La Secretaría de Desarrollo Productivo de la Municipalidad de Concordia invita a productores, emprendedores y público interesado a participar del Primer Encuentro sobre Pitayas, una propuesta de capacitación que combinará jornada técnica y taller a campo, con el objetivo de promover nuevas alternativas productivas en la región.
El ingeniero Mariano Winograd, experto en fruticultura e impulsor del Cinturón Verde Concordia (CiVerCon), habló al respecto en la emisora de El Entre Ríos en Concordia. Recordó que la pitaya es una fruta americana y que fueron los chinos los que la rebautizaron como “la fruta del dragón”, cuando los conquistadores franceses la llevaron a Vietnam, primero como ornamental y luego se convirtió en un fruto de transacción.
Marcó que llamar por otro nombre a una fruta no es la primera vez que ocurre: “recordarán, por ejemplo, cuando en Concordia y Chajarí llamábamos bergamota a la mandarina campeona, que no era bergamota. O cuando los neozelandeses se llevaron el kiwi de China a Nueva Zelanda y de su nombre original Shin-Tao pasaron a llamarlo kiwi para apropiarse”.
En Asia, volviendo a la pitaya, afirmó que “la valoran tanto que en Vietman hay 60.000 hectáreas de fruta de pitaya o fruta del dragón, que se exportaban esencialmente a China”, precisó y comentó que “ahora la están plantando y Vietnam está evaluando una parte de este pitayal gigantesco, reconvertirlo a durián para buscar una nueva fruta”.
¿Por qué en Concordia?
“Porque después de aquel ciclo de mi juventud, que fue el ciclo cítrico de Pindapoy y Ayuí, que luego terminó en una cierta decadencia y una sustitución del suministro mucho más basado en Chajari, Villa del Rosario y Federación que en Concordia; apareció el arándano que tuvo un ciclo de 20 años”, comenzó relatando.
Inmediatamente después, recordó que en el ciclo del arándano se dedicó a la comercialización en el mercado interno “y empezamos a ver que aparecía un nuevo jugador en el en el contexto internacional que era Perú. En el año 71 era un país que parecía casi de una película del Medioevo. Luego, vino el ciclo de la violencia, del narcotráfico, Fujimori y finalmente hoy Perú es la locomotora de la exportación y de la fruticultura en Sudamérica más importante que Chile”.
Así fue que, a medida que el mercado arandanero fue moviéndose hacia otros rumbos, en lo que el especialista llama “la periurbe de Concordia” empezaron a explorar qué alternativas novedosas había. “Exploramos el kiwi rojo y amarillo, la avellana, la guayaba, la mandarina tango y la mora y, entre otros, exploramos la pitaya”.
Allí encontraron que en Concordia habían aprendido a protegerse de las heladas, gracias a la experiencia con el arándano, algunos empezaron a encontrar la forma de polinizar como un apasionado de la pitaya que lo hizo hasta que “aparece en el grupo mundial de pitayas, que no se llama pitaya sino Dragon Fruit, que integramos varios argentinos, la convicción de que ya había variedades autofértiles y que el ciclo de la polinización había llegado a su ocaso”.
Así fue que, según contó a “Despertá con Nosotros” (lunes a viernes de 7 a 9 por www.oidmortalesradio.com.ar) “nos abocamos a las autofértiles y toda esa historia y todo el presente es lo que vamos a mostrar jueves y viernes”, anticipó y dijo que en Ayuí está el vivero con plantas “para todo aquel que quiera acometer este desafío y, luego en la quinta, donde van a haber la fruta, la cosecha, las flores, las plantas, el riego, el control de la helada, la fertilización, absolutamente todo y van a poder degustar la fruta también”.
“La más dulce del mundo”
A la hora de hablar del sabor de la fruta, Winograd empezó diciendo: “Si la tuviéramos que comparar con una fruta que conocemos un poquito más o que conocíamos un poquito más, sería la tuna”.
