En un contexto en el que la eficiencia productiva y la adaptación de los animales a sistemas pastoriles cobran cada vez mayor relevancia, la Asociación Argentina de Criadores de Hereford junto con INTeA y 15 cabañeros —en el marco de un convenio— llevaron adelante la 6.ª Prueba Pastoril Hereford Bonaerense Sudeste y 3.ª Jura Fenotípica. La experiencia se desarrolló en Colonia Ortiz Basualdo, en el sudeste bonaerense, y reunió a 40 toritos provenientes de establecimientos de las provincias de Buenos Aires y La Pampa.
La iniciativa es fruto del trabajo conjunto entre la Asociación Argentina de Criadores de Hereford, la Zonal Hereford Bonaerense Sudeste, el INTA, INTeA, las cabañas participantes y empresas vinculadas al sector. De la presentación participaron Nicolás Bronzovich —presidente del INTA—, Alejandro de La Tour —presidente de la Asociación Argentina de Criadores de Hereford—, Fernando López —gerente de INTeA—, Lisandro Butler —director de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA en la Cuenca del Salado—, entre otros representantes del sector.
El objetivo consistió en evaluar cómo es la performance productiva de los reproductores de diferentes orígenes genéticos cuando son sometidos a las mismas condiciones de alimentación, sanidad y manejo.
“Es una prueba donde distintos animales de cabañas de la Asociación Hereford se someten a un mismo ambiente productivo y se evalúa su comportamiento mediante distintos parámetros”, explicó Lucas Vagnoni —coordinador de Investigaciones y Desarrollo del INTA Cuenca del Salado— quien señaló que se logró mostrar que existen animales que se destacan simultáneamente por su eficiencia y por su desempeño en este tipo de ambiente productivo.
La iniciativa constituye una herramienta para difundir las aptitudes de la raza Hereford en ambientes pastoriles característicos de la Cuenca del Salado, una de las principales regiones ganaderas del país. “El objetivo es mostrar cómo se comportan estos animales a campo, con recursos forrajeros reales y en sistemas productivos factibles de implementar en la región”, detalló Vagnoni.
Durante el encuentro, Bronzovich destacó que la prueba pastoril constituye mucho más que una instancia de evaluación entre reproductores, ya que representa un espacio concreto de generación de conocimiento e innovación para la ganadería.
En ese sentido, señaló que la información obtenida a partir de estas experiencias se transforma en una herramienta estratégica para la toma de decisiones en un contexto global marcado por una creciente demanda de proteínas de calidad, mayores exigencias en materia de eficiencia, bienestar animal, trazabilidad y sustentabilidad, y una acelerada incorporación de tecnologías como la genética avanzada, la digitalización y la inteligencia artificial.
A su juicio, el INTA del siglo XXI no será el protagonista de la innovación; será quien logre que toda la comunidad de innovadores sea protagonista. Bronzovich también remarcó que, para aprovechar ese escenario, resulta indispensable contar con instituciones capaces de innovar al mismo ritmo que lo hace el sector productivo.
En tanto, La Tour señalo la importancia de trabajar junto al INTA y de fortalecer la articulación para impulsar la innovación en la ganadería. Y destacó la sinergia para llevar adelante la sexta prueba pastoril bonaerense desarrollada en conjunto orientada a identificar líneas genéticas capaces de producir más utilizando menos recursos.
Para La Tour, este tipo de experiencias sólo son posibles gracias al compromiso de las instituciones y de los criadores que deciden participar y compartir información. Más de 50 cabañas han pasado por estas pruebas a lo largo de los años, confiando en una propuesta que va mucho más allá de una competencia entre reproductores.
En este sentido, reconoció la importancia de generar conocimiento colectivo, intercambiar experiencias y difundir las virtudes de una raza que ha demostrado una gran adaptación a los sistemas productivos argentinos y, en particular, a la Cuenca del Salado.
Por su parte, López destacó que esta experiencia demuestra el valor de la articulación como herramienta para generar conocimiento aplicado y soluciones concretas para el sector ganadero.
Para López, trabajar con la Asociación Argentina de Criadores de Hereford permitió construir una hoja de ruta común y llevar adelante una demostración que involucró también a productores privados. Lo que reconoció como un desafío importante, porque requería que los cabañeros confiaran sus animales al equipo técnico del INTA y acompañaran un proceso de evaluación que demandó seguimiento y comunicación permanente durante toda la prueba.
De acuerdo con Butler, esta prueba pastoril tiene una enorme importancia porque permite poner a disposición de los productores y de las asociaciones de criadores la infraestructura y las capacidades técnicas de nuestros campos experimentales.
Indicó que la Cuenca del Salado cuenta con la capacidad para el desarrollo de investigación, experimentación y actividades de vinculación con el sector privado para construir sistemas de soporte a la toma de decisiones. Y que las demandas no se definen de manera unilateral, sino que se construyen junto con los productores, las asociaciones y las empresas.
Evaluación en sistemas productivos reales
Los animales ingresaron a la prueba con alrededor de 15 meses de edad y permanecieron unos 240 días bajo un sistema de recría pastoril. Durante ese período fueron alimentados principalmente con pasturas, complementadas con verdeos de sorgo durante el verano y nuevamente pasturas en otoño.
“Esta experiencia busca medir el desempeño de los animales en condiciones productivas reales”, indicó Vagnoni quien aclaró que esta es una manera de evaluar toros a pasto y ver cómo se comportan.
Para ello, los técnicos realizaron pesadas periódicas cada 45 días aproximadamente, con el fin de determinar la ganancia diaria de peso. Además, se efectuaron evaluaciones fenotípicas, controles sanitarios, estudios de calidad seminal y análisis de calidad de carcasa mediante ecografía.
“Las mediciones permiten construir un ranking final de desempeño en el que se combinan variables productivas, reproductivas y morfológicas”, explicó el especialista del INTA quien detalló que se busca identificar animales con potencial mejorador para los rodeos comerciales.
Uno de los aspectos centrales de la prueba es que todos los animales compiten en igualdad de condiciones. De esta manera, “las diferencias observadas pueden atribuirse a la capacidad individual de cada toro para expresar su potencial productivo”, aseguró Vagnoni.
A lo largo del proceso se realizan tres juras fenotípicas en las que especialistas analizan características raciales, conformación estructural, aplomos, desplazamiento y desarrollo general de los reproductores.
Sin embargo, Vagnoni destacó que la evaluación no se limita a la apariencia externa. La ganancia de peso, la calidad seminal y las características de la carcasa tienen una ponderación específica dentro del resultado final. “La prueba pastoril no reemplaza a los programas de evaluación genética que utilizan herramientas como los DEPs (Diferencias Esperadas en la Progenie) o la genómica; al contrario, la prueba funcional aporta información sobre su desempeño individual en condiciones productivas concretas”, indicó.
Tras ocho meses de seguimiento, Vagnoni destacó el balance positivo de la experiencia y el valor del trabajo articulado entre instituciones públicas y privadas para generar información objetiva que contribuya a la mejora de los sistemas ganaderos.