|
foto1out |
Bases funcionales de la determinación del rendimiento y manejo del cultivo de soja |
Adriana G. Kantolic - Cátedra de Cultivos Industriales, Departamento de Producción Vegetal, Facultad de Agronomía, UBA
En la mayor parte de los sistemas productivos, el principal objetivo es maximizar los rendimientos obtenidos, es decir, lograr que con la disponibilidad de recursos - luz, agua, nutrientes- de cada lote, el cultivo maximice la producción de granos por unidad de superficie. Para ello, gran parte de las prácticas agronómicas están orientadas a mejorar el ambiente en el que el cultivo crece, aumentando la cantidad y disponibilidad de los recursos y reduciendo el riesgo o el impacto de las adversidades. Paralelamente se escogen variedades capaces de responder a las mejoras ambientales y tolerantes a las restricciones bióticas y abióticas que puedan presentarse.
Sin embargo, como el rendimiento del cultivo es el resultado de las múltiples interacciones que cada variedad tiene con el ambiente en el que desarrolla y crece, este resulta un atributo altamente variable. Analizar y comprender, al menos parcialmente, las causas de esta variabilidad es indispensable para poder manejar criteriosamente el cultivo, ya que difícilmente una misma decisión agronómica afecte de la misma manera a cultivos genéticamente diferentes y que crecen en ambientes diversos. A partir del entendimiento de las bases funcionales de la generación del rendimiento es posible identificar y jerarquizar cuáles son los resultados más probables de las interacciones temporales y espaciales entre el cultivo y el ambiente que lo rodea. Con ello pueden diseñarse estrategias agronómicas que pueden modificar sustancialmente el resultado del cultivo, ya que gran parte del manejo de estas interacciones está al alcance del productor o el profesional.
La captura y utilización de recursos por el cultivo
Cuando se comparan diferentes años, diferentes lotes o diferentes manejos, la variabilidad en el rendimiento es generalmente muy alta y gran parte de ella está originada en la cantidad de recursos (luz, agua, nutrientes) que las plantas tienen disponibles para crecer en cada sitio, y a la existencia de limitantes que puedan restringir la captura de estos recursos por parte de las plantas. Por ejemplo, la mayor parte de la variabilidad en el rendimiento entre años y sitios está asociada a la oferta de agua, que está determinada por (i) el nivel inicial de agua en el suelo más los aportes de las precipitaciones y (ii) la proporción de éstas que es efectivamente retenida en el perfil. Sin embargo, no toda el agua del suelo está disponible para las plantas, ya sea porque está retenida con mayor fuerza que la que pueden ejercer las plantas para extraerla, o porque se encuentran en sitios del suelo a los que las plantas no tienen acceso, lo que puede suceder porque existan impedancias en el suelo o, simplemente, porque las raíces no han crecido aún hasta posiciones del perfil cercanas al lugar donde se encuentra el agua. Por lo tanto, parte de la variación en los rendimientos puede estar dada por la capacidad de las plantas de acceder a los sitios en donde está el recurso, y capturarlo.
La Figura 1 esquematiza cómo es la captura y utilización de los recursos en cualquier cultivo anual e ilustra cómo la cantidad de recursos totales (Rt, en la Figura 1), representada por el ancho superior de la flecha vertical, sufre una progresiva derivación hacia otros destinos y no es utilizada por el cultivo para crecer y generar biomasa (B). Aún cuando los recursos son capturados y utilizados por las plantas para crecer, una parte de ellos es necesariamente destinado a los órganos vegetativos (raíces, tallos, hojas) y sólo una proporción de la biomasa, representada por el índice de cosecha (IC), es la que finalmente compone el rendimiento (Y). Resulta claro, entonces, que las prácticas de manejo no sólo se concentrarán en aumentar la cantidad de recursos disponibles para las plantas sino también en minimizar, dentro de limites fisiológicos, las derivaciones de ellos hacia otros destinos que no sean la formación de granos.
