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Enfermedades de soja |
Silvia Distéfano de Vallone - INTA Marcos Juárez
La soja se cultiva en Argentina desde 1960 en una amplia zona desde los 23º a los 38º de latitud sur, estando concentrada en un 95% en la región pampeana norte (provincias de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Buenos Aires, La Pampa y San Luis). El 5% se encuentra en la región norte del país: provincias de Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Catamarca, Jujuy, Chaco, Formosa, Misiones y norte de Santa Fe.
La superficie sembrada de 12.800.000 de has. y la producción de 35.000.000 de tn. De la última campaña (2002/03) fueron récord en la historia Argentina para esta oleaginosa, constituyendo una de las principales fuentes de divisas a nivel país. Para ello contribuyeron la adaptación a un amplio rango de ambientes, la mayor rentabilidad relativa y la simplificación de la producción del cultivo, incrementada en los últimos años por la introducción de los cultivares tolerantes a glifosato. La sostenibilidad productiva de la soja depende fundamentalmente de factores bióticos, entre los que se destacan las enfermedades, malezas y plagas.
En la Argentina, los daños estimados por las enfermedades en 1996, fueron del 8% de la producción nacional (880 mil t). Las campañas de la década del 90 , caracterizadas por un clima anormalmente húmedo y la falta de rotaciones adecuadas determinaron que enfermedades endémicas como las "podredumbres" por Sclerotinia y Phytophthora incrementaran su severidad; otras, como el "cancro del tallo", el "síndrome de la muerte repentina" y la "podredumbre marrón" se intensificaran y actualmente determinen pérdidas superiores al 10% anual. Cabe destacar que en las campañas 1999/00, 2000/01, 2001/02 y 2002/03 se han incrementado las enfermedades de fin de ciclo y las que afectan la calidad de la semilla, principalmente Septoria glycines (mancha parda), Phomopsis spp (tizón del tallo y vaina)., Cercospora kikuchii y sojina (mancha púrpura y mancha ojo de rana), Colletotrichum spp. (antracnosis), Alternaria spp. y Fusarium spp..
Existieron en algunas campañas, situaciones con pérdidas totales en algunas zonas, lo que comprometió la rentabilidad de la empresa agropecuaria como por ejemplo, las epifitias de "podredumbre" por Sclerotinia en el este de Córdoba y sur de Santa Fe en 1995/96 y "cancro del tallo" en el norte y centro de Santa Fe en 1996/97 y 1997/98, respectivamente, la mancha ojo de rana en el NO del país durante las campañas 1998/99 y 1999/00 y la podredumbre carbonosa durante la campaña 2000/01 en el centro y norte del país.
A esto se suma la aparición en la campaña 1997/98 del "oidio" (Microsphaera diffusa) sobre todo en la zona norte del país, y de algunos integrantes del complejo Diaporthe/Phomopsis que produjeron pérdidas puntuales de hasta un 100% en la campaña 1998/99 en el sur de la provincia de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, la detección en la campaña 2002/03 de mancha ojo de rana en algunas zonas de la provincia de Córdoba (Jesús María y Río IV) causando pérdidas importantes. Por último cabe destacar el peligro potencial que representa la entrada de la roya de la soja, causada por Phakopsora pachyrhizi, enfermedad sumamente destructiva, pudiendo llegar a causar pérdidas de rendimiento de hasta un 90% en regiones de alta producción.
Esta situación, permite inferir que el panorama fitosanitario actual es diferente al de hace más de 20 años donde la soja era considerada como un cultivo sano. Se están produciendo elevadas pérdidas de rendimiento y calidad, por la acción de hongos, bacterias y virus fitopatógenos.
Las pérdidas promedio estimadas en la actualidad para las principales enfermedades en la Argentina son de aproximadamente el 8 al 10% de la producción (2,8 a 3,5 millones de t) que significan aproximadamente 840 a 1.050 millones de pesos anuales (al precio de la soja de mayo del 2003). Estas estimaciones reflejan solamente las pérdidas directas sin considerar las indirectas, como la reducción de la vida útil de un lote por incremento de inóculo, mayores costos derivados del control cultural y de la obtención de nuevos cultivares con resistencia genética. Sin embargo, las pérdidas son similares a las informadas en otras regiones productoras del mundo donde el cultivo se realiza desde hace más de 50 años.
