La operación, que alcanzó un valor de $1.800.000, marca un antes y un después en la historia del evento: nunca antes una entidad bancaria había ganado la puja por la partida inaugural de la cosecha nacional, un símbolo clave para el inicio de la comercialización de la soja en la Argentina.

Desde el sector destacan que este movimiento refleja un cambio profundo en la dinámica del negocio agropecuario. La participación de Macro Agro en un ámbito tradicionalmente dominado por operadores comerciales pone en evidencia el creciente protagonismo de la banca dentro del ecosistema agroindustrial, no solo como fuente de financiamiento sino también como socio estratégico del productor.

El remate del primer lote es uno de los eventos más representativos del calendario agrícola. Allí confluyen productores, acopiadores, exportadores e industriales, consolidándose como un espacio de referencia para medir expectativas y tendencias del mercado.

Cómo fue el lote

El lote inaugural fue producido por la firma Santa Cecilia S.R.L. sobre una superficie de 630 hectáreas. La siembra se realizó el 1 de septiembre de 2025 y la cosecha tuvo lugar el 2 de febrero de 2026, con la utilización de la variedad DM60i62 IPRO.

La logística y comercialización estuvieron a cargo de Ojeda Agropecuaria S.A., mientras que los 36.000 kilos cosechados fueron descargados en la planta de Renova S.A., en Timbúes, Santa Fe.

La subasta fue conducida por el martillero Mauricio Tschieder, de la Cooperativa Guillermo Lehmann, entidad con amplia trayectoria en el sector.

Un remate con impacto social

En línea con su estrategia de sustentabilidad, Banco Macro decidió que el excedente pagado por encima del precio de pizarra sea destinado a UNICEF Argentina.

Los fondos serán utilizados para financiar proyectos de acceso al agua segura en comunidades rurales del Gran Chaco, en articulación con las iniciativas que impulsa la Bolsa de Comercio de Rosario en el marco del Consejo Empresarial por las Infancias y Adolescencias (CEIA).

Con este paso, Banco Macro no solo deja su marca en la historia del remate, sino que también refuerza una tendencia: la integración entre el sistema financiero y el agro ya es una realidad cada vez más profunda en la Argentina.