El enfoque de “Una Sola Salud", que articula las dimensiones humana, animal y ambiental, pone en evidencia que anticiparse a las enfermedades no solo reduce riesgos, sino que genera beneficios concretos, medibles y sostenidos en el tiempo. Prevenir, en este sentido, no es un costo: es una inversión que impacta directamente en la productividad, la sostenibilidad de los sistemas y la resiliencia de las economías.

Los números son contundentes. Diversos estudios internacionales muestran que por cada dólar destinado a prevención sanitaria en producción animal, se obtienen retornos que oscilan entre 3 y 10 veces ese valor, dependiendo de la enfermedad y el sistema productivo. En ganadería, la implementación de planes de vacunación adecuados puede reducir pérdidas productivas hasta en un 20%, mejorar índices reproductivos y disminuir significativamente costos asociados a tratamientos, mortalidad o restricciones comerciales. La ecuación es clara: prevenir siempre resulta más eficiente que corregir.

Las enfermedades zoonóticas refuerzan este argumento con claridad. Episodios como la influenza aviar o la rabia no solo implican riesgos directos para la salud pública, sino que también generan impactos económicos millonarios y alteraciones significativas en las cadenas de abastecimiento. En este sentido, sostener esquemas sanitarios sólidos no solo protege rodeos, sino también comunidades enteras y cadenas de abastecimiento globales. La prevención, entonces, trasciende lo productivo y se posiciona como un resguardo estratégico para toda la sociedad.

El estatus de país libre de aftosa con vacunación no es un logro menor ni garantizado, sino un activo estratégico construido durante décadas, clave para sostener mercados y generar divisas. La evidencia internacional muestra que los brotes de la enfermedad generan pérdidas económicas significativas y provocan cierres inmediatos de mercados, con un fuerte impacto sobre las exportaciones y en el mercado interno. Los focos recientes a nivel global refuerzan ese riesgo y evidencian la rapidez con la que se activan restricciones comerciales ante cualquier señal de debilidad sanitaria. En ese contexto, cualquier fisura, real o percibida, en la política sanitaria no sólo pone en discusión un protocolo, sino que expone a toda la cadena agroindustrial a pérdidas, menor competitividad y un deterioro del posicionamiento internacional.

Desde CDV entendemos que innovar en vacunas y diagnósticos no es únicamente una evolución tecnológica, sino un compromiso estratégico con la eficiencia productiva y el bienestar global.  Apostar por la prevención implica reducir la incertidumbre, optimizar el uso de los recursos y fortalecer sistemas capaces de anticiparse y responder a desafíos sanitarios cada vez más complejos. En ese camino, la innovación se convierte en una herramienta clave para construir resiliencia y sostener el desarrollo en el largo plazo.

Entender la sanidad como un sistema interconectado implica asumir que cada decisión en el ámbito animal tiene impacto directo en la calidad de vida de las personas,  en el equilibrio ambiental y en el desarrollo económico. Invertir en prevención, no es un gasto: es una decisión estratégica que resguarda la competitividad, fortalece el desarrollo sostenible y proyecta un futuro más seguro y previsible para toda la sociedad.

Por Fernando Matticoli, Director Comercial de CDV