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La soja en los planteos de producción de la región Norte de Córdoba

Marcelo Torrent - Coordinador región Norte de Córdoba de AACREA

El proceso de agriculturización que viene ocurriendo en las empresas agropecuarias del norte de la provincia de Córdoba en los últimos 10 años ha tenido en el cultivo de soja su herramienta fundamental.

El importante crecimiento del área bajo este cultivo, proporcionalmente mayor que el ocurrido en el mismo período a nivel provincial o nacional, se ha basado en factores de carácter climático-ecológico, económico-empresarial, cultural y tecnológico y ha puesto a la mayoría de las empresas de la región frente a una nueva realidad que produce en esas mismas empresas nuevas fortalezas y debilidades.

El presente trabajo intenta aportar algunas ideas sobre cuales han sido los factores mencionados, cual es la situación actual del cultivo en la región y que nuevas fortalezas y debilidades se han generado a nivel de las empresas.

Caracterización regional

Definiendo al centro norte de la provincia de Córdoba como la superficie que abarcan los departamentos Colón, Ischilín, Río Primero, Río Seco, Sobremonte, Totoral y Tulumba, se puede distinguir en esa área dos ambientes claramente diferenciados: El pié de sierras ubicado hacia el oeste de la ruta nacional 9 con una condición edáfica heterogénea propia de su orografía irregular donde coexisten suelos de diferentes texturas y composición química y el llano suavemente ondulado hacia el este de la ruta 9 con suelos molisoles, mayormente haplustoles típicos, énticos o páquicos, de textura franco limosa, y con buen drenaje en general. Los contenidos de materia orgánica varían desde un máximo de 3,5% a 4% en suelos con monte o recientemente desmontados pasando por contenidos entre 2,5% y 3,5% en lotes con escasa historia agrícola (menos de 10 años de agricultura) hasta situaciones de alrededor del 2% en lotes con mayor historia de roturación. Asimismo en el área de llanura suavemente ondulada, existe variabilidad de los valores antes mencionados que en general coinciden con aspectos climáticos que se mencionan mas adelante y que han dado origen a suelos de diferentes calidades y profundidades. En lo que respecta a fósforo, en el pie de sierras dentro de su heterogeneidad pueden encontrarse lotes en los que la disponibilidad de este elemento es escasa (5 a 10 ppm) hasta situaciones de buena provisión (alrededor de 30 ppm). En el llano las provisiones de fósforo son excepcionales y es común obtener resultados de análisis en los que se detectan valores de 70 a 100 ppm y en algunos casos superiores. Cabe aclarar que la superficie que posee aptitud agrícola no abarca la totalidad de los departamentos mencionados. En algunos casos sólo los involucra parcialmente.

El clima de la región en lo que a precipitaciones se refiere es típicamente monzónico con lluvias concentradas entre los meses de octubre y marzo y que en una serie histórica de mas de 50 años arroja promedios entre 650 y 750 mm anuales (los menores valores se registran a medida que nos alejamos de la ruta 9 hacia el este y hacia el norte), valores estos que se incrementan en el orden de 100 a 150 mm anuales si se consideran solamente los últimos 10 años.

La historia reciente

A principios de la década del 90 el "paisaje productivo" de esta región se caracterizaba por sistemas de ganadería extensiva de cría e invernada bovina cuya base forrajera estaba constituida principalmente por pastizales naturales y pasturas perennes subtropicales (Gatton panic y Grama rodhes). La agricultura existente no superaba el 10% de la superficie en producción y en general estaba vinculada a darle seguridad a los planteos ganaderos (maíz y sorgo de doble propósito). La mayor difusión del área agrícola se concentraba en el área de pié de sierras a partir de una concepción generalizada de mayor seguridad que esa área presentaba a los cultivos, en función de mejores condiciones climáticas.

