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El cultivo de soja en los planteos de producción de la región Sudeste |
Pablo Calviño
Asesor CREA Tandil I, AACREA
En el sudeste de Buenos Aires el cultivo de soja tuvo un crecimiento de la
superficie muy importante en los últimos 15 años. Para caracterizar este
incremento es útil observar la variación que hubo al respecto dentro del CREA
Tandil 1. En este grupo hasta 1987 prácticamente no había superficie sembrada
con este cultivo, los cultivos de gruesa más importantes eran el girasol y el
maíz. En tan sólo 3 años el cultivo de soja pasó a ser el más importante
entre los cultivos de gruesa y en la actualidad ocupa más del 60% de la
superficie destinada a cultivos de verano, realizados como de primera.
Las razones por las cuales el aumento de la superficie de este cultivo fue tan
rápida, fueron principalmente: a) su fácil manejo en lo concerniente al
control de malezas; b) es un excelente antecesor de trigo, que es el cultivo
más importante en esta zona; c) presenta una rentabilidad competitiva con los
otros cultivos d) tiene excelente adaptación a realizarse en siembra directa;
e) posee el costo más bajo de implantación y por último la f) tiene capacidad
de sortear deficiencias hídricas y de esta forma estas causan bajo impacto
sobre el rendimiento.
Cómo cultivo de primera ¿cuáles son las variables que tienen más influencia sobre el rendimiento de la soja en esta región?
Disponibilidad de agua
Como en todos los cultivos de cosecha gruesa, el agua disponible es el factor
que tiene la mayor influencia sobre la variación en el rendimiento del cultivo.
Son varios los investigadores que señalan que la soja de primera es
particularmente sensible a estrés hídrico o de otra índole entre las etapas
R3-R4 a R6, periodo en el cual se define el principal componente de rendimiento
que es el número de granos. (Kadhem et al., 1985; Shaw y Laing, 1966; Andriani
et al., 1991; Baigorri, 1997).
En general se le atribuye poca importancia a deficiencias hídricas y reducciones del crecimiento en momentos previos a R3. Esto se da más aún en esta región, considerando que: (a) los suelos de la región almacenan hasta 1,5- 1,6 mm de agua útil por cm (Travasso y Suero, 1994) y (b) la evapotranspiración máxima de cultivos de soja de grupos de madurez III hasta R3 es menor a 200 mm (Della Maggiora et al., 2000). Por lo tanto, la probabilidad de que un cultivo de soja de primera en suelo profundo sufra deficiencias hídricas o restricciones al crecimiento importantes antes de R3 es baja, si se logra un barbecho limpio y prolongado, y un cultivo con buen stand de plantas y limpio de malezas (Calviño y Sadras, 1999).
En la figura 1 se observa la íntima dependencia de las variaciones del rendimiento con las lluvias de febrero (Calviño et al., 2003 a). Durante este mes, coincidente con la etapa R3-R6, para Balcarce la evapotranspiración es mayor a las precipitaciones en 24 de 30 años. De acuerdo a lo expuesto, es de esperar que el rendimiento de soja de primera se asocie principalmente con las condiciones ambientales, particularmente disponibilidad hídrica durante el período de llenado de granos.
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Figura 1. Relación entre el rendimiento de cultivos de soja realizados con la tecnología de 1999-2000 (línea 2) y las lluvias de febrero (W) en suelos profundos de Tandil. La función derivada de los años 1996-1999 (línea 1) es presentada para comparación . La línea 2 es: y = 4178 * (1- e (-x-19.88)/49.2); r2= 0.88.
Temperatura
El sudeste de Buenos Aires, de las zonas en las que se realiza el cultivo de soja en el país, es la que presenta las temperaturas más bajas en el período en el cual se desarrolla. La soja es particularmente sensible a las bajas temperaturas. En el sudeste es normal que en el mes de febrero y principios de marzo haya temperaturas nocturnas inferiores a 8 ºC. Estas temperaturas reducen la fijación de vainas (Thomas y Raper,1978) y disminuyen el crecimiento de los granos (Gibson y Mullen, 1996). A su vez, la soja de primera puede estar limitada por bajas temperaturas, sobre todo en el período de llenado de granos. Sin embargo, Baigorri (1994) sugirió que los cultivos de soja que se desarrollan con bajas temperaturas desde las etapas iniciales se aclimatarían y su crecimiento reproductivo se vería menos afectado por dicha condición térmica que el de cultivos sin aclimatación previa.
A pesar de la conocida influencia de la temperatura sobre la generación del rendimiento del cultivo, en cultivos de primera sin limitantes de manejo, no se ha encontrado una relación entre la variación de rendimiento entre años y las temperaturas que se dieron en el período estudiado (Calviño et al. 2003a).
Características de los suelos
La gran mayoría de los suelos de esta región presentan dos características de alta influencia sobre el rendimiento del cultivo. La primera, es la presencia de tosca a profundidades variables, según el lote y la región. Esta es posiblemente la limitante más importante para el cultivo en la región. La segunda, es el bajo contenido de fósforo que limita los rendimientos (Sadras y Calviño, 2001).
Presencia de tosca en profundidad
La presencia de tosca limita fuertemente la capacidad de almacenaje de agua
del suelo. De esta forma los cultivos que se desarrollan sobre suelos con esta
limitante, son altamente dependientes de la frecuencia de las lluvias y el suelo
prácticamente no tiene capacidad de amortiguar períodos de estrés.