Figura 1. Representación esquemática de la captura y utilización
de recursos en un cultivo anual. Rt: recursos totales; Rd: recursos disponibles;
B: biomasa total; Y: rendimiento
foto2out
Un modelo muy sencillo, que puede utilizarse para sintetizar estos conceptos es el presentado en la ecuación 1:
Y = Rd x ei x ec x IC ecuación 1
por el cual el rendimiento (Y) resulta de la cantidad de recursos disponibles durante la estación de crecimiento (Rd), la eficiencia con la cual estos recursos se interceptan (ei), con qué eficiencia se convierten en biomasa (ec) y qué proporción de esa biomasa se particiona a los granos (IC). Así, cuando el recurso es la radiación, ei representa la eficiencia de intercepción y está condicionada principalmente por el índice de área foliar, y ec representa la eficiencia de conversión, relacionada con la fotosíntesis neta del cultivo. Ambas eficiencias, aunque principalmente ei, son fuertemente afectadas por la disponibilidad de agua y nutrientes. De acuerdo con el modelo de la ecuación 1, las variaciones en el nivel de cada recurso y las eficiencias con que estos son tomados y utilizados por las plantas y particionados hacia los granos, determinan las variaciones en el rendimiento.
Ciclo del cultivo de soja
Si bien el modelo estático presentado en la sección anterior es sumamente útil como marco conceptual del funcionamiento del cultivo, resulta limitado si no se considera que tanto los niveles de recursos como la capacidad del cultivo para capturarlos y transformarlos en rendimiento se modifican a lo largo del tiempo. Con respecto a los recursos, tanto los flujos de entrada (lluvia, riego, mineralización, fertilización) como de salida (consumo por el cultivo y otras pérdidas) son dinámicos a lo largo del tiempo. El cultivo, simultáneamente, no sólo va creciendo sino que en él se producen cambios morfológicos que resultan de la diferenciación y crecimiento de órganos (Figura 2). Por lo tanto un cambio ambiental, ya sea natural o inducido a través de una práctica de manejo, va a tener un impacto diferente según el momento en el que ocurra ya que el cultivo se encuentra en una etapa diferente de su proceso de generación del rendimiento.
foto3out
Figura 2. Ciclo del cultivo de soja. Se indican los períodos en los cuales aparecen y crecen los diferentes órganos en una escala arbitraria de tiempo. Como referencia, se incluyen algunos estados de la escala de desarrollo de Fehr y Caviness (5): Vn: estados vegetativos; R1: comienzo de floración; R3: comienzo de fructificación; R4: plena fructificación; R5: comienzo de llenado de granos; R6: pleno llenado; R8: plena madurez
Componentes numéricos del rendimiento
De los párrafos anteriores puede desprenderse por qué el rendimiento es tan variable, pero surgen pocos elementos para comprender cómo se define el mismo en cada situación. Puesto que el rendimiento es un atributo sumamente complejo, puede subdividírselo en componentes más sencillos, que resulten más fáciles de comprender y, por lo tanto, de manejar.
En principio, puede entenderse al rendimiento como el producto de dos componentes principales: el número de granos por unidad de superficie (NG, ecuación 2) y el peso de los granos (PG):
Y = NG x PG ecuación 2
Si bien existen compensaciones entre estos componentes, sobre todo a nivel
genotípico (i.e. variedades con semillas más grande tienden a tener menor
número de granos y viceversa) guardan una cierta independencia que permite
suponer que un aumento en cualquiera de los dos puede producir un aumento en el
rendimiento. Sin embargo, en un rango amplio de condiciones agronómicas el
número de granos por unidad de superficie es el componente que mejor explica
las variaciones en el rendimiento (Figura 3). De este modo, comprender la
generación del número de granos por metro cuadrado permite identificar con
cierta precisión cuáles serían las acciones más efectivas para lograr
mejoras del rendimiento, a pesar que exista una proporción no predecible de
cambios asociados con el peso medio de las semillas.
foto4out
Figura 3. Relaciones frecuentes entre el rendimiento y sus componentes numéricos principales. Para este ejemplo, cada símbolo corresponde a un sitio y un año y cada punto corresponde a una variedad diferente (3).
Generación del número de granos
El número de granos por unidad de superficie es un componente complejo que
incluye la generación y el establecimiento de diferentes órganos de la planta.