La incorporación de pasturas subtropicales perennes, y el ajuste de cadenas forrajeras incluyendo verdeos de invierno y de verano y el empleo de la suplementación con granos producidos en los mismos establecimientos, dieron a la ganadería un nivel de intensificación que le permitió ir evolucionando de la cría al ciclo completo y la invernada de compra.

En ese marco general comienza a producirse un proceso de agriculturización en el cual la soja tuvo una participación mas que destacada. Si bien ya existían experiencias locales con este cultivo desde principios de los 80, el área estaba limitada a unas pocas hectáreas.

Los motivos económico-empresariales

A partir del uso de herramientas de análisis económico y con una perspectiva de mejores resultados respecto a los obtenidos en ganadería, que permitirían satisfacer demandas crecientes de retiros, comienzan a incorporarse lotes de soja en muchas empresas.

Un perfil particular de muchos "productores" zonales cuyos antecedentes en la actividad agropecuaria se remontaba a unos pocos años, proviniendo en general de actividades empresariales y/o profesionales que generaban excedentes con los que se fueron armando muchas de las empresas agropecuarias de la región, permitió una notable "permeabilidad" al análisis de nuevas propuestas, a la incorporación de tecnología sin preconceptos y en definitiva a producir cambios sustanciales en los sistemas existentes.

Un párrafo aparte merecen los "pioneros foráneos". Desde las primeras experiencias con el cultivo de soja a nivel zonal se contó con los aportes realizados por aquellos productores que migraron de otras zonas buscando una expansión hacia tierras en donde la escala y los valores de la tierra, ya sea para la compra o alquiler, fueran viables para sus empresas. De sus aciertos y fracasos se nutrieron los productores locales.

Las herramientas tecnológicas

Sin duda alguna el cultivo de soja se difunde en la región de la mano de una herramienta que permitió ampliar los límites que proponían el manejo convencional de cultivos y las limitantes hídricas: la siembra directa. El manejo ajustado del agua del suelo a sido por lejos el principal beneficio que presentó esta técnica. Su adopción fue masiva e inmediata. En muchos casos sólo se emplearon laboreos convencionales para lograr la limpieza de lotes que, saliendo de monte, renovales o pasturas naturales o implantadas con presencia de leña, tuvieran por destino la labranza cero.

La incorporación de las variedades transgénicas resistentes a glifosato también colaboró en forma muy significativa con la difusión del cultivo. El control sencillo y económico de malezas permitió la incorporación de lotes que hasta entonces se hubieran considerado de muy difícil manejo o no aptos para agricultura.

La incorporación de equipos de riego por aspersión a partir de mediados del los 90 permitió conocer el potencial productivo de este ambiente cuando se eliminaba la restricción hídrica. Si bien la expansión de estos sistemas de producción se vio restringida a partir de menores expectativas de impacto económico originadas por la caída del precio internacional de los granos hacia fines de 1997, y por el afianzamiento de resultados de cultivos en secano a partir de ajustes tecnológicos, los aportes han sido y siguen siendo de gran valor. Muchas de las herramientas que comenzaron a emplearse en estos sistemas (determinaciones de constantes hídricas de los suelos, mediciones de agua en el perfil, balances hídricos, balances de nutrientes, etc) hoy se emplean habitualmente en cultivos de secano. También fue en estos sistemas que se vislumbró la posibilidad de mejorar los rendimientos en maíz e incorporar el trigo a los planteos de producción.

La diversificación de grupos de madurez ha sido otra herramienta importante que a permitido una disminución del riesgo frente a problemas climáticos y un mejor ajuste del sistema de rotaciones permitiendo que el cultivo de trigo sea hoy otro componente habitual de estos sistemas.

La aparición e inmediata adopción por parte de los productores locales del sistema de almacenamiento de granos en silo bolsa fue otro elemento fundamental que brindó la solución a un problema originado en una mayor velocidad de crecimiento del área sembrada y de la producción respecto al desarrollo de una infraestructura zonal de almacenamiento y comercialización de granos acorde a ese crecimiento.

