Sorgo vs. maíz: la tecnología que puede transformar el grano en más carne y leche

El sorgo busca dejar atrás el papel de cultivo alternativo para convertirse en una herramienta estratégica dentro de los sistemas ganaderos y lecheros argentinos. La combinación de mejoramiento genético, nuevas tecnologías de procesamiento y mayor eficiencia en el uso del agua está abriendo una oportunidad para un cultivo que puede aportar kilos de carne y litros de leche con menores costos y mayor estabilidad productiva.

Ese fue uno de los principales ejes del taller estratégico realizado por Advanta, que reunió a referentes nacionales e internacionales de la cadena para analizar cómo destrabar el potencial nutricional y productivo del sorgo.

La jornada puso el foco en una cuestión central: no alcanza con producir más sorgo, sino que también hay que lograr que el animal pueda aprovechar mejor la energía contenida en el grano.

Un escenario internacional que favorece al sorgo argentino

El contexto internacional aparece como uno de los principales argumentos a favor del cultivo.

Según lo expuesto durante el encuentro, las perspectivas muestran un balance mundial de oferta ajustado, explicado principalmente por fuertes caídas productivas en algunos de los principales países productores.

Las proyecciones mencionadas durante el taller anticipan una reducción del 30% en la producción de Estados Unidos y del 16% en Australia, asociada principalmente a factores climáticos.

Argentina, en cambio, aparece con una perspectiva diferente: mayor producción y mayores saldos exportables.

En este escenario, China mantiene un papel determinante para el mercado argentino: el gigante asiático absorbe casi el 95% de los embarques locales de sorgo.

El precio internacional también juega a favor. De acuerdo con el análisis presentado, el valor del sorgo mantiene una fuerte correlación con el maíz, lo que le permite posicionarse como una alternativa competitiva dentro de los planteos agrícolas y ganaderos nacionales.

La genética busca achicar una enorme brecha productiva

Uno de los puntos destacados durante el encuentro fue el avance que experimentó la genética del cultivo.

El mejoramiento del sorgo registra una ganancia genética promedio de 38,5 kilos por hectárea por año durante las últimas décadas.

Sin embargo, todavía existe una brecha importante entre el potencial productivo y los resultados obtenidos a campo: actualmente se estima entre 60% y 70%.

Para reducirla, la investigación avanza sobre distintas tecnologías.

Entre ellas se encuentran aphix®, orientada a la tolerancia al pulgón amarillo; igrowth®, vinculada a la resistencia a herbicidas; y la tecnología BMR (nervadura marrón).

Esta última adquiere particular importancia en los sistemas ganaderos porque permite reducir el contenido de lignina y mejorar la digestibilidad de la fibra.

Sorgo BMR: una herramienta para los ambientes donde el maíz es más riesgoso

El interés por el sorgo también está relacionado con la necesidad de reducir riesgos productivos.

En los sistemas lecheros, donde los costos operativos vienen creciendo alrededor de 5% anual, la intensificación obliga a producir reservas forrajeras de manera cada vez más eficiente.

El silaje de maíz continúa siendo una de las principales herramientas utilizadas en las dietas, pero el sorgo aparece como una alternativa interesante especialmente en ambientes donde el cultivo de maíz presenta mayores riesgos.

Durante el taller se señaló que el sorgo BMR puede alcanzar rendimientos de hasta 35.000 kilos de materia verde por hectárea en ambientes donde el maíz tiene un comportamiento más riesgoso.

Así, además de aportar alimento, el cultivo permite diversificar riesgos, estabilizar las rotaciones y reducir el costo de producción de la materia seca.

El problema estaba dentro del grano

Pero existe un desafío nutricional que durante años limitó el aprovechamiento del sorgo: la digestibilidad de su almidón.

El Dr. Juan Manuel Piñeiro, de la Universidad de Texas, explicó que parte del almidón del sorgo se encuentra encapsulado por prolaminas, proteínas que dificultan su degradación en el rumen.

El problema aparece cuando una proporción demasiado importante del almidón llega al intestino sin haber sido degradada previamente en el rumen.