Este alarmante aumento de los problemas sanitarios se debe a la falta de
rotaciones de cultivos, uno de los componentes básicos del manejo de
enfermedades, practicándose en los lotes de producción el monocultivo de
manera tal que las enfermedades se han tornado limitantes. Además; los sistemas
de labranza conservacionista permiten detener procesos erosivos, optimizar el
uso del agua del suelo y reducir costos, pero inducen cambios en la
epidemiología de las enfermedades; algunas aumentan o disminuyen su importancia
y otras, permanecen invariables. Así también la uniformidad del germoplasma
utilizado es otro problema siempre presente.
A continuación se describirán las enfermedades de mayor importancia en las
principales regiones de producción de soja del país.
Principales enfermedades de soja en la región Pampeana Norte y Norte de Argentina
Podredumbre húmeda del tallo
Organismo causal: Sclerotinia sclerotiorum
Es considerada desde la década del 70 como una de las enfermedades mas prevalentes del país y causal de importantes caídas de rendimiento. A modo de ejemplo en la campaña 95/96 se registraron valores puntuales de pérdidas de producción de 55%. Las pérdidas anuales registradas para el país, oscilan entre 2% y 5%.
Los primeros síntomas aparecen durante el período R3 y R4 (floración y
formación de vainas) caracterizándose por la marchitez y secado de las hojas,
que toman una coloración castaño oscura. Sobre la parte media del tallo y en
correspondencia con algún nudo, se observa una mancha oscura y blanda que se
recubre de micelio blanco algodonoso. A medida que las plantas maduran se van
formando esclerocios (forma de resistencia del hongo) de color negro e
irregulares externa e internamente de los tejidos, tanto del tallo como de las
vainas. Los esclerocios son la principal fuente de inóculo y forma de
sobrevivencia de una campaña a otra. Pueden además quedar en el suelo durante
la cosecha o ser llevados junto a las semillas que contaminan.
Temperaturas de la canopia cercanas a 30ºC por un periodo de 48 a 72 horas y
alta humedad(agua libre) durante 12 a 16 horas son condiciones predisponentes
para el inicio de la infección y posterior desarrollo de la enfermedad.
Innumerables ensayos conducidos en diferentes zonas, han podido concretar algunas pautas de manejo para esta enfermedad. En general la extrema adaptabilidad del hongo y su capacidad de perpetuarse como esclerocio durante mucho tiempo hacen difícil su control, por lo que se deberán complementar distintas prácticas de manejo, a saber:
- Utilizar semilla libre de esclerocios o micelio.
- Usar semilla desinfectada, de alto poder germinativo.
· Mantener el lote libre de malezas. Esto ayuda a mantener una buena aireación, pero además permite eliminar malezas que son también hospedantes de este hongo, entre las que se citan la malva (Anoda cristata) y el chamico (Datura ferox). - Realizar rotaciones de más de tres años con gramíneas. Esta práctica reduce la cantidad de inóculo en los suelos, pero por sí sola no constituye una forma eficiente de control. Recordar que en el monocultivo de soja o la rotación con girasol se han presentado las mayores pérdidas.
- Seleccionar cultivares que presenten arquitectura erecta, menores ramas y menor tendencia al vuelco y de mejor comportamiento. Durante la campaña 1997/98 se presentó una severa epifitia en Marcos Juárez y Corral de Bustos y se pudieron identificar un grupo de cultivares de buen comportamiento. Ellos fueron: FACA 502, A 5409, Don Mario 501, A 5634 RG, Calandria 55, A 6443, A 6445 RG, TJ 2070, A 7306 y NK 72.
- El empleo de variedades de ciclo corto sembradas tempranamente permitiría el escape a la enfermedad, dado que su periodo de floración no coincidiría con las condiciones de temperatura y humedad favorables para la infección. Esta situación dependerá de la latitud y condiciones ambientales especificas de cada región.
- Realizar siembras con densidades y espaciamientos adecuadas para evitar el vuelco, lo cual resultará efectivo si el terreno no presenta altos niveles de inóculo.
- Controlar cuidadosamente el riego para evitar largos periodos de alta humedad relativa durante floración, que es el momento de mayor susceptibilidad de la planta a la infección por el hongo.
- Limpiar las cosechadoras usadas en campos infectados, para evitar la diseminación del hongo.
- Mantener una fertilización balanceada. No existen efectos directos de la fertilización sobre el patógeno, sin embargo ésta promueve un mayor crecimiento de las plantas, creando así un microclima ideal para el desarrollo de esta enfermedad.