Puede subdividirse, a su vez, en cuatro subcomponentes: el número de plantas
por unidad de área del cultivo, el número de nudos que se establece en cada
planta, el número de vainas por nudo y el número de granos por vaina (Figura
4).
foto5out
Figura 4. Subdivisión del rendimiento en componentes y subcomponentes numéricos
Número de nudos
El número de nudos depende del número de plantas emergidas por unidad de área, cuántos nudos se diferencian y aparecen en el tallo principal en cada una de ellas, cuántas ramificaciones portan y, finalmente, cuántos nudos se diferencian y aparecen en cada una de las ramificaciones. La aparición de nudos en el tallo principal comienza en emergencia y progresa hasta bastante más allá de la floración, sobre todo en genotipos indeterminados. El crecimiento de las ramificaciones comienza generalmente cerca de floración y continúa durante gran parte del período reproductivo, por lo que la máxima expresión del número de nudos del cultivo depende en gran medida de las condiciones ambientales que prevalezcan luego de la floración.
Dentro de un amplio rango de condiciones y para muchas situaciones agronómicas, el número de plantas establecidas por unidad de superficie tiene un efecto neutro sobre el número de granos y sobre el rendimiento, ya que una mayor densidad de plantas es normalmente compensada por un menor número de nudos por planta y por una disminución de la fertilidad de cada nudo (Figura 5). Sin embargo, para situaciones en las que se limiten los nudos que pueda tener la planta y su potencial de ramificación, el manejo del número de plantas por unidad de superficie pasa a ser crítico. La disminución en el número de nudos en altas densidades obedece principalmente a un menor crecimiento de las ramas y, salvo que la densidad sea extremadamente alta, no se afecta el número de nudos en el tallo principal. Por lo tanto, la capacidad de ramificación de un determinado material genético pasa a ser relevante en situaciones de baja densidad general o alta desuniformidad en el establecimiento.
Figura 5. Respuestas a la densidad del número de nudos y ramas por
planta y del rendimiento y el número de nudos por unidad de superficie (1)
foto6out
El número de nudos en el tallo principal es poco afectado por la disponibilidad de recursos y depende directamente de la cantidad de nudos que se diferencian en el tallo principal durante la etapa vegetativa. Como el momento en el que el meristema apical de las plantas cesa de diferenciar hojas y pasa a diferenciar flores depende principalmente de la duración del día, la forma en que las variedades responden al fotoperíodo (que está asociada a su grupo de madurez) puede ser aprovechada para manejar el número de hojas que se forman en el cultivo (Figura 6). Para una misma y particular condición fotoperiódica, dada por la fecha de siembra y la latitud, las variedades más sensibles, correspondientes a los grupos de madurez más altos, y las que poseen hábito de crecimiento indeterminado, en las que el cambio del ápice al estado reproductivo se demora adicionalmente, tienden a tener más nudos en el tallo principal. Por lo tanto, la elección de la variedad en cada localidad y en cada fecha de siembra es la principal práctica de manejo que condiciona el número de nudos del tallo.
El número de nudos de las ramificaciones está asociado con las condiciones
fotoperiódicas antes y después de floración, y por lo tanto se reduce a
medida que las condiciones fotoperiódicas se vuelven más inductivas (Figura
7). El crecimiento y la supervivencia de estos nudos están, además,
condicionados por la tasa de crecimiento del cultivo y los factores ambientales
que la regulan. Ante deficiencias nutricionales e hídricas el número de nudos
en las ramas se resiente fuertemente mientras que el número de nudos en el
tallo principal no se modifica. Por lo tanto, las prácticas de manejo que
permiten que el cultivo tenga una buena provisión hídrica y nutricional,
principalmente luego de floración, permiten maximizar el número de nudos que
se logran por unidad de superficie.
foto7out
Figura 6. Cambios en el número de hojas en el tallo principal en respuesta al fotoperíodo para dos variedades con diferente sensibilidad al fotoperíodo. Se detallan debajo del eje de abscisas los ambientes de manejo que se asocian a las distintas condiciones fotoperiódicas.
foto8out
Figura 7. Número de nudos en las ramas según la posición del tallo en la que aparecen, para una variedad de crecimiento determinado sembrada en diferentes fechas de siembra. Los números a la derecha de cada barra indican el número de nudos de las ramas. Nótese que el retraso en la fecha de siembra reduce también el número de nudos en el tallo principal (2).
