La inserción en el mercado internacional arranca en el lote: lo que se pierde y lo que se arriesga en maíz y sorgo si no se cumplen las exigencias sanitarias

Alberto Morelli, coordinador del Foro Institucional Argentino de GPS, destacó que la competitividad global se construye en equipo, y si la Argentina quiere ganar mercados precisa una estrategia en la que el Estado aporte su bagaje técnico, en lo que destacó el trabajo de la Secretaría de Agricultura y la Cancillería, así como también requiere de la inteligencia comercial de las propias empresas. "Y necesitamos una cadena productiva que esté alineada con las normativas y exigencias de la demanda, en todos los eslabones", recalcó en la apertura del panel "El desafío de la inserción internacional en un contexto incierto y volátil", en el Congreso Maizar 2026.

Santiago Bonifacio, director de Cooperación y Articulación Internacional de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, describió la amplia agenda de trabajo para "construir competitividad hacia adelante", teniendo en cuenta el complejo escenario internacional que afectó al mercado de fertilizantes y en el que hay nuevas reglamentaciones de la Unión Europea.

El objetivo, dijo, es aumentar las exportaciones en cantidad y diferenciación por atributos de valor, y convertirse en un proveedor mundial confiable de alimentos y servicios del sector agropecuario. En 2025, contó, la Secretaría de Agricultura recibió a 22 delegaciones extranjeras y visitó 9 países, siempre trabajando en agendas de cooperación y asistiendo a eventos internacionales para exponer la visión y posicionamiento del sector agropecuario argentino junto al sector privado, lo que incluyó varias negociaciones de reapertura sanitaria, en cuyo contexto la Argentina fue sujeto de 19 auditorías técnicas, y la Secretaría llevó a cabo 12 negociaciones comerciales "para aumentar las exportaciones y generar nuevas oportunidades".

Concluido el acuerdo con la Unión Europea, sigue el trabajo de su implementación y también las negociaciones con EFTA y Singapur, dijo Bonifacio. En 2026, reseñó, ya se llevaron a cabo misiones a la UE, China y la India. Mientras tanto, con la Unión Europea se está trabajando también en la reglamentación del protocolo sobre deforestación, cuya aplicación fue prorrogada para 2027. Además, señaló, en colaboración con los organismos del bloque europeo se acordó la elaboración de un "repositorio", de modo que los productores puedan acceder a toda la información de los procesos de exportación, para facilitar el conocimiento y cumplimiento de las reglamentaciones europeas.

En el contexto de una mayor presión reglamentaria del bloque europeo, Bonifacio llamó a reforzar los trabajos sobre buenas prácticas y controles, algo que también ayudará en la relación con otros mercados muy importantes, como China y la India. En este último país, recordó, hay que negociar términos de acceso en medio de una fuerte presión del sector agropecuario indio, otro motivo para fortalecer la articulación público-privada a fin de mejorar el posicionamiento argentino en ese mercado.

María Marta Rebizo, gerente de Asuntos Económicos y Comerciales de CIARA-CEC, recordó que la Argentina es un país netamente exportador de su producción agroindustrial, por lo que la agronomía debe estar impulsada por el mercado; eso requiere conocer las regulaciones de los países a los que les vende. En tal sentido, presentó dos ejemplos de regulaciones, uno sobre maíz y otro sobre sorgo, las dos cadenas de cultivos que engloba Maizar.

En el caso  del maíz, se refirió a las exigencias en materia de residuos de productos fitosanitarios, aspecto clave teniendo en cuenta que el maíz argentino se exporta a más de cien mercados. La ejecutiva dijo que el acceso al mercado europeo es una oportunidad a la que el maíz argentino no puede aplicar desde hace casi dos décadas, cuando la UE prohibió la aplicación de diclorvos (DDVP). 