La capacidad de absorción intestinal es limitada y, cuando se supera ese límite, parte de ese almidón termina perdiéndose a través de la materia fecal.

Por eso, una de las claves para mejorar el aprovechamiento del cultivo consiste en aumentar la degradación ruminal del almidón y evitar pérdidas de energía en el comedero.

Una tecnología que logra quebrar más del 98% del grano

En ese punto apareció uno de los desarrollos tecnológicos más destacados presentados durante el workshop.

Lyndon Luckasson, ingeniero de Scherer Inc., explicó que el tamaño reducido del grano de sorgo representaba un problema para los procesadores tradicionales diseñados para maíz.

Después de una década de investigación, la empresa desarrolló un procesador específico para granos pequeños capaz de quebrar más del 98% del grano de sorgo.

El momento del procesamiento también resulta determinante.

Según los resultados presentados, trabajar en la ventana que va desde el pastoso tardío hasta el duro temprano permite modificar significativamente la disponibilidad del almidón.

Con el procesamiento convencional, la digestibilidad ruminal del almidón se ubicaba en torno del 25% al 35%.

Con la nueva tecnología, ese rango puede subir hasta 60%-74%, acercándose a los valores históricos del maíz, estimados en 75%-80%.

El impacto también pudo observarse en establecimientos comerciales, donde se registraron reducciones en el almidón fecal al incorporar el procesamiento específico.

Una inversión que busca pagarse con eficiencia

La tecnología también fue analizada desde el punto de vista económico.

Según lo presentado durante el workshop, el procesamiento adicional implica un costo aproximado de US$2,5 por tonelada.

Sin embargo, la mejora en el aprovechamiento nutricional permitiría reducir el uso de grano de maíz seco molido en las formulaciones.

Los números expuestos durante el encuentro estiman un retorno de entre US$2 y US$3 por cada dólar invertido en esta tecnología.

El dato resulta especialmente relevante en sistemas de producción donde el costo de alimentación representa uno de los principales componentes de la estructura económica.

Argentina prepara ensayos para medir el impacto

El desafío ahora es validar estas tecnologías bajo condiciones locales.

Durante la jornada se informó que una empresa estadounidense de maquinaria para ensilaje adquirió recientemente en Argentina un procesador específico para sorgo.

A partir de esa incorporación, se prevé avanzar con ensayos junto al INTA Rafaela, utilizando microsilos para medir con mayor precisión la digestibilidad ruminal del almidón en animales canulados.

El objetivo será trasladar los resultados observados en otros mercados a las condiciones productivas argentinas y cuantificar cuánto de ese potencial puede transformarse efectivamente en producción de carne y leche.

¿Puede el sorgo competir de igual a igual con el maíz?

La conclusión que dejó el encuentro apunta precisamente en esa dirección.

La combinación de genética BMR y tecnologías específicas de procesamiento y picado puede llevar al sorgo a un nivel de competitividad nutricional mucho más cercano al del maíz.

Pero la discusión no pasa únicamente por reemplazar un cultivo por otro.

El sorgo ofrece otras ventajas vinculadas con la estabilidad productiva, el uso del agua, la diversificación de las rotaciones y el costo de la materia seca.

En un escenario donde los sistemas ganaderos y lecheros necesitan producir más con recursos cada vez más caros y variables, esa combinación puede transformarlo en una herramienta estratégica.

El nuevo desafío: transformar el sorgo en más kilos y litros

El mensaje que atravesó el workshop fue claro: el futuro del sorgo no depende solamente de cuánto produce el cultivo por hectárea, sino de cuánto de esa producción consigue transformar el animal en carne o leche.

La genética permite mejorar el cultivo. El procesamiento permite liberar el potencial del grano. Y el manejo permite que esa energía llegue de manera más eficiente al animal.

Con un mercado internacional favorable, una demanda china consolidada y tecnologías que buscan acercar su aprovechamiento nutricional al del maíz, el sorgo empieza a ocupar un lugar diferente en la ecuación ganadera argentina.

Ya no se trata solamente de un cultivo para los ambientes donde el maíz no funciona.

La apuesta es convertirlo en una herramienta de eficiencia, competitividad y rentabilidad para producir carne y leche.