El Interior dinámico crece: ¿cuánto empleo puede recibir?

Del otro lado, aparecen sectores con fuertes inversiones anunciadas o en ejecución: Vaca Muerta, minería, energía y algunos complejos exportadores regionales. A diferencia de la industria más tradicional, estos proyectos están localizados en provincias con recursos naturales específicos: Neuquén, San Juan, Catamarca, Salta, Santa Cruz y otras jurisdicciones del Interior.

Ese contraste abre una pregunta relevante: ¿cuánto empleo podrá absorber ese Interior más dinámico? Y, asociado a eso, ¿cuán probable es que una parte significativa de los trabajadores se traslade desde las grandes áreas urbanas hacia esas provincias? Para evaluarlo conviene mirar dos factores: la capacidad real de crear empleo y la disposición efectiva de las personas a mudarse.

Capacidad para incrementar el empleo

El punto de partida es favorable. Si los proyectos se concretan, demandarán empleo directo durante la construcción y la operación, y también empleo indirecto en proveedores y servicios profesionales, entre otros. Además, aparecerá empleo inducido en comercio, vivienda, educación, salud y otros servicios urbanos asociados al mayor ingreso local.

De todos modos, la magnitud nacional del fenómeno debe ser puesta en perspectiva. Minería, petróleo, gas y energía son sectores muy intensivos en capital: demandan inversiones enormes, pero no generan empleo directo en la misma proporción. Por ahora, los proyectos anunciados (varios de los cuales han sido aprobados bajo el RIGI) comprometen más de USD 22 mil millones y, según la información disponible, crearían casi unos 50 mil empleos directos.

Si se aplicaran multiplicadores tipo CAEM (un empleo directo genera tres indirectos) u otros más optimistas (uno a cinco), el impacto total podría ubicarse entre 200 mil y 300 mil puestos. Para las provincias receptoras puede ser un cambio importante; para el mercado laboral nacional, en cambio, sigue siendo un fenómeno relevante pero limitado (casi un 5% del empleo formal registrado o 1,4% del empleo total).

Un antecedente útil es Neuquén, con Vaca Muerta, que ha tenido un impacto laboral visible: desde el inicio de su explotación no convencional, el empleo privado registrado provincial aumentó con fuerza, un 40% en una década. Impresionante. ¿Y en cantidad? 40 mil empleos; un número no tan elevado a nivel nacional.

Otro caso es el de Chile. Es una economía fuertemente minera y la minería es clave para sus exportaciones, inversión y divisas. Sin embargo, el empleo minero directo representa una fracción reducida del empleo total. Aun sumando el empleo indirecto, el peso laboral del sector sigue siendo bajo en relación con el conjunto de ocupados. Es decir, un sector puede ser decisivo para el crecimiento y las divisas, pero no necesariamente absorber una gran masa de trabajadores.

Disposición a mudarse al Interior

La segunda cuestión es si los trabajadores y sus familias están dispuestos a mudarse. Migrar tiene costos económicos, familiares y sociales.

Además, la tendencia mundial juega en sentido contrario a una migración masiva hacia zonas periféricas. La población y la actividad tienden a concentrarse en grandes ciudades, donde hay mercados más grandes, servicios especializados y redes profesionales. En Argentina, la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense conservan esas ventajas de escala, aun cuando algunos sectores industriales pierdan dinamismo.

Por eso, la migración hacia el Interior probablemente sea selectiva. Se moverán con más facilidad trabajadores jóvenes, técnicos y profesionales experiencia en actividades vinculadas a esos proyectos. En cambio, será más difícil una mudanza masiva de trabajadores con menor calificación, familias arraigadas o perfiles laborales menos compatibles con los nuevos proyectos.

La experiencia internacional muestra que el crecimiento de regiones mineras puede atraer trabajadores, pero no siempre implica mudanzas definitivas. En Australia, durante el boom minero, parte importante de la demanda laboral en zonas alejadas se cubrió con trabajadores que viajaban al yacimiento durante varios días o semanas y luego regresaban a su lugar de residencia. Chile ofrece una experiencia parecida: en Antofagasta, corazón de la minería chilena, una parte de los trabajadores proviene de otras regiones y se desplaza en sistemas de turnos.

Para Argentina, la lección es clara: aun si Neuquén, San Juan, Catamarca, Salta o Santa Cruz generan más empleo, una parte de esa demanda podría cubrirse con migración temporaria o rotación laboral, sin que necesariamente aumente en la misma proporción la población residente.

Conclusión

La hipótesis de una mayor migración laboral hacia el Interior es razonable, pero acotada. Habrá provincias y ciudades ganadoras, mayor demanda de trabajadores y más migración selectiva. Pero el salto no será automático ni necesariamente masivo.

Una posible consecuencia es la ampliación de las brechas salariales entre provincias. Si las inversiones avanzan con fuerza, pero la movilidad poblacional es baja, las provincias dinámicas podrían enfrentar mayor escasez relativa de trabajadores y, por lo tanto, salarios más altos. Algo de eso ya se observa actualmente en las provincias patagónicas con fuerte peso petrolero y minero, que aparecen entre las de mayores remuneraciones privadas del país, bastante por encima de varias provincias del norte y del Interior tradicional. A favor, una mayor brecha podría generar una mayor movilidad.

En resumen, el Interior dinámico puede ayudar a reordenar el mapa productivo argentino, generar divisas, atraer inversiones y transformar economías provinciales. Los grandes proyectos son una condición importante, pero no suficiente. Pueden generar empleo de calidad y dinamizar proveedores, pero difícilmente actúen como una válvula de absorción inmediata para el empleo que no genera el resto de la economía.

La clave estará en que ese impulso se extienda hacia otros sectores con mayor capacidad de generar puestos de trabajo. Allí puede estar la diferencia entre tener enclaves productivos exitosos y construir un verdadero proceso de desarrollo regional.

Por Jorge Day - Responsable de la sección Regional
Fuente: IERAL