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Horizontes del cultivo de soja
Contribuciones potenciales desde la genética y la biotecnología

Claudia M.I. Nari - Gerente de Mejoramiento de Soja, Monsanto Argentina S.A.I.C

El inicio de la expansión del cultivo data de la década del 60, cuando se hicieron las primeras experiencias en manos de algunos pioneros. En ese momento, las primeras experiencias realizadas con materiales genéticos desarrollados en otras latitudes, podrían haber acabado en el fracaso debido a su falta de adaptación. Sin embargo, el mejoramiento genético se constituyó en una herramienta fundamental en el proceso de adaptación y mejora del cultivo para las cambiantes condiciones de producción en la Argentina.

La soja, es una especie con respuesta fotoperiódica y alta interacción genotipo ambiente; es originaria del Sudeste asiático y fue introducida en el continente americano, a principios del siglo pasado, con fines forrajeros principalmente. El desarrollo de la investigación en los Estados Unidos, como primer país introductor de la misma, arrojó como resultado las primeras variedades americanas, con las cuales se llevaron a cabo las primeras experiencias en el país.

En aquel momento, fue de vital importancia el entendimiento de la relación entre grupos de madurez y zonas de producción. Nuestro país ofrece numerosas alternativas para una determinada latitud, y comprender las relaciones entre el sistema de manejo, las condiciones de producción y las posibilidades geográficas favoreció la identificación de combinaciones que permiten maximizar los resultados y la expresión del potencial de rendimiento de un determinado cultivar.

Los primeros esfuerzos locales relacionados al mejoramiento genético datan de la década del ´60, época en la cual, una empresa privada nacional (actualmente Relmó) inició sus trabajos orientados a la obtención de materiales genéticos adaptados a las condiciones de producción argentinas. Siguieron a sus esfuerzos otras empresas (como Asgrow o Continental) hacia fines de los 70, con el mismo objetivo de contribuir al desarrollo del cultivo.

Como consecuencia de ese trabajo en la década del ´80 se comienzan a registrar masivamente variedades desarrolladas localmente, lo que acompañó y tuvo como consecuencia el comienzo de la expansión del cultivo. En el año 1980 se sembraron 2 millones de hectáreas con la oleaginosa, llegando a los 5 millones hacia fines de esa década. Los rendimientos unitarios, si bien fluctuantes, debido principalmente a condiciones climáticas, fueron crecientes desde el inicio del cultivo, tendencia que se mantiene hasta nuestros días.

A principios de la década del ´90, una nueva herramienta de trabajo para los fitomejoradores, hace su entrada en nuestro medio, Los primeros resultados obtenidos del trabajo realizado con transformaciones genéticas, comienzan a evaluarse. La primera ola de los productos desarrollados con esta tecnología, destinados principalmente al control de plagas, como insectos y malezas, se desarrollaron rápidamente. El primer ejemplo, la soja modificada genéticamente, con el gen Roundup Ready TM de Monsanto, marca el inicio de un nuevo camino.

Esta tecnología, aplicada en materiales genéticos desarrollados localmente, amplía las fronteras del cultivo, llevándolo hacia áreas consideradas marginales, ya que razones agroecológicas consideradas limitantes para el resultado económico del mismo, pasan adquieren valoraciones relativas al aplicarse esta tecnología. La superficie cultivada experimenta un rápido incremento, pasando de las 6 millones de hectáreas de 1996 a más de 13 millones en la campaña pasada, manteniéndose una tendencia creciente en los rendimientos, a pesar de que el incremento de superficie fue realizado con la incorporación de las áreas anteriormente definidas como de menor aptitud.

La tecnología, llevada de la mano del desarrollo genético, aparece brindando una respuesta adecuada a las demandas del medio. El esfuerzo realizado constantemente para obtener nuevas variedades de soja, que respondan a las necesidades del productor agropecuario, va despejando y solucionando problemas a lo largo del camino, desde la adaptación y crecimiento de un cultivo, hasta la solución de problemas puntuales relacionados con el mismo.

La obtención de variedades de soja, es un proceso lento y costoso, desarrollado en nuestro país principalmente por compañías privadas. Desde el momento en que se inicia una nueva combinación genética, hasta que el productor tiene la variedad en sus manos, pasa un considerable período de tiempo, por lo que el trabajo de mejoramiento debe ser realizado previendo las condiciones futuras de producción y anticipándose a la aparición de los problemas limitantes de la misma.

Durante la década del ´80, la obtención de una nueva variedad de soja, insumía un período de alrededor de 10 o 12 años; actualmente, con la aplicación de tecnología adecuada, ese período se ha reducido a alrededor de 6 años. Este lapso sigue siendo largo y la utilización de insumos es mayor, por lo que los costos son elevados.

El impacto futuro del trabajo de mejoramiento puede ejemplificarse frente a la aparición de una nueva enfermedad para nuestro medio. El incremento del área, y la reducción de rotaciones, trae aparejado el incremento en la presión de distintas enfermedades, aspecto que debe ser previsto con anticipación. En la campaña 96-97 se produjo en Argentina, la primer gran epifitia causada por Cancro del Tallo de la Soja (Diaphorte paseolorum f.sp meridionalis). Grandes áreas productoras fueron afectadas por este patógeno, produciendo una pérdida casi total de la producción. El hecho de contar con resistencia genética, y evaluación previa de las variedades, por medios artificiales de inoculación, o estudios conducidos en otras latitudes, permitió el cambio casi completo de las variedades utilizadas en un lapso de solamente dos campañas. Esto contribuyó a reducir el perjuicio del problema, con un costo muy bajo para el productor. El productor, sólo cambió la variedad y comenzó a utilizar aquellas con resistencia genética incorporada.