- Posible aplicación de fungicidas foliares. Varios fungicidas sistémicos han sido evaluados exitosamente (metiltiofanato, benomil, procimidone, iprodione y vinclozolin) para el control de esta enfermedad. Es de suma importancia cubrir completamente la planta con los productos y recordar que dichas aplicaciones son preventivas y no curativas.
Síndrome de la muerte repentina
Organismo causal: Fusarium solani f .sp. glycines
Fue detectada por primera vez en la campaña 1991/92 en la región central y
en 1992/93 en la región norte. Las pérdidas puntuales registradas fueron del
15% y del 90% en ambas regiones respectivamente.
Plantas que se ven normales y vigorosas se tornan amarillentas y mueren en forma
rápida. Es una enfermedad que produce podredumbre radicular, aunque se
manifiesta a través de síntomas foliares. Las hojas quedan de color marrón, a
excepción de las nervaduras que permanecen verdes. Es frecuente observar la
caída de los folíolos pero no la de los peciolos, que permanecen en su
posición normal. Las plantas afectadas pueden aparecer aisladas o en manchones.
Estos síntomas pueden aparecer desde floración hasta llenado de granos
(R5-R6). Si ocurre en este último caso no se presenta caída de vainas, pero
las semillas quedan de menor tamaño.
En general esta enfermedad está asociada a la ocurrencia de condiciones óptimas para el crecimiento del cultivo, particularmente alta humedad edáfica y alta fertilidad, tiempo fresco y la presencia en el suelo de otros organismos, especialmente el nematodo del quiste.
Temperaturas menores que las normales (cerca de 15 ºC), próximo a floración o comienzos de fructificación, favorecen el desarrollo de esta enfermedad, por mayor severidad de la podredumbre radicular. A su vez, para un óptimo desarrollo de síntomas foliares, se mencionan temperaturas del aire de 22 a 24ºC.
Para su manejo se recomiendan distintas medidas complementarias:
- Sembrar semillas de alta calidad y vigor.
- Usar cultivares resistentes o con mejor comportamiento al patógeno. En Argentina se han obtenido datos en invernáculo y campo. Los cultivares comerciales de mejor comportamiento en lotes con alta infestación natural del hongo y que correlacionan con los datos obtenidos bajo condiciones controladas son: RA 702, Don Mario 55, Dekalb 690, Promax 550, Coker 6738, A 5153, Norking Campeona y Federada 1 INTA. En evaluaciones con condiciones controladas se destacan: AW 4902 RG, ADM 4800 RR y Brava 39 RR.
- Sembrar en distintas fechas y variedades de distintos Grupo de madurez, a fin de escapar a la enfermedad.
- Realizar rotaciones que permitan el control del nematodo del quiste y disminuir los niveles de la enfermedad.
- Implementar prácticas culturales que eviten condiciones de estrés, manteniendo una fertilidad balanceada.
Podredumbre de raíz y tallo
Organismo causal: Phytophthora sojae
Comenzó a causar pérdidas en la década del 90 , a pesar de haber sido
detectada por primera vez en 1978. La incidencia puntual registrada en la
región pampeana central ha alcanzado valores de alrededor de 70%, obligando a
la resiembra de algunos lotes.
En suelos contaminados por el hongo y sembrados con cultivares susceptibles, se
observa podredumbre de semilla y damping off, disminuyendo el stand de plantas.
Al estado de primera hoja, los tallos afectados presentan una podredumbre
pardo-acuosa y hojas pálidas, terminando en la muerte de la plántula. En
plantas más adultas (V7 a R3), el hongo ocasiona una podredumbre de la raíz y
la base del tallo que se extiende hacia arriba, produciendo necrosis de los
tejidos, y contrastando en color con el verde característico de los tejidos
normales.
Las mayores infecciones se reportan en suelos frescos (15 a 20 ºC), saturados
de agua debido al poco drenaje, compactados y con monocultivo de soja.
Se sugiere realizar un programa integrado de manejo que incluya:
- Utilizar cultivares resistentes/tolerantes. Recordar que están presentes en el país las razas 1 y 4. Entre los cultivares resistentes a ambas razas se mencionan: AW 2886 RR, A 3302 RG, ADM 3600 RR, A 3770 RG, A 3401 RG, A 3901 RG, A 3550 RG, ADM 3700 RR, AW 4902 RR, A 4303 RG, A 4404 RG, AW 4403 RR, A 4910 RG, A 5417 RG, A 5428 RG, AW 5581 RR, A 5520 RG, A 5777 RG, A 5901 RG, A 6019 RG, A 6445 RG, A 7118 RG, A 7636 RG, A 8000 RG y A 8100 RG.