Número de vainas y granos
El número de vainas por nudo, es el resultado de los fenómenos de generación y mortandad de flores y frutos. La generación comienza con la iniciación de primordios florales tempranamente en el ciclo y prosigue con su posterior desarrollo y crecimiento hasta transformarse en estructuras florales fértiles. La fecundación ocurre antes de la apertura de la flor y comienza luego el crecimiento de las vainas, sin que haya aumentos detectables en el peso de las semillas que se están formando en su interior. Todos estos procesos ocurren secuencialmente en las distintas posiciones axilares de la planta, de forma que durante varias semanas aparecen nuevas flores y vainas en el cultivo (Figura 2). Simultáneamente, una importante proporción de primordios mueren antes de la apertura floral y muchas vainas abortan antes de alcanzar su tamaño final, de forma tal que el número de vainas que finalmente se establece en cada nudo depende de cuántas inflorescencias prosperaron en él y cuántas vainas se establecieron en cada inflorescencia.
Si bien las causas de mortandad de flores y frutos jóvenes no están del todo claras, generalmente las inflorescencias secundarias y las flores ubicadas en las posiciones distales de los racimos son las más proclives al aborto. El número de vainas por nudo es altamente variable dentro de la planta; la distribución de vainas dentro del canopeo está condicionada por el genotipo pero es altamente variable, sobre todo en respuestas a cambios ambientales que reducen el crecimiento del cultivo (Figura 8). Por lo tanto, toda condición ambiental que favorezca el ritmo de fotosíntesis y la tasa de crecimiento del cultivo conducirá a maximizar el número de vainas por nudo.
Figura 8. Distribución de vainas a lo largo del tallo principal en
condiciones de buena radiación (símbolos llenos) o con un sombreo del 40 %
desde R3 hasta el final del ciclo (símbolos vacíos). El gráfico interior
muestra el número de vainas presentes en las ramas en ambas condiciones. Datos
inéditos de Kantolic y Slafer.
foto9out
El número de granos por vaina, tiene alto grado de control genético. Algunos genotipos tienen una alta proporción de vainas con tres lóculos fértiles mientras que en otros predominan las vainas con dos lóculos, pero esta característica no está, generalmente, asociada a su rendimiento potencial ya que es contrabalanceada por el número total de vainas. Además, uno o más de los granos de la vaina pueden abortar antes de ingresar en su fase de llenado efectivo, modificando el número de granos logrado por vaina. El aborto de los granos es mucho menor que el de las vainas y generalmente no tiene una magnitud tal que deprima significativamente el rendimiento, salvo cuando es consecuencia de ataques intensos de plagas o enfermedades que directamente afecten su supervivencia.
Período crítico para la definición del número de granos
De las secciones anteriores surgen elementos claros que indican que las estructuras responsables de que haya más o menos semillas por unidad de superficie se generan a lo largo de casi todo el ciclo del cultivo, desde emergencia hasta después de R5. Sin embargo, no todo este período resulta igualmente importante en la determinación del número final de semillas a ser llenadas, sino que existen períodos más críticos que otros durante los cuales, si las condiciones no son favorables, se producirán las mayores pérdidas en número de granos y, consecuentemente, en rendimiento. Identificar cuál o cuáles son estos períodos permite determinar qué etapas del ciclo deben estar sometidas a las mejores condiciones ambientales y orientar las prácticas de manejo para que en esa etapa haya una óptima disponibilidad de recursos y una buena capacidad de las plantas para capturarlos y utilizarlos.
Como se comentó en la sección anterior, la soja genera un número de sitios que potencialmente podrían dar una flor muy superior al número de vainas que efectivamente se establecen y dan semillas. Es normal que el aborto de estructuras que podrían dar semillas supere el 40-60% de las flores generadas. Es importante, entonces, comprender si el número de granos efectivamente cuajados está más asociado a una mayor generación de estructuras reproductivas o resulta de una menor mortandad de ellas.
