Síntesis:
• El mundo también compra menos vino: el consumo global cayó 15% entre 2017 y 2025 (de 244 a 208 millones de hectolitros).
• Pero no es sólo el mundo: la participación de Argentina en las exportaciones mundiales de vino bajó de un máximo de 4,7% (2008) a 2,1% (2025).
• Estados Unidos vs. Brasil: en EE.UU., un mercado que se achicó, la cuota argentina cayó de 8,2% a 3,7%. En Brasil, un mercado que creció con fuerza, Argentina también perdió terreno relativo (de 26% a 19%), aunque en el margen recuperó posiciones.
• El dólar ayuda, pero no alcanza: el tipo de cambio real explica parte de la pérdida de competitividad, pero también pesan los costos internos, la logística y la estrategia comercial, variables que las propias bodegas pueden gestionar.
Dinámica de estas exportaciones
Mendoza tiene una alta participación en las exportaciones argentinas de vinos y, dentro de ellas, se destacan las ventas de vinos varietales fraccionados, entre los cuales está el Malbec. Por ese motivo, la evolución de estas ventas constituye un buen indicador de la situación que atraviesa una parte importante de la vitivinicultura provincial.

Mirando las últimas dos décadas, se distinguen claramente dos etapas. Durante la primera, las exportaciones mendocinas crecieron con fuerza y alcanzaron sus mayores niveles a comienzos de la década pasada. Posteriormente se inició un período de estancamiento y, más tarde, de caída. El retroceso también se observa en los vinos varietales fraccionados, uno de los segmentos de mayor importancia para Mendoza.

¿La caída obedece a menores cantidades o a menores precios? Los datos muestran que el principal deterioro estuvo por el lado de los volúmenes: las cantidades exportadas de varietales fraccionados cayeron 36% entre 2010 y el primer semestre de 2026. Los precios también se debilitaron: luego de subir 24% hasta mediados de la década pasada, hoy están 7% por debajo de su nivel de 2010. En consecuencia, comparado con 2010, el deterioro de los ingresos exportadores se explica principalmente por las menores cantidades vendidas, a lo que se agrega una reducción del precio real obtenido.
La recuperación reciente agrega un matiz. En el primer semestre de 2026, las exportaciones argentinas de vino aumentaron 14% en volumen, pero sólo 3% en valor, con una caída cercana al 10% en el precio medio. Parte de esa mejora en litros estuvo asociada al mayor dinamismo de los vinos a granel. Por eso, vender más volumen no implica necesariamente recuperar en igual medida el valor exportado, y no contradice el deterioro de largo plazo que muestran los vinos fraccionados mendocinos. La pregunta relevante es qué explica esta pérdida de dinamismo. Una posibilidad es que sea consecuencia de un mercado mundial menos favorable. Otra es que, además de ese fenómeno, Argentina haya perdido capacidad para colocar sus vinos en el exterior.
2. El mundo compra menos vino
Para evaluar la primera hipótesis conviene mirar el mercado mundial en cantidades.
El consumo global creció durante buena parte de las décadas de 1990 y 2000, luego se estabilizó y más recientemente comenzó a disminuir. Desde niveles cercanos a 244 millones de hectolitros en el año 2017, cae hasta unos 208 millones en 2025, una baja de 15%. Por lo tanto, las menores exportaciones argentinas se producen efectivamente en un contexto internacional menos favorable.

Sin embargo, para un país exportador importa no sólo cuánto vino se consume, sino cuánto de ese consumo se comercializa internacionalmente. Las importaciones mundiales se duplicaron en 24 años, superarando los 100 millones en sus mejores años; pero con caída en los últimos tres años.
Aunque el comercio internacional tiene hoy una importancia mucho mayor que hace tres décadas, también se observa una
contracción en estos últimos tiempos Como un apartado, dentro de la caída del consumo mundial (-15% en ocho años), sorprende la fuerte disminución ocurrida en China. Sin este país, el consumo mundial se redujo en un 10% en ese periodo.
3. Argentina perdió participación
Otra respuesta a las menores exportaciones puede ser una menor participación argentina en las ventas externas totales de vinos. La comparación se realiza en cantidades e incluye también vinos a granel, que por sus grandes volúmenes y su carácter más esporádico generan fuertes oscilaciones en la serie argentina. La participación argentina muestra un patrón claro. A comienzos de siglo el país explicaba alrededor del 1,3% de lasexportaciones mundiales de vino; luego ganó mercado con fuerza y alcanzó un máximo cercano al 4,7% hacia fines de la década de 2000. Desde entonces, la tendencia general fue descendente, aunque con recuperaciones transitorias, hasta ubicarse en torno al 2,1% en 2025. Por lo tanto, Argentina no sólo enfrenta un mercado mundial menos dinámico: también capta actualmente una proporción mucho menor del comercio internacional que en sus mejores años.