- Sembrar en suelos bien drenados.
- Tratar las semillas con fungicidas específicos. Los fungicidas son caros y no solucionan el problema si se trata de cultivares susceptibles a la enfermedad.
Cancro del tallo
Organismo causal: Diaporthe phaseolorum var meridionalis
Esta enfermedad fue citada para el NOA en 1983 y posteriormente en la
campaña 1991/92 en la zona de Pergamino, Bs. As con una ocurrencia esporádica
hasta 1996/97 donde se presentó en forma generalizada registrándose daños
significativos en la mayor parte del área sojera del país. Las pérdidas
puntuales registradas llegaron al 100%. Desde ese momento el recambio varietal
fue muy rápido y resultó una práctica de control eficiente adoptada por la
mayoría de los productores.
Esta enfermedad puede ser destructiva porque la muerte de plantas se produce
desde mediados del ciclo hasta la madurez. El síntoma inicial se caracteriza
por estrías o puntuaciones de color negro a castaño, en la parte inferior del
tallo, en el punto de inserción de ramas y peciolos que luego se extienden
dando lugar a los típicos cancros castaño rojizo.
La principal fuente de inóculo, responsable de las primeras infecciones a
campo, lo constituyen los restos del cultivo anterior (monocultivo).
El hongo, adaptado a condiciones cálidas y húmedas, requiere lluvias
frecuentes durante los primeros 35 a 40 días después de la siembra y
temperaturas mayores de 21ºC para desarrollar severas infecciones.
Para el manejo de esta enfermedad se sugiere:
- Empleo de cultivares resistentes, sistema eficiente y económico. En el mercado actual de cultivares, el 95% presenta resistencia genética.
- Rotación de cultivos con cereales de verano, lo cual reduce la población del patógeno presente en los residuos de cosecha.
- Siembra de semilla de calidad y tratada con fungicida.
El nematodo del quiste
Organismo Causal: Heterodera glycines
Este nematodo fue identificado causando daños en cultivos de soja en la región Pampeana en la campaña 1997/98. Pérdidas de hasta 65% fueron estimadas en campos severamente afectados en Córdoba y Santa Fe donde las razas 1, 3 y 14 fueron identificadas. Las razas 3 y 5 se observaron en Tucumán.
La infestación del lote se observa en forma de manchones o rodales que pueden incrementarse anualmente. Cuando las poblaciones del nematodo son altas y las condiciones ambientales favorables para su desarrollo, las plantas afectadas detienen su crecimiento y se vuelven cloróticas o amarillentas pudiendo defoliarse prematuramente. Una inspección cuidadosa de la superficie de las raíces, a una profundidad de 5-30 cm, permite observar las hembras diminutas, blancas y/o amarillas y los quistes marrones típicos del género Heterodera.
El manejo del nematodo del quiste requiere del desarrollo de estrategias integradas a corto y largo plazo:
- Rotación con cultivos no hospedantes (maíz, y sorgo entre otros)
- Empleo de variedades resistentes en combinación con cultivares susceptibles y plantas no hospedantes. De esta manera se trata de reducir el nivel de densidad poblacional del nematodo y disminuir la posibilidad de un cambio en la raza del mismo. Entre los cultivares resistentes a la raza 3 se mencionan: AW 4902 RR, A 5581 RG, A 3550 RG, A 4725 RG, A 6040 RG, A 5634 RG, A 5435 RG, A 5818 RG, AW 5581 RR, Maravilla 45 RR, Mágica 73 RR, TJ 2053 RR, P 94B01RR y P 9492 RR.
- Uso de semilla de calidad y libre del nematodo del quiste
- Evitar el movimiento de suelo que favorece la dispersión de los quistes. O sea continuar con las prácticas de SD que a su vez reducen la población de estos organismos.
- Realizar un monitoreo permanente del lote a fin de identificar la/las razas presentes y establecer la toma de decisiones en lo que hace a la selección de variedades resistentes y prácticas culturales.
Podredumbre marrón del tallo
Organismo causal: Phialophora gregata
Es una enfermedad de menor importancia que las mencionadas aunque su difusión e incidencia se vio incrementada a partir de la campaña 93/94.
