En los últimos meses, la pitaya comenzó a aparecer cada vez con más frecuencia en verdulerías, ferias y mercados de la región. Aunque para muchos todavía es una fruta nueva o exótica, lo cierto es que su cultivo en Concordia ya tiene varios años de desarrollo y hoy forma parte de un proyecto productivo más amplio que incluso motivó la creación de una mesa de trabajo impulsada por el municipio junto a productores y técnicos.
Mariano Winograd, ingeniero agrónomo con una larga trayectoria en la frutihorticultura regional, explicó que la pitaya comenzó a estudiarse como una alternativa productiva cuando la producción de arándanos empezó a perder competitividad frente a otros países. “Empezamos a percibir que surgió una potencia arandanera que era Perú y eclipsaba a la Argentina, entonces salimos en búsqueda de alternativas y exploramos muchas de ellas, el níspero, la guayaba, el higo, el pecan y la pitaya. Nos entusiasmamos con la pitaya y estamos abocados a ella sin descartar las otras”, contó.
“Las frutas tropicales muchas veces se pueden cultivar en condiciones subtropicales”
Uno de los principales desafíos del cultivo de pitaya en Concordia fue la adaptación climática, ya que se trata de una fruta de origen tropical. Sin embargo, según explicó el especialista, la región tiene condiciones que permiten producirla con tecnología adecuada. “Las frutas de origen tropical muchas veces se pueden cultivar en condiciones subtropicales, implica alguna adaptación. Concordia efectivamente es subtropical, pero hay invierno y hay heladas, y esas heladas hay que combatirlas porque la pitaya es sensible”, explicó.
Para proteger las plantas, se utiliza un sistema de riego por microaspersión que se activa durante las heladas. El proceso consiste en mojar la planta para que el agua, al congelarse, libere calor y evite que la planta se queme. Esta técnica ya se utilizaba en la producción de arándanos y permitió que la pitaya pudiera desarrollarse en la región.
Otro desafío importante fue la polinización. En un principio las plantas florecían pero no daban frutos porque las variedades eran autoestériles. “Florecían, pero la flor no cuajaba porque nos estaba faltando polinizarla. Eso se hacía manualmente y teníamos muy malos resultados hasta que conseguimos el polen adecuado y logramos los frutos”, relató. Con el tiempo, comenzaron a trabajar con variedades autofértiles desarrolladas en Vietnam, lo que simplificó el proceso productivo.
“Para nosotros no es la fruta del dragón, para nosotros es la pitaya”
Aunque popularmente se la conoce como fruta del dragón, Winograd explicó que ese nombre proviene de Asia y no de América, donde la fruta es originaria. “La pitaya es una especie americana. La llevaron los franceses a Vietnam y de ahí pasó a China, donde le pusieron el nombre de fruta del dragón por su cultura. Pero para nosotros es la pitaya, su nombre americano”, señaló.
El ingeniero también explicó que varias frutas americanas cambiaron de nombre al ser llevadas a otros países, como el kiwi o la feijoa, y que en Concordia buscan mantener el nombre original. En ese sentido, destacó que la pitaya tiene características que la hacen muy atractiva para el mercado: es vistosa, dulce, fácil de comer y no tiene espinas como la tuna, con la que muchas veces se la compara.
En cuanto al consumo, explicó que cuando aparece una fruta nueva no siempre se sabe cómo va a reaccionar el mercado. Sin embargo, la pitaya tuvo una buena recepción. “El éxito de una fruta se determina por el valor que adquiere en el mercado. Cuando una fruta tiene un valor sostenido, quiere decir que el consumo está creciendo. Por ahora el consumo es chico, pero va en aumento”, señaló.
“Estamos trabajando en una mesa regional para desarrollar nuevas producciones”
El crecimiento del cultivo de pitaya y otras producciones alternativas llevó a la creación de una mesa de trabajo impulsada por el municipio junto a productores, técnicos e instituciones. El objetivo es trabajar de manera conjunta en el desarrollo productivo de la región. “Hay cosas que corresponden al productor individual, pero hay otras que exceden al productor y hacen al territorio: la logística, la capacitación del personal, la tecnología, la comunicación, la articulación con el turismo. Eso corresponde a una cuenca productiva”, explicó.
La idea es trabajar en un clúster productivo regional que incluya Concordia y localidades cercanas como Colonia Ayuí, La Criolla y Puerto Yeruá, zonas que históricamente fueron productivas y que hoy podrían volver a tener protagonismo con nuevos cultivos. “Estamos trabajando en una mesa regional para desarrollar nuevas producciones. Creemos que Concordia y la región tienen una gran oportunidad con estos cultivos”, afirmó.
Además de la pitaya, se están evaluando otras producciones alternativas como higo, guayaba, pecan, caqui y níspero, buscando diversificar la producción frutihortícola de la región y generar nuevas oportunidades económicas. El objetivo a largo plazo es ampliar la producción nacional y consolidar una cuenca productiva. Según explicó el ingeniero, si el consumo crece en el país, se podrían desarrollar cientos de hectáreas de cultivo. “Supongamos que logramos aumentar el consumo, seguramente podemos pensar en una cuenca de 300 o 400 hectáreas, que es a lo que estamos abocados”, concluyó.
Fuente: Despertar Entrerriano


