo tiempo, contempla un aumento del salario medio del 25,4%.
Retenciones: una baja gradual que impactará en los resultados
Otro de los puntos centrales para el agro es la evolución de los derechos de exportación.
Según el análisis, el esquema contempla una reducción gradual hacia fines de 2027:
- Soja: de 24% a 21%.
- Maíz y sorgo: de 8,5% a 7,5%.
- Girasol: de 4,5% a 4%.
- Trigo y cebada: permanecen en 5,5%.
El informe señala que el impacto de esa reducción puede ser diferente según el modelo productivo. En campos propios, una parte del beneficio puede quedar en el resultado del productor, mientras que en campos arrendados puede trasladarse parcialmente a los alquileres. También menciona posibles efectos sobre el valor de la tierra y la incorporación de tecnología.
Menos inflación, más presión sobre la eficiencia
Uno de los cambios estructurales que plantea el documento es que, con una inflación más baja, pierden importancia algunas fuentes de resultado asociadas a la administración de la inflación.
Durante años, explica, las empresas pudieron obtener resultados mediante estrategias como anticipar compras, acumular stocks, tomar deuda en pesos o aprovechar diferencias entre tasas, precios y dólar.
Con una economía más estable, el foco vuelve a colocarse sobre variables más vinculadas al negocio: margen operativo, estructura, productividad y retorno sobre el capital invertido.
Para las empresas agropecuarias, intensivas en capital, el análisis plantea que mantener activos con baja utilización, stocks excesivos o inversiones con retornos modestos implica un mayor costo de oportunidad cuando existen tasas reales positivas.
La conclusión es clara: una macroeconomía más ordenada puede reducir algunos beneficios derivados del contexto inflacionario y hacer que la gestión tenga un peso mayor en el resultado final.
Agricultura: mejores precios y la amenaza del clima
En el negocio agrícola, la mejora de los precios de los granos permitió recomponer los márgenes y llevar el foco hacia una pregunta concreta: cómo capturar esa mejora para quienes todavía tienen mercadería retenida o sin precio y cómo cerrar los márgenes de la próxima campaña.
El informe también pone la mirada sobre el escenario climático y el pronóstico de “Super Niño”, cuyo mayor impacto se espera entre octubre y diciembre. Para los productores representa un factor de preocupación por su potencial impacto sobre los planteos, aunque el documento también señala que este tipo de año puede favorecer mayores producciones de soja y maíz respecto de un año normal.
En paralelo, el último informe de Coninagro citado en el documento ubicó a nueve economías regionales en rojo, seis en amarillo y cuatro en verde.
El escenario electoral también aparece como un factor que lleva a una parte de los productores a adoptar una postura más defensiva: mantener planteos y escala, postergar inversiones y comprar solamente lo necesario.
Biocombustibles: un nuevo impulso para la demanda de soja y maíz
El informe dedica un apartado al proyecto de Ley de Biocombustibles aprobado por el Senado el 17 de septiembre, que al momento del documento constituía una media sanción y debía continuar su tratamiento en Diputados.
El texto aprobado contempla elevar el corte obligatorio de biodiesel del 7,5% al 10% y de bioetanol del 12% al 15%, con entrada en vigencia 12 meses después de una eventual sanción definitiva. El régimen tendría una duración de 15 años.
Según el informe, la eventual sanción definitiva podría habilitar inversiones estimadas en US$ 1.000 millones en ampliación de capacidad de crushing y producción de biodiesel.
La soja aparece como la principal beneficiada por la demanda adicional, mientras que el maíz también tendría un impacto a través del bioetanol.
Granos: geopolítica y clima mantienen la volatilidad
En el mercado agrícola, la geopolítica continúa siendo presentada como una de las principales variables para los precios de los granos, tanto por su impacto sobre el petróleo como por el abastecimiento mundial.
El documento también destaca que China viene cumpliendo sus compras a Estados Unidos, un dato considerado positivo para el mercado de soja, mientras que el escenario climático sudamericano asociado al Niño puede sumar volatilidad.
En el mercado local, el análisis señala que los granos, con excepción del girasol, se encuentran cerca de la paridad técnica a pagar, mientras que el girasol disponible se ubica por encima de ella, generando un incentivo para la venta.