Los síntomas de esta enfermedad se hacen visibles en estados fenológicos próximos a la madurez del cultivo. Se caracterizan por clorosis y necrosis internerval de las hojas, quedando una banda angosta verdosa que incluye las nervaduras. Las hojas afectadas pueden caer 20 a 30 días antes de la madurez normal del cultivo, bajo condiciones de tiempo seco. Haciendo un corte longitudinal del tallo, se distingue una coloración marrón rojiza en la médula y sistema vascular de la base del tallo.
El desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por temperaturas de 15 a 27 ºC. Los mayores daños se producen cuando el clima fresco durante el llenado de vainas es seguido por clima cálido y seco.
Como medidas preventivas en otros países se sugiere:
- Rotaciones con cereales de verano y de ser posible por tres años
- Uso de cultivares con mejor comportamiento a la enfermedad. Para Argentina no existen datos al respecto.
Mancha ojo de rana
Organismo causal: Cercospora sojina
La mancha ojo de rana (MOR) es una enfermedad fúngica de la soja reportada por primera vez en la zona centro de nuestro país en 1983 y en la zona norte en la campaña 1997/98, en ambos casos sin ocasionar daños importantes. Durante la campaña 1999/2000 se han observado lotes severamente afectados en la provincia de Tucumán, como así también en Salta, Catamarca y Santiago del Estero. En la región pampeana norte se observaron lotes con hojas mostrando síntomas durante la campaña 2000/01.
Las pérdidas en algunas localidades de Tucumán fueron superiores al 40%.
La mancha ojo de rana es principalmente una enfermedad foliar, pudiendo
presentar síntomas además en tallos vainas y semillas.
Las lesiones en hoja son en su inicio pequeñas manchas angulares o circulares, de color castaño rojizo, presentes sólo en la cara superior de la hoja. A medida que las lesiones avanzan, el centro de las manchas se torna de color castaño más claro quedando rodeadas de un halo castaño más oscuro. Estas lesiones tienen un tamaño de 1 a 5 mm. Cuando se presenta un gran número de lesiones las plantas pueden perder las hojas prematuramente.
Los primeros síntomas en hojas se observan generalmente en floración, mientras que las lesiones en tallos y vainas aparecen al final del periodo de fructificación, como manchas alargadas deprimidas, castaño oscuras en los bordes y más claras en el centro.
Las semillas presentan su tegumento con rajaduras y manchas de color pardo
claro.
El patógeno sobrevive en semilla y restos de plantas afectadas. Una vez
sembrada la semilla se infecta la planta y en algunos días se produce la
fructificación. Así las esporas se diseminarán por el viento al resto del
lote, ocurriendo una infección secundaria.
Es una enfermedad policíclica con varios ciclos de infección durante la campaña. Necesita tiempo cálido (25 a 35ºC) y húmedo, lluvias abundantes y rocío.
Como medidas de manejo se sugiere:
- Uso de variedades resistentes. Es la principal medida de control pero se debe recordar que este patógeno presenta razas y las variedades con el tiempo pueden cambiar su reacción. Entre los cultivares de mejor comportamiento a campo se destacan: Huayra, Shulka, GR 80, FT 2000, FT 2002, A 7986, TJ 2070, A 8000 RG, A 8100 RG, A 6401 RG, ADM 5800 RR, María 55 RR, Cristalina, A 9000 RG y A 5634 RG.
- Tratar las semillas con fungicidas. Se evita la introducción del hongo en lotes libres de esta enfermedad y en el caso de estar presente se evita la introducción de una nueva raza.
- Aplicaciones de fungicidas foliares en estadíos reproductivos tempranos.
- Rotaciones utilizando gramíneas estivales por dos años.
Entre las enfermedades de soja endémicas tanto en el norte como en el centro del país merecen señalarse: mancha marrón (Septoria glycines), tizón y mancha foliar por Cercospora y mancha púrpura (Cercospora kikuchii), antracnosis (Colletotrichum spp.), mildiu (Peronospora manshurica), tizón bacteriano (Pseudomonas syringae pv. glycinea), "damping off" (Rhizoctonia solani, Fusarium spp. y Pythium spp.), el tizón del tallo y vaina y podredumbre de semilla (Phomopsis spp.), el virus del mosaico común, el virus del mosaico de la alfalfa y el moteado del maní. Durante la campaña 2000/01 se presentó causando importantes pérdidas la podredumbre carbonosa (Macrophomina phaseolina). Ocasionalmente se presentan el tizón por Sclerotium (Sclerotium rolfsii), y en zonas del centro y oeste de Córdoba problemas causados por el nemátodo de la agalla (Meloidogyne incognita y M. javanica). En la campaña 1997/98 se presentaron ataques de oidio (Microsphaera diffusa) que causaron preocupación tanto en técnicos como en productores.