El trabajo de los Grupos CREA de la región y el aporte de su información al medio junto a la información generada por INTA, la Universidad Nacional de Córdoba y AAPRESID constituyen otra de las herramientas que favorecieron el desarrollo local del cultivo.

La evolución

El área destinada al cultivo de soja en los departamentos Colón, Ischilín, Río Primero, Río Seco, Sobremonte, Totoral y Tulumba en la campaña 91/92 representaba el 3,7% del total provincial y el 0,9% del total del país, mientras que en la campaña 02/03 alcanzó el 20,8% del total provincial y el 6,0% del total del país (cuadro 1).

Cuadro 1. Evolución de Superficie de Soja en la zona Norte de Córdoba (en miles de has)

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Fuente: Elaboración propia con datos de la SAGyA de Cba. y SAGPyA. de la Nación.

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El área sembrada de los departamentos mencionados ha experimentó un crecimiento de mas de 16 veces la superficie inicial desde principios de la década del 90 a la fecha mientras que en el ámbito de la provincia y del país esa evolución alcanzó 2,8 y 2,5 veces respectivamente la superficie inicial (gráfico 1).

¿Sobre que superficie se operó ese significativo crecimiento? Fundamentalmente sobre monte, campo natural, y pasturas megatérmicas, disminuyendo el área dedicada a actividades ganaderas. En este sentido cabe mencionar que en muchas empresas se empleó el capital hacienda para financiar limpieza de lotes, compra de maquinarias e insumos para la incorporación de superficie agrícola.

En el período analizado en el norte de Córdoba la evolución de la superficie destinada al cultivo de maíz tuvo un crecimiento proporcionalmente mucho menor que el de la soja. En la campaña 91/92 por cada hectárea de maíz se sembraron 0,5 has de soja mientras que en la campaña 02/03 por cada hectárea de maíz se sembraron 3,8 has de soja (gráfico 2).

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La producción siguió una evolución similar. En la campaña la campaña 91/92 el total producido en el área norte de Córdoba representaba el 3,4% del total provincial y el 1,0% del total nacional mientras que en la campaña 01/02 alcanzó el 22,6% y el 6,3% respectivamente (cuadro 2). Los rendimientos por hectárea logrados en el norte de la provincia de Córdoba han sido superiores en los últimos 6 años a los obtenidos como promedio en la provincia y en los últimos 3 años superiores a los obtenidos a nivel nacional (gráfico 3).

Cuadro 2. Evolución de Producción de Soja en miles de toneladas.

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Fuente: Elaboración propia con datos de la SAGyA de Cba. y SAGPyA. de la Nación.

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La situación actual

Para describir como se cultiva hoy la soja en la región se mostrarán datos generados en el análisis de campaña de los grupos CREA de la Región Córdoba Norte de AACREA correspondientes al ejercicio 2001/2002. Si bien no representan la totalidad de la superficie de este cultivo en la región, son seguramente una muestra muy representativa.

Sobre un total analizado de 40.478 has de soja que representaron 616 lotes de producción y que arrojaron un rendimiento aritmético promedio de 27,71 qq/ha, el 91% se realizó en siembra directa. El antecesor mas empleado fue soja con un 33% de la superficie total, le siguió trigo con un 29%, maíz con un 25 % y las pasturas subtropicales (lotes que se incorporan a agricultura) con un 8% (gráfico 5).

Del análisis de estos datos es simple concluir que las rotaciones que se están llevando adelante a nivel zonal dan como resultado que se siembran al menos tres hectáreas de soja por cada hectárea de maíz y que el trigo hoy ocupa un lugar importante en el aporte de rastrojos y carbono al sistema. Las rotaciones más frecuentes (de aquellas empresas que tienen planteada alguna rotación definida) son las siguientes:

  • Soja --> Trigo/Soja --> Maíz
  • Soja --> Trigo/Soja --> Soja --> Maíz en zonas más marginales.
  • Soja --> Maíz en zonas más cercanas al pie de sierras.
  • Soja --> Trigo/Maíz combinado con Maíz --> Trigo/Soja en planteos de riego y algunos planteos de secano en las mejores zonas.