Existe una fuerte base experimental que demuestra que el número de granos del cultivo está limitado por su actividad fotosintética y no por la cantidad de órganos reproductivos que se generan. A partir de experimentos que incluyeron sombreo, defoliación, enriquecimiento de dióxido de carbono y suplementación de luz se estudió en qué medida las modificaciones del crecimiento concentradas en etapas particulares repercutían en el número de semillas por metro cuadrado. Así se ha podido establecer que el número de granos está relacionado con la fotosíntesis del cultivo entre floración y mediados de llenado de granos, siendo particularmente críticos los estadios comprendidos entre R4 y R5, según la escala de Fehr y Caviness (Figura 9)
Recientemente se ha establecido que el número de granos guarda una relación positiva con la duración del período crítico, aparentemente al permitir que un mayor crecimiento se acumule durante la etapa de establecimiento de los granos. Existe una relación bastante robusta entre el número de granos y la radiación interceptada acumulada entre R3 y R6 (Figura 10) y una mayor duración de la etapa permite aumentar el nivel de radiación capturada por el cultivo durante el período crítico. La duración de esta etapa aumenta a medida que es expuesta a temperaturas frescas y fotoperíodos largos, siendo la respuesta a este último factor altamente dependiente de la sensibilidad fotoperiódica del cultivar .
Figura 9. Reducciones en el número de granos ante cambios en el crecimiento del cultivo en distintas etapas del ciclo (7)
Figura 10. Relación entre el número de granos y la radiación interceptada acumulada entre R3 y R6. Cada símbolo corresponde a un cultivar y a un año distinto, y cada punto corresponde a una diferente condición fotoperiódica. Datos inéditos de Kantolic y Slafer.
Peso de los granos
El peso de los granos comienza a aumentar sostenidamente alrededor de 10 días luego de la fecundación, cuando la vaina ha alcanzado su máxima longitud. A nivel de cultivo, los granos aumentan su peso desde antes de R5 hasta madurez fisiológica (Figura 2). A medida que se acumula materia seca en el grano el porcentaje de agua disminuye a una tasa constante hasta alcanzar un 60 % cuando se alcanzó el 90 % del tamaño de la semilla. Esta relación se mantiene en un amplio rango de condiciones, por lo que puede estimarse el progreso del llenado del grano a través de mediciones de su contenido porcentual de humedad.
El peso del grano puede describirse como una función de su tasa o ritmo de crecimiento y de la duración del período de llenado. Ambos atributos están gobernados genéticamente y varían de acuerdo a las condiciones ambientales. La tasa de crecimiento del grano es sensible a cambios en los factores ambientales y se maximiza cuando la temperatura se encuentra alrededor de los 23,5 °C, mientras que los fotoperíodos largos tienden a reducir el ritmo con el que crecen los granos. Gran parte de las variaciones ambientales en el tamaño de la semilla se asocian a cambios en la duración del período efectivo de llenado. Por ejemplo, las disminuciones en el peso de los granos causadas por deficiencias hídricas o nitrogenadas están frecuentemente asociadas a un acortamiento del período de llenado.
Al igual que el número de granos, en la mayoría de las situaciones el peso de los granos está limitado por la disponibilidad de asimilados. Por eso, cuando ocurren restricciones en el crecimiento durante la primera parte del período crítico para la definición del número de granos y aumenta el aborto, si la condiciones son buenas durante el llenado puede aumentar la disponibilidad de asimilados por unidad de semilla y, consecuentemente, aumentará el peso de los granos. Sin embargo, a medida que progresa el ciclo la posibilidad de compensar disminuciones en el número de granos con aumentos en el peso se va reduciendo ya que las restricciones en la fotosíntesis pueden comprometer la disponibilidad de asimilados por semilla, reduciendo su tasa de crecimiento o la duración del llenado (Figura 11).
Figura 11. Cambios en el peso de los granos en respuesta a restricciones de crecimiento impuesta en distintas etapas del ciclo
Como resultado de estas compensaciones el período R1-R3 no es generalmente crítico para el rendimiento. Limitaciones posteriores, principalmente durante la etapa R4-R6 tienen un efecto directo sobre el rendimiento, al reducir el número de granos, sin permitir compensaciones a través de un mayor peso de los granos.
Prácticas agronómicas asociadas al logro de altos rendimientos
Para maximizar el rendimiento de un cultivar particular en un sitio determinado resultará imprescindible que el crecimiento del mismo se maximice durante la etapa crítica, particularmente durante R4-R6. Esto a su vez se puede lograr a través de cumplir objetivos específicos con prácticas agronómicas sencillas. A modo de ejemplo, se discuten algunas de ellas.