En la región noroeste del país se agrega el geminivirus que se hizo importante durante la década del 90 y la mancha anillada (Corynespora cassiicola). Un párrafo aparte merece la detección desde la campaña 2000/01 en el noreste de nuestro país de la roya de soja (Phakopsora pachyrhizi), la enfermedad más temida y destructiva de este cultivo.
Manejo de las enfermedades
Identificar las enfermedades claves
El primer paso en el manejo de enfermedades es identificar aquellas específicas que pueden constituirse en un problema. El productor deber ser un observador y "vigilar" su campo durante toda la estación de cultivo a fin de conocer cuales son las enfermedades que están causando daño, su severidad y como se están extendiendo. En base a estas observaciones deberá tomar decisiones de manejo.
El riesgo de enfermedades dependerá en gran medida de la rotación empleada, no constituyendo al doble cultivo (ejemplo: trigo-soja) una rotación debido a que hay insuficiente tiempo para descomponerse los residuos.
Dependiendo de la enfermedad identificada y de su prevalencia, se requerirán estrategias especificas de control. Por ejemplo, enfermedades foliares que aparecen un año probablemente aparecerán en la próxima estación de cultivo, por lo que se deberá prevenir su efecto mediante decisiones de manejo. Si se trata de algún hongo como Sclerotinia, que forma estructuras de resistencia (esclerocios) que perduran muchos años en el suelo y a través de las cuales el patógeno se disemina dentro y fuera del campo, las decisiones de manejo deben iniciarse en la misma campaña que se detectó. De esta manera se limitaría su diseminación a través de la cosechadora, posteriormente mediante la selección de la semilla/grano y así sucesivamente según las estrategias sugeridas para esta enfermedad.
Planear estrategias alternativas de manejo
Para cada enfermedad que implique un riesgo económico debe planificarse las distintas alternativas de control a través de un programa integrado de manejo tanto de las enfermedades como del cultivo, insectos y malezas.
Cultivares resistentes y adaptados a cada región
Se han desarrollado variedades de soja con resistencia genética a las principales enfermedades. Sembrar dichas variedades en zonas con problema es la manera más práctica y económica para disminuir pérdidas causadas por enfermedades. Utilizar una variedad resistente solamente para una o dos campañas. Cuando las variedades resistentes son continuamente utilizadas, nuevas razas pueden comenzar a aparecer. Asimismo, el empleo de resistencia puede constituir un buen seguro contra enfermedades que se saben presentes aunque las pérdidas ocasionadas aún no son importantes.
La tolerancia, que es la habilidad de una planta de sobrellevar una enfermedad sin que se afecte su rendimiento, es otra alternativa que debería considerarse para algunas situaciones en las que no existe resistencia genética para esa enfermedad específica.
Rotación de cultivos
La rotación de cultivos es otra manera para evitar algunas enfermedades de
soja. Cuando se realiza monocultivo de soja en la misma zona por varios años,
el número de los patógenos en esa zona irán en continuo crecimiento. Es de
destacar que algunos patógenos no pueden ser adecuadamente controlados por la
rotación de cultivos.
Muchos patógenos persisten en restos de cultivos o en el suelo donde se ha
sembrado un cultivo susceptible. El período de persistencia es muy variado.
Cuando el patógeno es un habitante del suelo, o sea que tiene una vida
saprofítica o produce formas de resistencia que le permite vivir mas de 5
años, la rotación de cultivo no constituye una practica eficaz. Adicionalmente
algunos hongos producen esporas llevadas por el viento que pueden diseminarlos a
largas distancias afectando campos adyacentes, en cuyo caso las rotaciones no
serían tan efectivas (por ejemplo la roya).
Por el contrario, el control mediante rotación de cultivos es eficaz cuando
se trata de patógenos que son invasores del suelo, es decir aquellos que
sobreviven únicamente sobre plantas vivas susceptibles o pueden sobrevivir
durante el tiempo que persisten los residuos del hospedante, como substrato,
durante su existencia saprofítica.
La rotación de cultivos favorece una selección negativa del patógeno, dando
el tiempo suficiente para que los antagonistas residentes del suelo destruyan
biológicamente al inóculo del mismo.
