Según datos recientes, la urea —insumo clave para cultivos como trigo, cebada y maíz— registró en marzo una suba superior al 36%, acumulando aumentos significativos desde comienzos de año. Este encarecimiento impacta de lleno en los costos de implantación y obliga a ajustar estrategias productivas.

Sin embargo, no todas son señales negativas. La recuperación de humedad en los suelos y la transición hacia un escenario climático neutral aportan mejores perspectivas para el otoño-invierno, con mayor estabilidad en el régimen de lluvias.

Trigo y cebada: protagonistas del nuevo ciclo

En este contexto, el trigo se consolida como uno de los cultivos estrella. Con una producción récord de 27,9 millones de toneladas, impulsada por altos rindes, el cereal mantiene un mercado firme, con precios en torno a los 185 USD/t y un destacado ritmo de exportaciones.

Por su parte, la cebada continúa ganando relevancia, sostenida por la demanda de la industria cervecera y oportunidades en mercados forrajeros de Asia y el norte de África, lo que refuerza las expectativas positivas para la campaña 2025/2026.

Malezas resistentes: el problema que no cede

Más allá del contexto económico y climático, el avance de malezas resistentes sigue siendo una de las principales preocupaciones en los sistemas productivos. Especies como nabo, nabón y rama negra continúan expandiéndose, afectando rendimientos y complejizando el manejo.

Frente a este escenario, desde BASF destacan el rol de nuevas herramientas tecnológicas. Entre ellas, Voraxor® se posiciona como un herbicida pre-siembra de alta eficacia, que combina dos activos (Trifludimoxazin y Saflufenacil) para el control de malezas de hoja ancha.

Tecnología y manejo: claves para el control

El producto se caracteriza por su rápida acción de secado sobre malezas emergidas y una destacada persistencia, que permite reducir nuevas emergencias. Además, su uso se adapta a distintos cultivos como trigo, cebada, soja, maíz y maní.

Desde la compañía señalan que el manejo anticipado es clave: actuar sobre las malezas presentes y el banco de semillas resulta determinante para sostener la productividad en sistemas cada vez más exigidos.

Experiencias a campo también respaldan esta estrategia. Productores destacan la eficacia del control incluso en estados avanzados de malezas y la prolongada acción residual, que puede extenderse hasta 50 días, aportando mayor limpieza al lote en etapas críticas.

Decisiones finas en un año ajustado

Con costos en alza y un clima que comienza a acompañar, la campaña 2026 exigirá decisiones agronómicas más precisas. En este escenario, el manejo eficiente de malezas resistentes será determinante para proteger el potencial de los cultivos.

La integración de tecnología, manejo y planificación aparece como el camino para sostener márgenes en un contexto donde cada ajuste cuenta.