En esta comparación, consideremos las ventas a dos de sus principales países clientes: EEUU (captura el 24% de las exportaciones de vino argentino) y Brasil (el 15%). Estados Unidos permite observar los dos componentes del problema. Sus importaciones de vinos fraccionados crecieron durante la primera parte del siglo, pero posteriormente perdieron dinamismo: considerando el primer semestre de cada año, esas importaciones cayeron 32% en once años. Al mismo tiempo, Argentina pasó de abastecer 1,8% de esas compras a comienzos de los años 2000 a un máximo de 8,2%, para luego descender casi continuamente hasta 3,7% en 2026. En consecuencia, la contracción del mercado estadounidense explica una parte de la caída, pero Argentina además perdió participación dentro de ese mismo mercado.
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Brasil presenta una situación diferente y, por eso, especialmente ilustrativa. Sus importaciones de vinos fraccionados muestran una fuerte tendencia expansiva: medidas en dólares descontando la inflación de Estados Unidos, pasan de unos USD 44 millones hacia fines de los años noventa a cerca de USD 299 millones en los primeros siete meses de 2026. Las ventas argentinas también crecieron, pero menos que el mercado. La participación del país alcanzó alrededor de 26% a mediados de los años 2000, descendió luego hasta cerca de 15% y se recuperó parcialmente hasta 19% en
2026. En este caso, no puede atribuirse la pérdida de participación a un mercado que se achicó: Brasil compró mucho más vino, pero Argentina no logró acompañar plenamente ese crecimiento.
4. El dólar ayuda, pero no explica todo
La segunda hipótesis apunta a un factor interno: la competitividad cambiaria. El gráfico presenta el tipo de cambio real, expresando los distintos valores históricos en pesos de julio de 2026. Cuanto mayor es el indicador, más caro resulta el dólar en términos reales y, en principio, mayor es la competitividad-precio de los exportadores argentinos.
Después de la salida de la Convertibilidad, el dólar real se encareció fuertemente y durante los años siguientes Argentina ganó participación en el mercado mundial de vinos. A medida que esa ventaja cambiaria se fue reduciendo, también comenzó a perder participación. En julio de 2026, el tipo de cambio real oficial se ubica alrededor de $1.537 a precios de ese mes: es más alto que en momentos de dólar muy barato, como 1996 o 2016, pero bastante menor que los niveles de los años posteriores a 2002, cuando el sector exportador mostraba una competitividad cambiaria excepcional.
Un dólar más barato implica costos más altos. No sólo laborales, sino también otros como los de logística, que tienen relevancia en el negocio vitivinícola.
A estos factores se agrega un cambio en la composición de la demanda. Referentes del sector señalan que el consumidor internacional muestra una mayor preferencia por blancos, rosados, productos más frescos, de menor graduación y nuevos formatos, mientras algunos tintos tradicionales de precio medio enfrentan una demanda más débil. Si la oferta argentina se adapta con mayor lentitud a esos cambios, puede perder participación aun sin un deterioro adicional del tipo de cambio.
5. Conclusión
La evolución de las exportaciones argentinas de vino no responde a una única causa.
Por un lado, el mercado mundial se ha debilitado: el consumo global y los volúmenes comercializados internacionalmente se encuentran por debajo de sus máximos recientes. Para Mendoza, esa menor demanda externa constituye un factor adverso que no depende de decisiones locales.
Pero esa explicación es incompleta. Argentina también perdió participación dentro del mercado mundial. Luego de haber alcanzado casi 5% de las exportaciones globales, actualmente ronda 2%. Los casos de Estados Unidos y Brasil refuerzan esta lectura: en el primero se combinan un mercado más débil y una pérdida de cuota argentina; en el segundo, el mercado creció con fuerza y aun así Argentina quedó por debajo de la participación que había logrado dos décadas atrás.
El tipo de cambio aparece como una parte importante de esta historia. La fuerte mejora del dólar real posterior a 2002 coincidió con un marcado aumento de la participación argentina, mientras que la posterior apreciación coincidió con una pérdida de terreno. Sin embargo, la correspondencia no es perfecta, por lo que no conviene atribuir toda la evolución al dólar: la competitividad del vino depende también de costos internos, logística, estrategia comercial y condiciones específicas de cada mercado.
En síntesis, los gráficos sugieren una respuesta intermedia a la pregunta inicial. Las exportaciones siguen al mundo, porque un mercado global más pequeño reduce las oportunidades de venta; pero también siguen a las condiciones de Argentina, porque el país puede ganar o perder participación dentro de ese mercado. El desafío para el sector es, entonces, doble: enfrentar una demanda mundial menos dinámica y, al mismo tiempo, recuperar competitividad para volver a captar una mayor porción de las compras internacionales.
Mirado de otra manera, el problema tiene dos partes: un mercado mundial menos dinámico y, dentro de ese mercado, una menor participación argentina. Recuperar exportaciones supone entonces no sólo vender más litros, sino también recuperar cuota y valor por litro. El tipo de cambio puede ayudar, pero también será importante adecuar la oferta a los cambios en la demanda, mejorar el posicionamiento comercial y reducir las desventajas de costos y logística.
¿Qué implica esto para las bodegas exportadoras?
• Brasil, prioridad comercial: es un mercado que crece y donde el problema no es la demanda sino la cuota; conviene concentrar ahí el esfuerzo comercial.
• Estados Unidos, a defender: es un mercado que se achica; la prioridad ahí es sostener participación, no necesariamente crecer en volumen.
• El tipo de cambio no es la única palanca: buena parte de la pérdida de cuota se explica por costos internos, logística y estrategia comercial, factores que cada empresa puede gestionar más allá del contexto cambiario.
Fuente: IERAL