En el marco del 34.° Congreso Aapresid, los máximos referentes de los institutos nacionales de investigación agropecuaria del Cono Sur participaron del panel “INIAs Cono Sur: cómo escalar la innovación que el agro necesita”, un espacio de debate centrado en los desafíos que enfrentan los sistemas de ciencia y tecnología para responder a las nuevas demandas del sector productivo.
Del encuentro participaron Silvia Massruhá, presidente de Embrapa (Brasil), Carlos Furche, director nacional del INIA Chile; Miguel Sierra, presidente del INIA Uruguay, Orlando Noldin, director general de Programas de Investigación del IPTA (Paraguay) y Nicolás Bronzovich, presidente del INTA (Argentina). La moderación estuvo a cargo de María Beatriz “Pilu” Giraudo, presidente del Senasa.
A lo largo del intercambio, los referentes coincidieron en que el fortalecimiento de los sistemas regionales de investigación y desarrollo requiere mucho más que generar nuevas tecnologías. Consideraron imprescindible consolidar alianzas institucionales, ampliar la cooperación entre países, incorporar al sector privado como socio estratégico y desarrollar mecanismos de financiamiento que permitan acelerar la transferencia del conocimiento hacia los productores.
Al abrir el panel, Giraudo planteó que la producción agropecuaria enfrenta un escenario de creciente complejidad, marcado por una demanda cada vez más cambiante y por la aceleración de los avances científico-tecnológicos. En ese contexto, destacó que uno de los principales desafíos es diseñar estrategias de largo plazo sin perder capacidad de respuesta frente a un escenario de alta incertidumbre. También remarcó el valor de que los cinco institutos nacionales trabajen sobre una agenda común.
Por su parte, Massruhá sostuvo que la agricultura actual es mucho más compleja que la de hace cinco décadas. Explicó que, además de producir alimentos, fibras y energía, hoy está vinculada con la salud, la gastronomía y el turismo, lo que amplía significativamente las demandas sobre los sistemas de innovación. En ese marco, señaló que el principal desafío ya no consiste únicamente en generar tecnología, sino en lograr que llegue al productor, sea adoptada y permita medir su impacto.
La presidente de Embrapa destacó, además, que las instituciones de investigación de la región cuentan con un legado construido a partir de la transformación de la agricultura de sus países y consideró que la utilización de datos, inteligencia artificial y herramientas digitales permitirá avanzar hacia una agricultura más predictiva, sostenible y regenerativa, integrando información a lo largo de toda la cadena productiva.
Por su parte, Bronzovich afirmó que el INTA atraviesa un proceso de transformación orientado a alinear su agenda con las demandas del sector productivo. Señaló que hoy son las cadenas de suministro, la transformación digital, la velocidad del cambio tecnológico y las nuevas exigencias del mercado las que marcan las prioridades de investigación.
En ese sentido, el presidente del INTA consideró que los institutos de investigación están dejando de ser únicamente ejecutores de proyectos para convertirse en plataformas donde la innovación ocurre mediante la articulación entre múltiples actores. Según explicó, el objetivo es acelerar la generación de soluciones que aumenten la productividad, reduzcan costos y disminuyan el impacto ambiental, contribuyendo al crecimiento económico de los países.
También resaltó el papel del Procisur como ámbito de construcción de agendas compartidas entre los cinco países del Cono Sur, aunque advirtió que la velocidad actual de la innovación exige profundizar aún más la integración regional. En esa línea, sostuvo que ya no alcanza con contar con instituciones de excelencia de manera individual, sino que es necesario construir redes de excelencia entre organismos de investigación que posicionen a la región como referente global en innovación agropecuaria.
Asimismo, Bronzovich señaló que la creciente participación del sector privado en los sistemas de innovación constituye una tendencia irreversible y positiva. A su juicio, el desafío pasa por fortalecer la articulación, compartir recursos y construir proyectos conjuntos que permitan aprovechar las capacidades instaladas en cada país.
Desde Uruguay, Sierra coincidió en que el objetivo debe ser desarrollar tecnologías capaces de transformar la realidad de los productores y de la sociedad. Para ello, sostuvo que se requiere un enfoque integral que combine extensión y transferencia tecnológica modernas con el uso de herramientas digitales e inteligencia artificial.
A su vez, Sierra advirtió que aparecen nuevos desafíos vinculados con la gobernanza de plataformas, la propiedad intelectual y el intercambio de datos, aspectos que deberán resolverse para consolidar ecosistemas regionales de innovación. En ese marco, destacó que el Procisur ya funciona como una plataforma de colaboración donde los países no solo comparten información y capacidades, sino que también desarrollan tecnologías y proyectos conjuntos.
A su turno, Furche señaló que la creciente demanda mundial de alimentos obliga a producir más utilizando menos agua, menos suelo y enfrentando una mayor inestabilidad climática. Frente a ese escenario, sostuvo que la investigación y la innovación constituyen la principal respuesta.
El director del INIA Chile afirmó que cada país posee prioridades propias, aunque existen numerosos desafíos comunes que justifican el trabajo conjunto. Consideró fundamental definir las agendas de investigación junto al sector productivo y aprovechar herramientas como la inteligencia artificial, la ingeniería genética y las nuevas tecnologías para acelerar los procesos de innovación.
Además, Furche destacó la importancia de fortalecer tanto la cooperación público-privada como la cooperación entre instituciones públicas de la región. Según explicó, la diversidad productiva de América Latina exige comprender mejor las demandas de cada territorio y construir respuestas coordinadas, una tarea en la que el Procisur cumple un rol estratégico. También coincidió con Bronzovich en la necesidad de profundizar el intercambio de conocimiento, recursos genéticos y capacidades científicas entre los países.
En representación de Paraguay, Noldin explicó que el IPTA inició un proceso de reestructuración estratégica para responder a las nuevas demandas del sector. Indicó que, frente a las crecientes dificultades para acceder a financiamiento externo, la institución impulsa una reingeniería operativa basada en sus propios equipos técnicos y en el fortalecimiento de alianzas institucionales. El objetivo, señaló, es generar respuestas más ágiles a los principales desafíos productivos y sociales mediante el trabajo articulado y la cooperación técnica entre organismos.