Nivel de recursos durante el período crítico
Puesto que el crecimiento está primariamente definido por el nivel de recursos (Figura 1), es claro que garantizar su disponibilidad durante el período crítico conduce al logro de mayores rendimientos. Es evidente, también, que muchas veces no es fácil predecir con exactitud el nivel de agua o nutrientes que va a encontrar el cultivo dos meses después de su siembra, pero el conocimiento de cuál es la dinámica esperable en el ambiente de producción permite acotar el número de situaciones posibles. Las prácticas orientadas a conservar el agua del suelo, como la siembra directa o la labranza con cubierta de residuos, aumentan las chances de llegar al período crítico con buena disponibilidad en el perfil. Una densidad excesiva en ambientes en los que la oferta hídrica tiende a disminuir a medida que progresa el ciclo es, por el contrario, una mala estrategia ya que favorece el agotamiento del perfil antes de que el cultivo entre en la etapa de crecimiento de vainas. Con respecto a los nutrientes, una correcta inoculación asegura el aporte tardío de nitrógeno, indispensable para el mantenimiento de la funcionalidad del área foliar hacia el final del período crítico. En sistemas en los que se recurre a fertilización luego de la siembra, debe considerarse que el aporte adicional de nutrientes tiene que hacerse con suficiente antelación como para que estén disponibles poco después de floración.
Captura de recursos
Una de las principales preocupaciones que debe tenerse al planear un cultivo es que éste llegue al período crítico con una estructura mínima de canopeo que garantice la eficiente captura y utilización de los recursos disponibles. Para que esto ocurra es necesario tener un manejo adecuado durante las etapas previas al período crítico: aunque estas no sean de alta relevancia en sí mismas, condicionan el crecimiento durante la etapa crítica, permitiendo que el cultivo llegue a R2-R3 con un buen stand de plantas y con un área foliar que permita maximizar la intercepción de la radiación incidente.
Por ello, el momento de siembra resulta el momento más crítico del cultivo ya que en él queda definido la densidad de plantas que se logran y, consecuentemente, queda condicionada la posibilidad de establecer una adecuada estructura en la etapa crítica reproductiva. Es por ello, también, que al utilizar grupos de madurez menores resulta fundamental aumentar la densidad de siembra y reducir la distancia entre surcos para compensar el menor crecimiento que experimentara entre VE y R2 y lograr de todos modos máxima intercepción a partir de R2-R3.
Ubicación temporal del período crítico
Para que se maximice la tasa de crecimiento del cultivo durante el período crítico, los esfuerzos deben estar orientados a hacerlo coincidir con el momento del año en el que es máxima la radiación incidente, siempre y cuando esto no comprometa el estado hídrico del cultivo. Las deficiencias hídricas marcadas son más importantes que los niveles de radiación explorados, y evitarlas debe ser privilegiado por sobre los niveles de radiación.
La siembra de variedades precoces aumenta la posibilidad de lograr altos rendimientos, ya que ubican el período crítico durante la primera parte del verano, cuando los niveles de radiación son altos. Esta práctica tiene dos puntos débiles. Por un lado, el acortamiento de la etapa prefloración reduce el índice de área foliar y si éste cae por debajo del nivel que permite interceptar la máxima radiación, las ventajas de la estrategia desaparecen. Cuando existen limitaciones hídricas y nutricionales se reduce la expansión foliar y el crecimiento de las ramas y por lo tanto, bajo estas condiciones, se dificulta obtener los máximos rendimientos con materiales precoces. Por otro lado, las variedades de los grupos de madurez menores son poco sensibles al fotoperíodo y, como las temperaturas son altas en el momento en el que ocurre el período crítico, la etapa tiende a acortarse. La obtención de variedades precoces que posean mayor sensibilidad fotoperiódica luego de floración es una alternativa que aun no ha sido explorada en el mejoramiento.
