La carne vacuna se convirtió en uno de los principales dolores de cabeza para los consumidores estadounidenses y ahora Donald Trump decidió intervenir sobre el mercado con una medida de impacto directo sobre las importaciones: durante los próximos 90 días, Estados Unidos permitirá el ingreso sin aranceles de hasta 300.000 toneladas de carne destinada a la elaboración de carne molida.
El anuncio fue realizado este viernes por el presidente estadounidense a través de su plataforma Truth Social, en un intento por contener los precios de uno de los alimentos más sensibles para los consumidores y, al mismo tiempo, aliviar la tensión sobre un mercado ganadero que atraviesa una fuerte restricción de oferta.
La decisión adquiere además una dimensión política: el poder de compra de los estadounidenses es uno de los principales temas de preocupación de cara a las elecciones legislativas de medio término de noviembre.
“Durante los próximos 90 días Estados Unidos permitirá la importación de hasta 300.000 toneladas de producto destinado a carne molida sin arancel fuera de cuota”, anunció Trump.
El mandatario agregó que la medida permitirá reducir los precios para los consumidores mientras el país trabaja en la reconstrucción de su stock ganadero.
Carne más barata: el objetivo de Trump
El Gobierno estadounidense busca que la mayor disponibilidad de carne importada tenga un impacto rápido sobre los precios de la carne molida, uno de los productos de mayor consumo en Estados Unidos.
Trump aseguró que la carne que ingrese bajo este mecanismo será comercializada con una rebaja del 25% respecto de los precios de mercado.
El problema no es menor. Según los datos oficiales citados por AFP, en mayo los consumidores estadounidenses pagaban 15% más por un bistec que un año antes.
La evolución de los precios muestra una tendencia todavía más pronunciada si se toma una perspectiva más larga. De acuerdo con datos de la Reserva Federal estadounidense (Fed), la carne bovina pasó de cotizar por debajo de los US$4 por libra a comienzos de 2021 a casi US$6,90 en julio de este año.
En términos interanuales, el incremento ronda el 10%.
La situación coloca a la carne vacuna entre los alimentos que más presión ejercen sobre el bolsillo de los estadounidenses.
¿Por qué falta carne en Estados Unidos?
La medida anunciada por Trump no surge solamente como respuesta a una cuestión coyuntural de precios. Detrás existe un problema estructural: Estados Unidos tiene uno de los stocks ganaderos más bajos de las últimas décadas.
La reducción del rodeo limita la oferta doméstica y obliga al mercado estadounidense a recurrir cada vez más a las importaciones.
A esto se suman los mayores costos de producción. Energía, insumos y transporte impactan sobre los márgenes de los productores y frigoríficos.
También aparecen factores climáticos. Una sequía persistente durante los últimos años en importantes regiones productoras complicó la disponibilidad de alimento para los animales y contribuyó a reducir el tamaño del rodeo.
El resultado es una ecuación difícil: menos hacienda, menor producción doméstica y una demanda de carne que se mantiene elevada.
Estados Unidos se encuentra entre los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, con algo más de 23 kilos por habitante en 2025, según los datos de la OCDE citados en el informe.
Las importaciones ya ocupan un lugar récord
La dependencia del mercado internacional es cada vez mayor.
Según los datos de TradeInt incluidos en la información difundida por Infobae, las importaciones representarían aproximadamente el 17,34% del suministro total de carne bovina de Estados Unidos en 2026, el nivel más alto registrado hasta el momento.
Las proyecciones citadas estiman importaciones por alrededor de 5.525 millones de libras durante este año, un crecimiento del 3% frente al año anterior.
En paralelo, la producción doméstica podría caer hasta unas 25.735 millones de libras, aproximadamente un 1% menos.
Es justamente ese desbalance entre producción interna y demanda el que abre espacio para que los proveedores internacionales ganen participación.
¿Qué países podrían aprovechar la medida?
Trump no especificó qué países serán los encargados de abastecer las 300.000 toneladas liberadas de aranceles.
Sin embargo, el ranking de proveedores muestra quiénes tienen actualmente una posición relevante dentro del mercado estadounidense.
Durante el primer trimestre de 2026, según los datos de TradeInt citados por Infobae:
| País | Exportaciones de carne bovina a EE.UU. | Participación |
|---|---|---|
| Australia | US$935,4 millones | 19,43% |
| Nueva Zelanda | US$680,25 millones | 14,13% |
| Brasil | US$495,44 millones | 10,29% |
| Panamá | US$303,86 millones | 6,31% |
| Colombia | US$301,32 millones | 6,26% |
| Argentina | US$105,52 millones | 2,19% |
El dato es particularmente relevante para Argentina porque nuestro país aparece entre los proveedores del mercado estadounidense, aunque todavía muy por detrás de Australia, Nueva Zelanda y Brasil.
