Catamarca, Córdoba y Corrientes: 3 empresas que agregan muchísimo valor al Maíz con innovación en sus modelos de gestión

Agropecuaria Mistol Ancho es una empresa familiar dedicada a los agronegocios, ubicada en Los Altos, Catamarca, que hoy tiene más de 24.000 hectáreas: explota 12.000 agrícolas —5.000 bajo riego—, 8.000 ganaderas y las 4.000 restantes son de bosque nativo protegido. Cristian Bartolucci, gerente general de la empresa, sostuvo que siempre, desde que su padre compró el campo en 1989, la innovación fue el norte de la empresa.

El empresario conceptualizó la innovación como método de gestión, en tres dimensiones: la eficiencia operativa, la gestión del riesgo y la captura de oportunidades.

"Uno de los hitos más importantes en la historia de Mistol Ancho en términos de innovación fue la incorporación del riego. Se instaló el primer equipo en 1997, y fue el primer círculo de la principal cuenca de riego del norte argentino, que hoy tiene entre 20.000 y 30.000 hectáreas entre 10 productores de la zona", afirmó Bartolucci. "Hoy gran parte de las actividades de la empresa orbitan alrededor del riego", por lo que considera que ha definido su identidad.

Mistol Ancho produce semillas de maíz, soja, trigo, cultivos de servicio, pasturas y ganadería, hace poco incorporó alfalfa, y también produce energía solar para autoconsumo de riego desde hace varios años. Bartolucci destacó que la empresa ha crecido fuertemente desde su nacimiento. "Hace 10 años facturábamos casi diez veces menos que lo que facturamos hoy, teníamos menos actividades; nos hemos diversificado y hemos producido más".

El empresario detalló que dos de las principales actividades de la empresa en términos de facturación y renta giran en torno del maíz, y que apostaron a una integración estratégica del maíz como vínculo entre la producción de semillas híbridas y la ganadería intensiva. Además, explicó cómo la producción de proteína animal a través del feedlot "Chañar Laguna", con 6.500 animales, aprovecha los productos de las otras actividades de la empresa a partir de los descartes de semillas y pasturas. "Para generar circularidad y sinergia con muchas de las actividades de la empresa, la ganadería ha resultado una gran solución", detalló Bartolucci.

Bartolucci explicó que, a partir del brote histórico de la chicharrita y la enfermedad del spiroplasma hace un par de campañas atrás, que hizo perder un 20% de la cosecha nacional, vieron una oportunidad. "Uno de los métodos más efectivos para moderar el daño de la chicharrita terminó siendo usar genética adaptada a la zona, maíces con 'sangre' tropical, que es más eficiente en la región", detalló Bartolucci.

Hoy la empresa cuenta con 3.500 hectáreas de producción de semillas de maíz bajo riego en un ambiente controlado, que asegura sanidad y pureza genética en la estación seca del NOA. En tanto, trabajan para el año que viene en una planta de procesamiento como una inversión estratégica para consolidar al NOA como núcleo semillero.

Como otro hito de innovación, el gerente de Mistol Ancho detalló cómo utilizan paneles solares para acumular agua: en época de oferta solar, pero sin consumo del cultivo, extraen agua y la almacenan en una represa que contiene 70.000 m3 para cuando lo requieran los cultivos. Por otro lado, plantearon un ecosistema integrado, fortaleciendo las sinergias entre agricultura tecnificada y ganadería.

Pablo Mussat, director de Full Corn, empresa fundada en Río Cuarto, repasó el recorrido de la firma, nacida de la unión de tres familias —Primo, Costa y Mussat— que, a partir de su participación en un grupo CREA, identificaron objetivos comunes vinculados a la transformación del maíz y la búsqueda de calidad. "Vamos a hacer un producto que llegue a la góndola", fue la premisa inicial que guió el proyecto, explicó Mussat. Sin embargo, el paso de la producción primaria a la industria implicó un proceso de aprendizaje: "Veníamos del mundo del campo y sin experiencia en la industria, y nos dimos cuenta de que lo principal era empezar a generar clientes; no podíamos poner máquinas si no teníamos a quién venderle".

En ese camino, comenzaron con un esquema acotado: "Alquilamos un molino, empezamos haciendo pocas toneladas y nos dimos cuenta de que no éramos tan eficientes, así que decidimos armar una propuesta propia y diseñar nuestro propio molino". A partir de esa reconversión, la empresa llega a procesar hoy entre 300 y 400 toneladas mensuales.

Mussat describió el proceso productivo completo: "Empezamos en el campo, cosechamos, llevamos el maíz a la planta, lo limpiamos, lo clasificamos, lo desgerminamos y lo pasamos al molino". A partir de allí, producen distintas granulometrías para generar distintos productos: "Los de mayor valor son los de consumo humano, como trozos para copos, sémolas para extrusión —de donde salen snacks— y polenta; el producto menos valioso es el que menos queremos obtener".