No obstante, “a diferencia de la tuna que se autosostiene, la pitaya es trepadora, o sea, requiere de un soporte. Y habitualmente vivía así, se criaba bajo el bosque, trepada un árbol, a lo que fuera y una vez que llegaba la luz, ahí se ramificaba y florecía. Por eso hoy la hacemos con un soporte, que es una espaldera, trabajamos 6000 plantas por hectárea, tres 3 metros entre surcos y medio entre plantas, tenemos una altísima densidad y una altísima productividad”.
“Como sabor podemos decir que es parecido a la tuna, es algo muy fresco, muy reparador de la energía, de la hidratación y del azúcar”, precisó y agregó que, en Concordia, “dadas las condiciones subtropicales interesantes de alternancia de temperaturas, entre invierno y verano y entre el día y la noche, que hace que la fruta tenga un buen color y tenga un buen sabor, que nos obliga a luchar contra la heladaa en el invierno, nos hace afirmar que tenemos en Concordia la pitaya más austral del mundo y la más dulce del mundo”, sentenció.
“Una parte de esa dulzura que se mide en grados Brix, lo mismo que se mide la uva para hacer el vino, se expresa por el clima”, fundamentó y agregó que “otra parte se expresa porque al tener Concordia una capacidad, un servicio logístico espectacular a todo el país, consecuencia de su ubicación en la ruta 14 y de su tradición citrícola en donde están todas las empresas que hacen comercio en todo el país, entonces nosotros la pitaya, en vez de cosecharla verde, como habría que cosecharla para que termine su proceso de toma de color fuera de la planta, como se suele hacer cuando uno está muy lejos, nosotros en Concordia la cosechamos madurada en la planta con pleno color y sabor. Entonces realmente es deliciosa (para el diabético está la variedad Undatus, de pulpa blanca y con menos azúcar)”.
“Es lo que necesita Concordia”
Plantas hay por todos lados en Argentina, pero se usaban solamente como ornamentales, por su flor muy vistosa porque no se las polinizaba. “Seguramente, en los jardines de Concordia hay pitayas, pero como no se polinizaban y no eran autofértiles, entonces la gente conocía la planta y la flor, pero no la fruta”, marcó.
“Hace 1 año se estableció un canal comercial de pitaya que viene de Ecuador. Así que regularmente las empresas que importan banana de Ecuador traen pitaya, tanto palora como las rojas”, precisó y dijo que el producto está en el mercado e incluso se encuentra en Concordia: “por ejemplo, la cosecha de esta semana de Fincris Agro se vendió en Concordia”.
Tras repasar que aún hay una mayoría que no la conoce y reflexionar sobre que “las dietas cambian y la fruticultura en consecuencia también”, el ingeniero agrónomo sentenció: “nosotros decimos que es una fruta muy adecuada para una cultura actual juvenil, moderna, rápida de pelar, fresca, deportiva, hidratante”.
A continuación, sacó números: “si actualmente en la Argentina se comen 35 kilos de frutas por habitante año, de la cual un tercio es banana (12 kilos). Digamos que en Argentina lográramos, en los próximos 5 a 10 años, consumir 500 gramos de pitaya por habitante año, que no es mucho, por 50 millones de habitantes, son 25 millones de kilos”, calculó y siguió: “supongamos que importamos 5 ó 10 millones de kilos, todavía nos quedan 15 a 20 millones de kilos, que son prácticamente 1000 hectáreas”.
“Entonces, nosotros estamos proponiendo en este momento, y es lo que vamos a discutir en el seminario que, si nosotros hacemos las cosas bien, somos articulados, respetamos la calidad, hacemos marketing, comunicación, 100 ó 200 hectáreas de pitaya no es nada y 100 ó 200 hectáreas de pitaya para una región como Concordia pueden ser entre 5 y 10 millones de dólares de inversión y pueden ser empleos y pueden ser reproducciones, transporte, comercio y eso es lo que necesita Concordia”, valoró.
Y a modo de conclusión, dijo que la ciudad cabecera de la costa entrerriana del río Uruguay necesita “una renovación, un rejuvenecimiento de su entusiasmo productivo porque hay 10.000 hectáreas alrededor de Concordia que fueron productivas hace 50 años atrás y en algún momento perdieron su competitividad”.
Fuente: El Entre Rios


