Empresas del agro: entre la eficiencia y las decisiones incómodas

Mientras el agro sigue mostrando números récord en exportaciones y producción, puertas adentro de las empresas el escenario es mucho más complejo. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó A Todo Trigo 2026, el encuentro que reunió a unas 1800 personas en Mar del Plata y que volvió a poner sobre la mesa una realidad que atraviesa hoy al sector: la diferencia entre la foto macroeconómica y la situación concreta de las empresas agropecuarias.

Desde afuera, el campo aparece como uno de los grandes beneficiados del actual esquema económico. Sin embargo, cuando se analizan variables como caja, endeudamiento, alquileres, costos financieros y márgenes productivos, el panorama cambia. “El contexto actual funciona como un acelerador de procesos dentro de las empresas”, advierte el informe “Apuntes para Empresas – Mayo 2026”.

En ese marco, sostienen que muchas compañías llegaron a este momento sin haber desarrollado “el músculo de las decisiones difíciles”, algo que hoy resulta indispensable en un escenario donde ya no existen herramientas extraordinarias como el dólar soja, la brecha cambiaria o las tasas reales negativas que, en otros años, ayudaban a disimular ineficiencias.

Tres tipos de empresas

El análisis divide a las compañías agropecuarias en tres grandes grupos.

Por un lado, aparecen las empresas con margen de maniobra, aquellas con caja ordenada, deuda controlada y modelos que siguen funcionando. En estos casos, el desafío pasa por no relajarse y aprovechar el tiempo que todavía tienen a favor.

En el extremo opuesto están las empresas al límite, con fuerte presión financiera, complicaciones para renovar créditos y necesidad de vender mercadería en plena cosecha simplemente para sobrevivir. Allí, cada semana reduce el margen de error y las decisiones suelen llegar forzadas por la caja.

Finalmente, el tercer grupo está compuesto por empresas que directamente están “cambiando la piel”. Son modelos de negocio que dejaron de ser viables en el contexto actual y que hoy analizan achicarse, sumar socios o redefinir estructuras. “A veces las decisiones son con serrucho y no con bisturí”, resume el informe.

El método del 1% y el “furgón de cola”

Durante el evento, uno de los ejes estuvo puesto en la búsqueda de eficiencia. Allí surgieron dos conceptos que, según explicaron, hoy están siendo aplicados en distintas empresas agropecuarias.

El primero es el denominado “Método del 1%”, inspirado en el libro Hábitos Atómicos de James Clear. La idea apunta a lograr pequeñas mejoras sostenidas en distintas áreas de la empresa —productiva, financiera, comercial o impositiva— que, acumuladas en el tiempo, terminan generando cambios significativos.

El segundo concepto es el del “furgón de cola”, una metáfora que busca identificar aquello que frena a las empresas: procesos ineficientes, estructuras sobredimensionadas, conflictos societarios o decisiones postergadas que impiden avanzar. “El arte está en detectar cuál es el problema más pesado y empezar por ahí”, sostienen.

Una macro con luces y sombras

En el plano económico, el informe describe una Argentina que sigue mostrando indicadores mixtos. Por un lado, destacan crecimiento económico, superávit fiscal y comercial, inflación en descenso y acumulación de reservas por parte del Banco Central. Pero, al mismo tiempo, persisten tasas elevadas, mora bancaria alta y un riesgo país que todavía no logra perforar los 500 puntos.

También señalan que el contexto político agrega incertidumbre. “La economía mejora a pesar de los desórdenes de la política”, remarcan, aunque advierten que todavía falta generar confianza de largo plazo de cara a las elecciones de 2027.

En este escenario, el agro vuelve a quedar obligado a adaptarse rápidamente. El informe repasa cómo cambiaron las estrategias empresariales año tras año: desde endeudarse en pesos durante la etapa de tasas negativas, hasta guardar soja como reserva de valor en plena brecha cambiaria o aprovechar el dólar blend y las bajas temporales de retenciones.

“En 2026 se terminaron todas”, sintetizan. Y agregan: “Ahora queda producir bien, vender bien y gestionar bien el activo”.

Baja de retenciones: “más de lo esperado”

Otro de los puntos destacados fue el anuncio oficial de reducción gradual de retenciones para distintos cultivos. El Gobierno confirmó una baja para trigo y cebada, mientras que la soja comenzará un esquema descendente a partir de 2027.

Si bien desde el sector consideran que el camino todavía está lejos del objetivo de retenciones cero, valoran que exista un cronograma concreto y previsible. “Es menos de lo que nos gustaría y más de lo que esperábamos”, resume el documento.

Agricultura: foco en la próxima campaña

En plena cosecha gruesa, gran parte de las decisiones ya están puestas en la campaña 2026/27. El clima, las perspectivas de un año Niño, los costos de fertilizantes y fletes, y el impacto de las retenciones son algunas de las variables que empiezan a definir la estrategia de los productores.

Según el informe, el aumento de costos en cultivos como trigo y maíz podría generar una reducción de superficie, especialmente por el peso de la urea y la logística dentro de la estructura de gastos.

En paralelo, el mercado de granos sigue condicionado por la geopolítica internacional. La tensión entre Estados Unidos, China e Irán mantiene alta volatilidad en las cotizaciones, mientras los productores locales muestran estrategias diferentes según el cultivo: venden maíz y girasol, pero retienen soja.

Ganadería: “bajó la espuma, pero el vaso sigue lleno”

En ganadería, el trabajo señala una leve estabilización de precios luego de las fuertes subas de los últimos meses, aunque aclara que los fundamentos del negocio siguen siendo positivos.

La menor oferta de hacienda, la firme demanda exportadora y la escasez global de carne sostienen el mercado. “La exportación ya representa más del 30% del destino de la faena”, remarcan.

También destacan un cambio estructural: mayor inversión en instalaciones, mejoras en índices productivos y un proceso lento pero constante de crecimiento del negocio ganadero.

Lechería: “remando en dulce de leche”

La situación más delicada continúa siendo la lechería. El informe advierte que el negocio sigue atravesando un período de rentabilidad muy ajustada, con precios que no logran acompañar el aumento de costos.

Aunque aparecen algunas señales positivas vinculadas a menores stocks y una desaceleración en el crecimiento de la producción, el escenario global todavía muestra sobreoferta de leche y una demanda internacional estancada.

A pesar de eso, destacan el esfuerzo de muchas empresas tamberas por mejorar eficiencia, ganar escala y seguir compitiendo. “La lechería está viva y dando pelea”, concluye el documento.