Una situación diferenciada lo constituyen los lotes en arrendamiento en los que muy tímidamente comienzan a escucharse planteos de rotación con gramíneas exigidas por los propietarios de los campos. Hoy todavía el monocultivo de soja en estos casos es una realidad casi excluyente.

Es interesante destacar que en las últimas 3 campañas analizadas los rendimientos obtenidos en sojas con antecesor maíz superan en unos 4 qq/ha promedio a los obtenidos en lotes de soja sobre soja (33 qq/ha y 29 qq/ha respectivamente). La soja de 2da (sobre trigo) ha tenido en las 3 campañas un rendimiento promedio de 27 qq/ha.

En cuanto a las fechas de siembra, en la campaña analizada, el 55% de la superficie se sembró antes del 1 de noviembre, un 33% durante el mes de noviembre y un 12% durante el mes de diciembre. Podrá advertirse que aún teniendo una superficie cercana al 30% de soja sobre trigo, antes de fines de noviembre se había sembrado casi el 90% del total. Esto indica que muchos lotes de "soja de segunda" lo son solo por tener como antecesor al trigo pero no por la fecha de siembra.

Respecto a la evolución que está teniendo la fecha de siembra, en los últimos años se está produciendo un adelantamiento de las mismas de la mano de un acortamiento en los grupos de madurez. Los rendimientos están avalando esta decisión, ya que al retrasar la fecha de siembra disminuyen los rendimientos obtenidos.

Las variedades empleadas también han ido sufriendo un cambio en las últimas campañas con una clara tendencia al acortamiento de grupo de madurez. En la campaña 99/00 las variedades de grupo VI ocupaban mas del 60% de la superficie mientras que las de grupo IV no alcanzaban el 10%. En la campaña 01/02 la superficie asignada a las variedades del grupo IV alcanzó el 35% de la superficie ganando terreno claramente sobre las variedades de grupo VI y manteniendo las variedades de grupo V una superficie del orden del 25% al 30% durante los últimos años. En la campaña 02/03 esta tendencia se mantuvo y la reducción del área sembrada con variedades de grupo VI ha sido muy significativa.

En lo que respecta al manejo nutricional del cultivo, salvo en aquellos casos con deficiencias en fósforo (algunos lotes del pie de sierras) en los que se corrige esa deficiencia a través de la fertilización en el momento de la siembra, no es una práctica habitual la fertilización en el cultivo de soja. Recientemente se están realizando algunas experiencias con fertilización azufrada. La inoculación de la semilla se mantiene habitualmente aún en lotes con varios años de soja y donde se observa un nivel apropiado de nodulación.

En lo referido al control de malezas, el uso de glifosato se ha convertido en la herramienta casi excluyente a partir de la incorporación y masiva adopción de las variedades resistentes a este herbicida. Sin embargo, en los últimos años comenzaron a manifestarse dificultades en el control de algunas malezas que amenazan en convertirse en el problema principal de muchos lotes tales como Parietaria debilis, Commelina erecta e Ipomoea spp.

El control de insectos no ha presentado hasta ahora mayores dificultades con la excepción de algunos casos aislados en los que la presencia de bicho bolita y babosas generaron algunas dificultades adicionales particularmente a nivel de costos ya que las soluciones técnicas están hoy disponibles.

Los tratamientos con funguicidas para control de enfermedades de fin de ciclo no son práctica habitual y la presencia de patógenos ha sido hasta ahora poco significativa.

