El principal impacto se está observando en el aumento de los costos de alimentación animal. Desde fines de febrero, los precios de la harina de soja y el maíz han registrado subas significativas, alcanzando máximos de varios meses, impulsados por el rally energético, mayores costos logísticos y encarecimiento de fertilizantes.
En el mercado spot, durante marzo, la harina de soja subió más de un 7% y el maíz cerca de un 4%. A esto se suma el incremento en otros insumos clave del feed, como aminoácidos, vitaminas y harina de pescado, con aumentos que van del 6% al 77%.
Este escenario impacta de lleno en el sector porcino chino, que ya enfrenta un contexto complejo. Los precios del cerdo se encuentran en mínimos de 16 años, reflejando una combinación de sobreoferta y demanda interna débil. Como resultado, los productores operan con márgenes negativos, registrando pérdidas estimadas de entre 280 y 350 yuanes por animal.
Los pequeños productores son los más vulnerables, dado su menor capacidad para absorber estos shocks de costos.
En respuesta, el gobierno chino ha intensificado medidas de estabilización, incluyendo compras para reservas estratégicas y llamados a reducir el stock de reproductoras. Sin embargo, el proceso de ajuste de oferta será clave para determinar la evolución del mercado.
Hacia adelante, la dinámica de los precios de los granos y la evolución del conflicto geopolítico seguirán siendo determinantes para el sector, con potencial impacto sobre toda la cadena global de proteínas.
Por Esteban Moscariello