La Unión Europea tiene una cuota de 2,7 millones de toneladas de maíz a la que cualquier país de la OMC puede acceder, y a eso se sumó, por el reciente acuerdo UE-Mercosur, 1 millón de toneladas más libre de aranceles, a la que la Argentina por ahora tampoco puede acceder. "Es fundamental trabajar en la reducción de principios activos, algunos de los cuales están incluso prohibidos en la Argentina, y otros que están permitidos en el país pero superan los límites máximos de residuos (LMR) que permite la UE", dijo Rebizo. Señaló como ejemplo el DDVP, prohibido en la Argentina desde 2018, que todavía se sigue detectando en los relevamientos que hace el SENASA. "Lo mismo pasó con el clorpirifos (etil y metil), que el SENASA prohibió en 2021. Otros productos, como la gamma/lambda cialotrina y el pirimifos metil, que están permitidos en la Argentina, tienen límites máximos muy bajos en la UE. "Sabemos que es un tema controvertido, podemos no estar de acuerdo con la baja continua de moléculas de la UE y vamos a seguir cuestionándola, pero si queremos exportar a ese mercado, hay que reducir su uso y buscar alternativas", continuó Rebizo.

La ejecutiva se refirió también al malatión, o mercaptotión, un producto que si bien en la UE no tiene límites máximos tan bajos (8 ppm), sí los tiene (0,05 ppm) en países de Asia y de América latina a los que la Argentina exporta grandes volúmenes de maíz, como Vietnam, Malasia, Arabia Saudita, Perú, Colombia o Costa Rica. El producto, cuyo uso en postcosecha de maíz fue prohibido por el SENASA a principios de 2025, se ha detectado en 25 de 64 muestras de un relevamiento que hizo el organismo sanitario. Rebizo dijo que Brasil no tiene ese problema, aparentemente, porque tiene menor almacenamiento de maíz.

Por otro lado, la experta se refirió a la importancia del mercado chino para el sorgo, que absorbe el 95% de lo que exporta la Argentina, lo que exige cuidarlo. La GACC, el organismo del gigante asiático que aúna las funciones aduaneras y fitosanitarias, en los últimos doce meses le envió 6 notificaciones oficiales al SENASA diciendo que detectó malezas y enfermedades cuarentenarias, presentes en la Argentina pero no en China. Eso incluyó otros cultivos y llevó a que fueran observados 786 certificados fitosanitarios argentinos, entre el 60 y 70% de los embarques de la Argentina ese año.

En relación con el sorgo, fue observado el 76% de los certificados fitosanitarios, dijo Rebizo, despachados por los nueve exportadores argentinos. De las 12 plagas y malezas que China encontró en sorgo, las principales fueron sorgo de Alepo, Amaranthus, Xanthium, Almum y Cenchrus. "Hay que combatir esas plagas, trabajar de manera preventiva para disminuirlas ya desde el otoño, en la preparación de barbechos y semillas, sin esperar al momento de la cosecha ni a que las malezas lleguen a los 8 centímetros de altura, cuando se hace muy difícil combatirlas". Para concluir, dijo que "el camino es pasar de la reacción a la prevención: hay que trabajar en la erradicación de los principios activos prohibidos, reducir el uso de sustancias con LMR bajos en los destinos y hacer control tempranos de malezas", para cumplir con las exigencias de los mercados que no pueden ser ignoradas.

Federico Thompson, director de Trading de Maíz de Bunge, con 20 años de experiencia en el exterior, conectó los señalamientos de Rebizo con el concepto de oportunidad. "Esto es una cadena, todos debemos hacer nuestra parte para conectar con mercados. Europa es muy importante por volumen, importa más de 35 millones de toneladas de maíz al año, de los cuales 9 millones son provistos por Estados Unidos y Brasil, con una Argentina ausente", remarcó.

Además de por su volumen, Thompson destacó que el mercado europeo es importante porque es uno de los pocos que participa activamente en el mercado forward, lo que otorga mayor fluidez y certidumbre a quienes venden allí. También enfatizó que el problema del uso de malatión "es absolutamente importante, porque 90% de las exportaciones de maíz de la Argentina tiene como destino mercados) que solo aceptan un 0,05%. "Es algo imperioso de resolver", enfatizó.

En tono positivo, el ejecutivo destacó que la Argentina tiene una muy buena campaña maicera, con exportaciones récord en marzo y abril y una cosecha de segunda "que viene muy bien". Con 64 millones de toneladas de producción estamos ante una oportunidad histórica, con posibilidades de superar la campaña 2021/22, cuando se exportaron 40 millones de toneladas. Esta vez, concluyó, se podrían exportar 45 millones.

"El trabajo comienza en el lote: el cliente siempre tiene razón y es el que va a mantener los mercados abiertos, que el Estado trabaja para abrir, y que si los perdemos, los dejamos en manos de la competencia", reforzó Morelli.