El impacto del cultivo de soja en las empresas

Tal como se mencionó al principio, la incorporación del cultivo de soja en las empresas de la región ha causado cambios profundos sobre las mismas generando un nuevo balance de fortalezas y debilidades.

Entre las fortalezas más evidentes puede mencionarse la revalorización inmobiliaria que se manifestó tanto en el precio de los campos de la zona como en el valor de los alquileres. Si bien existe una amplia gama de valores según la zona específica en que se encuentre el campo en cuestión, podría afirmarse que en los últimos 10 años el precio de la tierra aumentó en la región entre un 100% y un 300%. Obviamente este hecho genera un impacto positivo en lo que se refiere al crecimiento patrimonial de las empresas, pero a la vez ha originado una disminución en los resultados de rentabilidad sobre capital total comparados con los resultados que se obtenían en la primera etapa de la agriculturización.

Las ventajas comparativas que ofrece a la producción agrícola los campos de la región están basadas fundamentalmente en el potencial productivo de tierras "nuevas" y la baja presión de patógenos. Estos elementos combinados tienen por efecto poder realizar cultivos con niveles de costos directos que están en general por debajo de los costos habituales en otras zonas, fundamentalmente por un menor empleo de fertilizantes y funguicidas, logrando resultados productivos similares e incluso superiores. Estas ventajas se manifiestan con mayor claridad en cultivos de maíz y trigo, pero en soja también tienen impacto.

Otro efecto que se evidenció con claridad fue como muchas empresas diluyeron crisis macroeconómica con cambio de sistema de producción. Partiendo de escalas medias a grandes con planteos ganaderos que no hubieran permitido acompañar las exigencias crecientes de retiros empresariales, muchas empresas encontraron en la agriculturización el medio de generar ingresos y resultados que superaron esa demanda creciente de retiros. Tal como se mencionó anteriormente la liquidación de stocks ganaderos se empleó en muchos casos para financiar el cambio del sistema pero también para liquidar pasivos y mantener retiros.

Pero no todas son rosas. Este nuevo escenario también plantea debilidades. Las dudas sobre la sustentabilidad de los sistemas de producción actuales ya se ha instalado en muchas empresas de la región, pero aún se está lejos de contar con la información necesaria para responder a muchos interrogantes y seguramente ni siquiera está planteada la totalidad de los mismos. La agriculturización se ha producido en una gran variedad de condiciones y seguramente los problemas de falta de sustentabilidad también presentarán esa misma variabilidad.

¿Cómo afectará a los sistemas un cambio climático que lleve los registros pluviométricos a los valores "históricos"?, ¿Qué posibilidades económico-financieras tendrán las empresas de retornar a actividades ganaderas?, ¿Cómo se verán afectados los resultados económicos de las empresas frente a variaciones en el marco macroeconómico nacional o internacional?, ¿En cuanto tiempo se diluirán o perderán las ventajas comparativas mencionadas en párrafos anteriores?, ¿Qué rotaciones podrán mantener la viabilidad técnica y económica de las empresas?. A esta lista de interrogantes seguramente podríamos agregar muchos más. Entre las pocas respuestas con que hoy contamos, está la certeza de que las situaciones más marginales serán las primeras en colapsar si no se resuelven muchos de estos interrogantes.

Comentarios finales

Si tuviéramos que definir en una sola palabra los procesos de cambio que vienen ocurriendo en los sistemas de producción de las empresas agropecuarias de la región norte de la provincia de Córdoba en los últimos años, probablemente la palabra que mejor los representaría sería desafío.

Esa definición hoy tiene absoluta vigencia. El desafío que significó hace algunos años, a partir de las características propias de la zona y el perfil de sus productores, la búsqueda de nuevas actividades productivas que permitieran el fortalecimiento y crecimiento de sus empresas, hoy se ha convertido en el desafío de encontrar los caminos que le den sustentabilidad a los cambios producidos o de encontrar mediante nuevos cambios un equilibrio sostenible.