El ejecutivo advirtió sobre las exigencias de la materia prima: "No todo el maíz sirve; necesitamosiduros colorados, con buen pH y baja humedad. Solo entre 10 y 15% del maíz de la zona cumple esas condiciones". En paralelo, remarcó otros desafíos: "Pasar del campo a la industria implica aprender a sostener calidad, y cumplir con los parámetros microbiológicos, además de lograr eficiencia", detalló

De cara al futuro, Mussat detalló los objetivos concretos que tienen para los próximos 3 a 5 años: "Estamos consolidando exportaciones, como un contenedor a República Dominicana; queremos que al menos el 50% de nuestros productos sea para el mercado internacional". También apuntan a crecer en capacidad productiva —de 400 a 1.200 toneladas— y fortalecer su presencia en góndola. "Nos hemos comido algunos palos, pero bueno, hoy nos sentimos mucho más que preparados para darle una rentabilidad sostenida al producto, y es el objetivo", concluyó.

En el cierre del panel, Christian Jetter, gerente de COPRA SA, presentó el modelo productivo de la empresa, radicada en Mercedes, Corrientes. Como eje central, planteó la integración entre actividades: "Nuestro desafío es integrar el maíz y el arroz", afirmó, y agregó que "siempre fue integrar la ganadería y el arroz", en un esquema que combina ambas producciones dentro de un mismo sistema.

La empresa, de capitales argentinos y con más de 40 años en la provincia mesopotámica, administra más de 60.000 hectáreas propias, a las que suman 6.000 arrendadas. "Estamos en el negocio del arroz y la ganadería haciendo manejo sustentable eficiente y tratando de complementar ambas actividades", señaló Jetter. En ese marco, producen alrededor de 10.000 a 12.000 hectáreas de arroz y manejan unas 40.000 cabezas de ganado dentro del mismo establecimiento.

En relación con el sistema arrocero desarrollado por la empresa, explicó que cuentan con ocho represas construidas a lo largo de más de tres décadas, cada una con 500 hectáreas, alimentadas todas por agua de lluvia, con estaciones de bombeo y una red de canales que atraviesa el campo: "La última chacra está a 40 km, por eso hay que prender la bomba tres o cuatro días antes para que el agua llegue al final", indicó, y remarcó la importancia de almacenar agua frente a períodos de abundancia y sequía. La producción alcanza unas 80.000 toneladas anuales, de las cuales el 95% se exporta a más de diez países, principalmente a Europa, con productos diferenciados como arroz carnaroli, ideal para risotto, o arroz bomba, para la paella.

Jetter destacó que la empresa realiza un proceso integrado que incluye producción, secado, almacenamiento, elaboración y exportación. "Nosotros producimos y exportamos, no hay un trader que nos haga la exportación de arroz", contó, al tiempo que subrayó la necesidad de diferenciarse del commodity: "El arroz hay que venderlo, se consume poco en la Argentina y hay que tener el mercado". En este sentido, sostuvo que la integración vertical fue clave para sostener la actividad. "La palabra innovación es prácticamente el aire que respiramos, todo el tiempo estamos tratando de innovar y eso nos permitió crecer y mantenernos", explicó.

En ganadería, la firma hace ciclo completo, con cabaña, cría, recría y engorde, con 14.000 vientres comerciales, 20.000 de recría de hembras y machos, y 6.000 novillos terminados cada año.

En cuanto al desarrollo del maíz, explicó que el objetivo fue integrarlo al sistema ganadero y arrocero, aunque con dificultades iniciales. "Sabíamos que el maíz nos iba a abrir una llave para nuestra ganadería, pero nos costó mucho producirlo en escala y en forma rentable", indicó. Tras múltiples intentos en secano, en riego por manto, en pivot, adoptaron desde hace diez años un sistema de riego por surco con un equipo que prácticamente inventaron ellos mismos, con un productor metalúrgico de la zona: "Aprendimos que el riego por surco no debe superar los 400 metros y que el maíz no debe estar más de 48 horas con agua; riego por módulos, acompañar el surco por la pendiente", enumeró y agregó que cada dos surcos de maíz uno lleva agua.

Finalmente, el gerente de COPRA SA remarcó el impacto de la integración en el sistema productivo. "El gran cambio ha sido poder transformarlo en proteína animal", sostuvo. Explicó que el uso del maíz permitió aprovechar subproductos del arroz, y que hoy tiene un valor estratégico y les permitió fortalecer la ganadería. En ese contexto, destacó el potencial de la provincia: "El 80% del maíz que consume Corrientes se importa de otras provincias, fundamentalmente de Chaco y Entre Ríos", dijo, y concluyó que "la oportunidad para dar de comer es innumerable y siempre con un precio que no descuenta, que premia".