Esta solución estaba disponible, debido a que las empresas habían previsto la posibilidad de aparición de la enfermedad (que estaba presente en Brasil y Paraguay, en aquellos días) y habían realizado las inversiones necesarias para ofrecer esta posibilidad al productor. Por ello, se hace comprensible la necesidad de asegurar un mecanismo de comercialización de variedades de soja, que permita a las empresas recuperar sus inversiones y continuar el desarrollo de la tecnología necesaria para solucionar estas y otras situaciones problemáticas por las que deba atravesar el agro argentino.

Otra contribución que el mejoramiento genético esta haciendo en este momento al sector, pasa por la calidad diferencial del producto industrial. El programa PROFAT, desarrollado por Monsanto, permite al productor recibir una compensación diferencial por calidad industrial, bonificando por el contenido en proteína de los cultivares incluidos en el convenio. Este convenio, permitirá al procesador, en este caso Cargill, contar con un producto de mejor calidad para la exportación. Los cultivares participantes de esta modalidad de comercialización, surgen de un programa de evaluación desarrollado a fin de identificar la producción proteica diferencial que presentan determinados cultivares que, asimismo, cumplen con los cánones normales de selección por rendimiento y por calidad agronómica.

Las contribuciones esperables del mejoramiento genético a la producción de la Argentina hacia futuro, están estrechamente ligadas a la herramienta que puede permitir los avances más rápidos en este campo. La biotecnología, y sus aplicaciones darán repuestas en plazos más breves a los problemas que enfrentaremos. A partir de la primera ola de eventos biotecnológicos desarrollados y utilizados hasta el presente, que se refieren al control de plagas (Soja Roundup Ready TM, Maíz BT) se sumarán en el futuro cercano, los provenientes de la segunda ola, que ya están siendo probados en nuestro país, y se refieren principalmente a la calidad Industrial del producto final de la soja, modificando el contenido y calidad de aceite y proteína, mejorando los usos alimentarios e industriales de la misma. Estos eventos, relacionados a la calidad serán también introducidos en germoplasma adaptado localmente, lo que se traducirá en un doble beneficio, el derivado del gen en sí mismo, relativo al uso industrial y el derivado de haber sido introducido en variedades adaptadas.
La tercer Ola de la biotecnología aún esta en una fase experimental; sin embargo, ya arroja resultados prometedores. Estas mejoras están asociadas a la eficiencia fisiológica de las plantas y apuntan a mejorar los procesos internos de las mismas, aumentando la capacidad productiva de los individuos y por lo tanto la producción general por unidad de superficie.

Los problemas relacionados con las enfermedades y plagas, irán en aumento, por las razones anunciadas anteriormente, la tendencia al monocultivo en inmensas áreas productoras, unida a las técnicas de conservación de suelo, (siembra directa o reducida) favorece el desarrollo de las enfermedades conocidas y de otras que aún no se han presentado en nuestro país, pero que potencialmente pueden tener incidencia. La resistencia genética, es una de las herramientas más económicas para la solución del problema de enfermedades, evitando la aplicación de agentes químicos para el control de las mismas y, de acuerdo al tipo de resistencia que se trate, incluso mejoran el control que puedan desarrollar aquellos. No todas las enfermedades tienen solución desde el punto de vista genético y, dentro de las que lo tienen, la dificultad de obtener resistencia varía con la cantidad de genes involucrados y el tipo de Resistencia o Tolerancia que estos otorguen, lo que permitirá una solución total o parcial del problema. De allí la importancia de la investigación, tanto la básica que permita encontrar la resistencia y sus mecanismos de acción, como la aplicada a transferir estos genes a materiales genéticos de alta productividad y buena adaptación.

Ante cualquier enfermedad, si se dispone información básica adecuada, se desarrolla una metodología de trabajo tendiente a incorporar la resistencia disponible en materiales adaptados. Ante la carencia de información básica, se debe primero generar la misma, a fin de poder desarrollar la variedad resistente.

Si la resistencia se encuentra en variedades poco adaptadas el trabajo de mejoramiento es arduo y complicado necesitándose varios ciclos de mejoramiento para lograr la Resistencia en materiales adaptados. Como ejemplo usaremos a la Roya de la Soja (Phakhopsara pachirryzi), la cual se encuentra presente en nuestros vecinos países (Paraguay y Brasil) desde hace dos campañas. Es un patógeno que causa graves defoliaciones y por ende daños materiales importantes. Se cuenta con información de la presencia de cuatro genes que otorgan resistencia, pero ellos están ubicados en el genoma de variedades introducidas desde Asia, y con poca adaptación agronómica, por lo que la introducción será un proceso largo y difícil. En la actual situación económica por la que atraviesan los distintos proyectos de mejoramiento relacionados al cultivo de la soja, debido a la dificultad de recuperar las inversiones realizadas, por el aumento del comercio ilegal de semillas, el proceso se tornará largo y en algunos casos infructuoso, demorándose la obtención de resultados. Es por eso muy importante la toma de conciencia por parte de los productores, de la importancia de mantener y, aún aumentar, las inversiones que las empresas realizan en el sector semillas, para un cultivo que, como el que nos ocupa, tiene una importancia vital en la economía del agro argentino, que se extiende a la economía general del país.

En conclusión, el mejoramiento genético ha brindado respuestas al sector productivo durante muchos años, acompañando el desarrollo del cultivo en nuestro país. Ha permitido expandirlo hacia zonas más marginales, solucionar problemas ocurridos en el pasado y, está logrando un reconocimiento por calidad inédito en nuestras latitudes. Tiene el potencial de incrementar este reconocimiento, mantener los buenos resultados obtenidos hasta ahora, y seguir solucionando los problemas que aparecerán en un futuro cercano, siendo siempre una herramienta económica y de fácil adopción.