La categoría predominante es la carne bovina deshuesada congelada, que tiene como uno de sus principales destinos la elaboración de carne molida.
Por eso, la decisión de Trump puede generar oportunidades para aquellos países con capacidad de abastecer rápidamente ese segmento.
Argentina, otra vez en el radar
Para la cadena argentina, el anuncio merece especial atención.
Estados Unidos es un mercado de alto poder adquisitivo y con una demanda significativa de carne para molienda. La posibilidad de ingresar temporalmente con una ventaja arancelaria puede modificar la ecuación comercial para algunos proveedores.
Además, Trump ya había tomado medidas durante este año para facilitar el ingreso de una mayor cantidad de carne vacuna argentina al mercado estadounidense, mediante una ampliación de los cupos de importación sin arancel.
La nueva decisión, sin embargo, tiene una diferencia importante: el anuncio no establece qué origen tendrá la carne que ingresará bajo las 300.000 toneladas adicionales.
Por eso, todavía no puede afirmarse qué volumen podría corresponder a Argentina.
Lo que sí muestra la medida es que Estados Unidos necesita carne importada para complementar una producción doméstica que no alcanza para abastecer su demanda al nivel actual de precios.
México también vuelve a entrar en escena
La estrategia de Washington para aumentar la oferta no se limita a la carne procesada.
A finales de julio, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos anunció la próxima reanudación de las importaciones de ganado mexicano, después de una suspensión de más de un año relacionada con las medidas para combatir un parásito.
México había exportado algo más de 1 millón de cabezas de ganado hacia Estados Unidos durante 2024, según las estimaciones citadas por AFP.
La combinación de ambas medidas —más ganado desde México y mayor disponibilidad de carne importada— apunta al mismo objetivo: incrementar la oferta y contener los precios internos.
Trump también apunta contra los grandes frigoríficos
El conflicto por los precios de la carne tiene otro capítulo: la relación entre los grandes frigoríficos y los productores ganaderos.
Desde hace meses, Trump viene cuestionando a las principales compañías procesadoras de carne de Estados Unidos, a las que acusa de aplicar prácticas anticompetitivas que perjudican tanto a los productores como a los consumidores.
A fines de 2025, el Departamento de Justicia inició una investigación sobre las cuatro empresas más importantes del sector:
- JBS
- Cargill
- Tyson Foods
- National Beef
Según la información difundida, estas compañías concentran alrededor del 85% del mercado estadounidense.
La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, volvió a poner el foco sobre la estructura de propiedad de algunas de estas empresas y cuestionó la presencia de capitales extranjeros.
El caso más destacado es el de JBS y National Beef, vinculadas a inversores brasileños.
Brasil también había sido beneficiado por medidas arancelarias
La política comercial de Trump suma otra pieza al rompecabezas.
Washington había eliminado previamente determinados aranceles adicionales que afectaban a productos agrícolas provenientes de Brasil, entre ellos carne bovina, café y tomates.
La decisión se inscribe en una política más amplia de flexibilización selectiva de algunos gravámenes ante el impacto que las medidas arancelarias generalizadas estaban teniendo sobre los precios internos.
En el caso de la carne, el problema es particularmente sensible porque el mercado estadounidense tiene una enorme demanda y una oferta doméstica limitada por el ciclo ganadero.
Una medida con impacto comercial y político
La decisión de liberar hasta 300.000 toneladas de carne para molienda durante 90 días tiene una doble lectura.
Por un lado, es una respuesta concreta a un problema económico: los estadounidenses están pagando cada vez más por la carne y el Gobierno busca aumentar la oferta disponible para moderar los precios.
Pero, por otro, llega en un momento político particularmente sensible.
Las elecciones legislativas de medio término de noviembre están cada vez más cerca y el costo de los alimentos es uno de los factores que más incide sobre la percepción de los consumidores respecto de la economía.
Trump busca así atacar uno de los productos más visibles de la inflación alimentaria estadounidense.
El desafío será determinar si 300.000 toneladas adicionales alcanzan para generar un impacto significativo sobre los precios y, fundamentalmente, quiénes serán los países que finalmente ocuparán ese espacio.
Para Argentina, el movimiento de Washington abre una posibilidad interesante: un mercado estadounidense que necesita carne y que está dispuesto, al menos temporalmente, a reducir las barreras de ingreso para conseguirla.
Pero todavía falta conocer el dato clave: cuánto de esa nueva demanda podrá capturar la carne argentina.