Durante agosto, el volumen operado de futuros y opciones alcanzó un récord de 12,8 millones de toneladas, impulsado principalmente por trigo, con 5,8 millones de toneladas, y maíz, con 2,5 millones. El volumen total creció 37% respecto de julio y 131,7% interanual, según el informe mensual de A3 citado por el documento.
Ganadería: retener hacienda no alcanza para producir más carne
En el negocio ganadero, el análisis identifica un cambio en la discusión. La retención de hembras y la menor faena comienzan a plantear una pregunta central: si la retención de hacienda efectivamente se transformará en mayor producción de carne.
El stock ya venía disminuyendo y la menor disponibilidad comienza a convertirse en una restricción más visible. Para el productor, una oferta limitada sostiene el valor de la hacienda, mientras que para la industria frigorífica significa menos animales para procesar, menor utilización de las plantas y mayores costos fijos por cabeza.
A esto se suma un mercado internacional que continúa mostrando una demanda favorable. Según el informe, el valor exportado crece a un ritmo muy superior al volumen, reflejando una mejora de los precios internacionales.
Pero existe una tensión entre los distintos eslabones: la exportación tiene capacidad de pago, el productor tiene incentivos para retener y el consumidor interno presenta resistencia frente a nuevos aumentos.
El documento pone entonces el foco en una diferencia clave: retener no es lo mismo que producir.
Mejorar el porcentaje de destete, reducir pérdidas entre tacto y destete, mejorar la nutrición y la sanidad y producir kilos de recría de manera eficiente pueden generar mejoras importantes en el resultado.
Feedlot: el costo del ternero vuelve a ser determinante
Para los feedlots, la relación entre el precio de la hacienda y el maíz continúa siendo favorable para transformar grano en carne. Sin embargo, el informe advierte que eso no garantiza por sí mismo un buen resultado.
La relación flaco/gordo se ubica cerca de 1,50, un valor considerado alto en el análisis. Por eso, el precio de compra del ternero adquiere un peso central junto con la conversión, la ganancia diaria, los días de encierre y el costo financiero.
El documento señala además que los corrales mantienen niveles elevados de ocupación, mientras aparecen animales que ingresan más tarde y con mayor peso.
Lechería: más producción, pero con menos margen
El sector lechero presenta otra de las grandes contradicciones del escenario actual: más producción y menor margen.
Agosto fue el mes número 22 consecutivo con crecimiento interanual de la producción de leche. En los primeros ocho meses de 2026, la producción acumuló una mejora del 4,5%, mientras que los sólidos útiles crecieron 5,2%.
Sin embargo, el precio real y la rentabilidad del tambo se deterioraron. El precio SIGLeA de agosto fue de $535,12 por litro, 1,5% superior al de julio y 13% mayor al de un año atrás. Pero, ajustado por inflación, OCLA lo ubicó como el precio más bajo para un agosto de los últimos diez años.
Los modelos regionales INTA-OCLA estimaron una rentabilidad promedio negativa de -0,1% en los últimos doce meses, aunque con diferencias según escala: positiva en tambos de mayor tamaño y negativa en los más chicos.
La exportación gana importancia en este escenario y representa casi 30% del destino de la leche argentina. Entre enero y julio se exportó un 20% más de litros que en igual período de 2025.
Sin embargo, el precio promedio de exportación rondó los US$ 3.800 por tonelada, un 5% menos que un año atrás. Brasil continúa como principal destino, seguido por Argelia, Chile y China.
El desafío común: gestionar mejor
El informe encuentra un punto en común entre las distintas actividades agropecuarias: la mejora de determinados precios no garantiza por sí sola una mejora del resultado empresarial.
En agricultura, el desafío pasa por capturar los mejores precios y administrar el riesgo climático y de mercado. En ganadería, por transformar la retención en mayor producción y eficiencia. En lechería, por lograr que el crecimiento del volumen no termine deteriorando el margen.
En definitiva, el escenario que plantea “Apuntes para Empresas” coloca cada vez más peso sobre las decisiones internas de las compañías: productividad, eficiencia, capital, estructura y capacidad para elegir dónde asignar los recursos.