Consecuentemente las rotaciones pueden involucrar sembrar de vuelta el mismo cultivo después de varios años. El periodo de rotación requerido para el control o disminución de la enfermedad dependerá de la tasa de descomposición de los residuos y del patógeno involucrado. Por lo tanto es importante identificar la enfermedad problema y las características epidemiológicas de la misma, indispensable para la toma de decisiones.
Empleo de semilla de alta calidad y certificada
La siembra de semilla certificada y libre de patógenos, asegura una buena germinación y vigor de las plántulas, lo que facilita un crecimiento y desarrollo más rápido en sus primeros estadios.
Tratamiento de las semillas con fungicidas
La desinfección de semilla complementa los beneficios del empleo de semilla certificada. Mejora el stand, especialmente en caso de siembras bajo SD donde los suelos son más fríos y húmedos exponiendo la semilla y plántula al ataque de diferentes organismos. El uso de fungicidas en semilla mejora la emergencia y reduce los daños de pérdidas de postemergencia por damping-off, controlando patógenos llevados por semilla, como así también sirve de medida preventiva para evitar la introducción y diseminación de organismos en áreas no infectadas.
Buen control de malezas e insectos
Esta práctica permite en general reducir la fuente de inóculo primario de algunos virus y hongos en distintos cultivos como maíz, sorgo, soja, trigo.
El control de plagas es importante, ya que los insectos del suelo representan una amenaza al cultivo en cualquier fecha de siembra y más aún en lotes implantados bajo siembra directa. Además de las pérdidas directas que ocasionan, las plagas originan daños parciales que constituyen vías de entrada para el ataque de distintos microorganismos.
Las malezas que se desarrollan en el cultivo o en sus proximidades no sólo constituyen hospedantes de distintos patógenos donde incrementan el inoculo o sobreviven, sino también afectan el microclima del cultivo y consecuentemente favorecen el desarrollo de enfermedades. Asimismo al competir con el cultivo por el agua, espacio y nutrientes aumenta la probabilidad de estrés, predisponiendo a las plantas a enfermedades asociadas con esta situación.
Fertilidad balanceada
Una adecuada fertilidad puede ser un factor importante en reducir las pérdidas por enfermedades en soja
Exceso o deficiencia de algunos minerales pueden favorecer el desarrollo de ciertas enfermedades o disminuirlas por lo que es importante conocer la situación de fertilidad en que se encuentra el campo para una correcta fertilización que contribuirá no solo a la buena implantación y desarrollo del cultivo sino también a prevenir que las plantas se predispongan a ciertas enfermedades. Por ejemplo: alta fertilidad asociada con alta densidad de plantas incrementa los daños producidos por Sclerotinia, por mayor biomasa. A su vez, alto pH y contenido de potasio y, suplementación con N reduce la severidad de podredumbre marrón del tallo en soja.
Fechas de siembra, densidad, espaciamiento y riego
El manejo de algunas variables como fecha de siembra, densidad, espaciamiento, forma de irrigación, fertilización puede ser importantes como estrategia complementaria en un programa integrado de manejo para disminuir el riesgo de enfermedades, a través de la reducción del inóculo o escape . Por escape se entiende evadir al patógeno logrando que el cultivo hospedante pueda pasar su etapa susceptible a la infección antes que aquel lo infecte. Así, en el caso de la podredumbre húmeda por Sclerotinia, el período de mayor vulnerabilidad del cultivo de soja al ataque de este hongo transcurre desde plena floración a inicio de fructificación (R2 a R4). Por lo tanto en la región pampeana , deberían hacerse siembras de primavera con grupos precoces ya que su periodo de floración no coincidiría con las condiciones de temperatura y humedad favorables para el inicio de las infecciones. A su vez, el periodo de mayor vulnerabilidad del cultivo de soja a la infección por el hongo causal del cancro del tallo son los primeros estadios vegetativos de la planta.
El aumento de la población de plantas, por ejemplo, es otro aspecto a considerar ya que puede predisponer a determinadas enfermedades, por el microclima que se crea bajo la canopia del cultivo. Otro aspecto que debe tenerse en cuenta, es el manejo del agua, ya que tanto el déficit como el exceso favorece el desarrollo de algunos patógenos. En esta ultima situación estarían las enfermedades radiculares y aquellas cuya diseminación es favorecida por la presencia de una película de agua, como el caso de las podredumbres por Pythium y Phytophthora, hongos causales de "damping off".
La implementación de cada una o todas las prácticas culturales dependerá del cultivo y las características de la enfermedad específica.