Cuando se retrasa la fecha de siembra, se retrasa también la ubicación del período crítico hacia momentos con menor radiación incidente y, consecuentemente, disminuye la expectativa de rendimiento. Puede disminuirse la penalidad del retraso de la fecha de siembra utilizando genotipos precoces, en los que la ubicación del período crítico no se retrasa mucho con respecto a la de una fecha temprana. Nuevamente, esta estrategia se torna más riesgosa en la medida que el ambiente pueda restringir la expansión foliar, ya que el número de nudos será reducido por las condiciones térmicas y fotoperiódicas más inductivas y debe, necesariamente, ir acompañada con un manejo apropiado de la densidad y del espaciamiento. Cuando el nivel de agua inicial o la retención hídrica del perfil son bajos, o cuando la fertilidad química o estructural del suelo son bajas, suele ser preferible escoger variedades de ciclo más largo, que exploran un ambiente con menor radiación incidente pero mantienen una alta eficiencia de intercepción (ver ecuación 1).
Factores bióticos
Es importante que el cultivo inicie el período crítico en las mejores condiciones sanitarias para utilizar eficientemente los recursos que puede capturar en esta etapa. Independientemente del estado en el que se realice el control de una adversidad biótica, éste debe ser concebido teniendo en cuenta en qué medida una falta de control afectará el crecimiento del cultivo durante el período crítico, ya sea porque se reduce el nivel residual de los recursos (en el caso de las malezas) o porque se afecta la capacidad de intercepción y utilización. En el caso de las plagas, por ejemplo, aquellas que reducen el stand de plantas, el número o el área de las hojas deberán ser más cuidadosamente controladas en las situaciones en las que la posibilidad de alcanzar plena cobertura esté más comprometida y debe ponerse especial énfasis en evitar que aumente el tamaño de las poblaciones de los artrópodos que producen daños directos sobre el número de granos.
Consideraciones finales
Si bien el rendimiento del cultivo es el resultado final de múltiples interacciones que se producen durante todo su ciclo, la existencia de una etapa crítica y de un componente mayormente asociado al rendimiento permite focalizar las decisiones de manejo. De los párrafos anteriores surge que ante cada situación gran parte del camino hacia el logro de altos rendimientos se transita al tomar decisiones que afectan la capacidad de crecer que el cultivo tendrá en el período crítico, asociada al nivel de recursos (principalmente agua y radiación) que tendrá disponible, y el tiempo y la capacidad que tenga el cultivo en convertirlos en biomasa.
Del análisis de las bases funcionales de la generación del rendimiento en el cultivo de soja surge, adicionalmente, que existe aún posibilidad de aumentar el rendimiento potencial del cultivo en la medida que se mejore su respuesta a los factores que regulan la duración del período crítico y el ritmo con el que crece el cultivo en presencia de diferentes ofertas ambientales.
Bibliografía
1. Ball, R.A., R.W. McNews, E.D.Vries, T.C. Keisling y L.C. Purcell. 2001.
Path analyses of population density effects on short season soybean yield.
Agronomy Journal 93: 187-195
2. Board, J.E. y J.R. Settimi. 1986. Photoperiod effect before and after
flowering on branch development in determinate soybean. Agronomy Journal 78:
995-1002
3. Board, J.E., M.S. Kang y M.L. Bodrero. 2003. Yield components and indirect
selection criteria for late-planted soybean cultivars. Agronomy Journal 95:
420-429
4. Egli, D.B. 1998. Seed biology and the yield of grain crops. CAB
International, UK. 178 pp.
5. Fehr, W. R. y C.E. Caviness. 1977. Stages of soybean development. Special
Report 80. Iowa State University, Ames, Iowa. 11 p.
6. Kantolic, A.G. y G.A. Slafer. 2001. Photoperiod sensitivity after flowering
and seed number determination in indeterminate soybean cultivars. Field Crops
Research 72 (2): 109-118
7. Kantolic, A.G., Giménez, E, de la Fuente, E. 2003. Ciclo ontogénico,
dinámica del desarrollo y generación del rendimiento y la calidad en soja. En:
E.H. Satorre, R.L. Benech A., G.A. Slafer, E. B. de la Fuente, D.J. Miralles,
M.E. Otegui, R. Savin (eds.): Producción de Cultivos de Granos: Bases
Funcionales para su Manejo. Editorial Facultad de Agronomía.