Labranzas
La reducción de inóculo con labranzas se basa en su inactivación por
incorporación a capas profundas del suelo, o exposición al calor y sequía en
la superficie del suelo.
La labranza del suelo ha cambiado en los últimos años, donde la labranza
convencional que incorporaba rastrojos a 15-20 cm de profundidad va siendo
sustituída por las labranzas conservacionistas, con rastrojos en superficie
que, entre otros beneficios, conserva la humedad del suelo, reduce la erosión y
reduce los costos de producción.
El efecto de este tipo de labranzas es variable pudiendo incrementar, disminuir, o no tener ningún efecto sobre las enfermedades de las plantas.
Los restos de cultivo dejados en la superficie o parcialmente enterrados pueden permitir la sobrevivencia de los patógenos durante períodos adversos hasta que el cultivo sea implantado, pero también pueden favorecer las condiciones para la actividad de otros organismos que actúan en el control biológico de los mismos.
Aplicación de fungicidas foliares
Para algunas enfermedades, tanto el tratamiento de semilla como la
aplicación foliar de fungicidas constituyen una práctica efectiva de control.
La aplicación foliar de fungicidas es más efectiva cuando se hace de manera
preventiva, siendo necesario determinar la relación costo-beneficio y la
eficiencia de su aplicación considerando el equipamiento requerido, ya que en
no todos los casos resulta económico su empleo, aun siendo efectivo su control.
Durante las últimas campañas se han realizado aplicaciones de fungicidas
foliares en diversos ensayos para el control de enfermedades de fin de ciclo,
con muy buenos resultados.
Conclusiones
La ocurrencia de enfermedades es un proceso dinámico y el cultivo de la soja es parte de dicho proceso, mas aún considerando la rápida expansión alcanzada en Argentina, que de una producción nacional de 59.000 tn en 1970/71 llegó en algo más de 30 años a 35.000.000 tn (estimación 2002/03).
Consecuentemente tanto la investigación como la asistencia técnica deben siempre actualizarse y ser transferidas rápida y en forma eficiente a los productores. Debe enfatizarse el concepto de manejo integrado de las enfermedades ya que solamente la combinación de distintas estrategias a través de un programa conjunto y complementario, adaptado a cada situación local, permitirán reducir las pérdidas por enfermedades debajo de los niveles económicos de daño, dando al productor seguridad de cosecha.
La siembra de cultivares resistentes sigue siendo el más económico y eficiente medio de control de las enfermedades. Existen en el mercado cultivares de soja que son resistentes o tolerantes a algunas de las enfermedades de mayor importancia, pero para la mayoría de ellas la resistencia es escasa o no se conoce. También debe tenerse en cuenta que distintos patógenos causales de enfermedades son organismos dinámicos, capaces bajo determinadas circunstancias de romper la resistencia existente y por ello el trabajo deberá ser continuo.
El uso de la resistencia tiene la ventaja de no requerir acciones especificas por parte del productor, no contaminar el ambiente, ser compatible con otras estrategias de manejo y, en algunos casos resultar suficiente para mantener o disminuir la enfermedad por debajo del umbral de daño económico.
La necesidad de continuar y extender el sistema de siembra directa obliga a
técnicos y productores a desarrollar acciones conjuntas y adoptar nuevas
estrategias que permitan un manejo racional de las enfermedades dentro de la
sustentabilidad del sistema. La difusión de este sistema de Siembra Directa ha
desencadenado y desencadena actualmente, una gran cantidad de interrogantes
técnicos a los cuales se debe responder en forma acelerada. El aporte de las
experiencias de técnicos investigadores, extensionistas y asesores y su
intercambio, ayudará a responder a esos interrogantes, redundando finalmente en
un beneficio para el país.
La rotación de cultivos con gramíneas es la práctica más eficiente para
disminuir niveles de inóculo. La soja es el cultivo de mayor adopción y
expansión en la historia de la agricultura argentina. El importante crecimiento
del cultivo se debió básicamente a su adaptación a distintos ambientes, su
mayor rentabilidad y la simplificación de la producción (mayoritariamente por
la adopción de la siembra directa y los cultivares resistentes a glifosato).
Lamentablemente debido a ello gran cantidad de productores siembran sólo soja o
realizan rotaciones con otros cultivos esporádicamente, favoreciendo de esta
forma la multiplicación de los niveles de inóculo en los campos.
Los productores, técnicos e investigadores deben concientizarse y brindar
soluciones a los problemas rápidamente si se pretende que las pérdidas
producidas por enfermedades no sigan agravándose.
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