En los suelos someros solamente con elevadas precipitaciones los cultivos se
acercan en producción a los de suelos profundos (Sadras y Calviño, 2001). En
el trabajo señalado también se encontró que el rendimiento de los cultivos
realizados sobre suelos someros tuvo mayor relación con las lluvias de enero y
febrero que con las de febrero. Esto es un claro indicador que el período
crítico en estos suelos comienza antes, especialmente por su baja capacidad de
amortiguar deficiencias tempranas.
Fósforo en el suelo
Los suelos del sudeste presentan bajos valores de fósforo disponible. Por el escaso tiempo de estudio que tiene el cultivo en la región, son pocos los estudios sobre la repuesta a este nutriente en la región. En un trabajo se analizaron en forma conjunta los trabajos realizados por Darwich a fines de los ´80 y los nuestros a principios de los ´90 (Calviño y Sadras, 1999). En estos se observó que la respuesta a la fertilización fosfatada presentó una respuesta que fue dependiente del contenido de fósforo disponible en el suelo y que la respuesta fue independiente de las precipitaciones, dentro de un rango sin valores extremos (figura 2).
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Figura 2. Rendimiento de los cultivos de soja fertilizados (círculos blancos) y controles sin fertilizar (círculos negros) como una función de las lluvias de febrero (W)
Fecha de siembra
La fecha de siembra en la que se obtienen los mayores rendimientos a nivel de lote comercial es durante el mes de noviembre. Estudios realizados en la región muestran caídas de rendimiento del 1% desde fines de noviembre a fines de diciembre (Andrade, 1995).
Si bien la mejor captura de los recursos que definen el rendimiento potencial del cultivo se obtiene con siembras más tempranas (octubre), en la práctica la siembras muy tempranas presentan los siguientes problemas: a)el período más crítico para la definición del rendimiento se ubica de mediados de enero a mediados de febrero, que coincide con el período de mayor probabilidad de déficit hídrico en la región, b) se eleva la probabilidad de daño por heladas y c) de menor importancia, las plantas quedan de un tamaño reducido y es imprescindible trabajar con hileras angostas.
Soja de segunda
¿Qué limita a la producción de soja de segunda en esta región?
El cultivo de soja de segunda en la región es muy nuevo. Las razones principales que llevaron a que no se estudie la posibilidad de incluir a este cultivo son: el corto periodo libre de heladas posterior a la cosecha de trigo y las bajas temperaturas del mes de marzo y principios de abril.
Diversos investigadores estudiaron cuales son los factores de mayor influencia sobre el rendimiento del cultivo de soja de soja de segunda. Estos coinciden en que depende de más factores que el de soja de primera e indican que está principalmente limitada por: (i) el contenido de agua en el momento de la siembra de la soja, (ii) el balance de agua durante todo el ciclo del cultivo, (iii) las bajas temperaturas durante el llenado de granos, (iv) disminución del crecimiento vegetativo causado por una prematura floración y v) reducción de la tasa de crecimiento durante las etapas reproductivas y el acortamiento de esta etapa por influencia fotoperiódica. A estas restricciones generales, se suman limitantes locales que en el SE bonaerense incluyen: (a) una alta proporción de suelos con limitantes en profundidad (tosca o roca) que disminuyen la capacidad de almacenaje de agua y (b) el corto período libre de heladas posterior a la cosecha de trigo (Calviño et al., 2003b).
Hasta el momento los únicos estudios sobre este cultivo realizados en zonas con cierta similitud con el SE, son los Kentucky (USA) Estos trabajaron en latitudes similares (Kentucky, 38º N) a las de nuestra zona (Balcarce - Tandil, 37º S) e investigaron las restricciones para el rendimiento en sojas tardías. A pesar de las coincidencias en latitud entre Kentucky y Balcarce, las temperaturas medias de Kentucky son 4, 3.6 y 1.3 ºC mayores que las de Balcarce para el primer, segundo y tercer mes del solsticio de verano (Calviño et al., 2003b).
¿Se puede estimar el rendimiento probable de soja de segunda en el SE?
En el SE bonaerense en soja de primera pudimos explicar el 92% de las variaciones de rendimiento solamente con agua disponible en la etapa de llenado de grano (Calviño y Sadras, 1999). En cambio, en soja de segunda necesitamos trabajar con un mayor número de variables y trabajar con un modelo regresión múltiple para explicar poco mas del 80% de las variaciones de rendimiento (Calviño et al., 2003 a).
La variable más fuertemente asociada con el rendimiento fue fecha de siembra, indica que a medida que se fue atrasando la fecha de siembra mayor fue la reducción en el rendimiento ( < al 0.5%/d en noviembre y > al 2%/d en siembras de enero). La segunda variable de mayor peso fue la profundidad de suelo, con reducciones en la producción de grano de 10 kg/ha por cada cm de reducción de profundidad por debajo de los 120 cm. A diferencia de soja de primera, influyen sobre la determinación del rendimiento: el contenido de agua del suelo a la emergencia del cultivo, las precipitaciones entre emergencia y R1 y entre R1 y R5. Dentro de los aspectos de estructura de cultivo, mayores distancias que 17 cm entre hileras redujeron la producción de granos en aproximadamente 8 kg/ha por cm de separación y el aumento en la densidad de plantas aumenta la producción en 7 kg/ ha por cada pl/m2, para el rango de 12 a 50 pl/m2.
Todos los ensayos fueron realizados con variedades de grupo II y III corto y
en sectores topográficos no altamente heladores. Utilizando los datos
climáticos de la serie 1971-1999 y el modelo empírico desarrollado, se
realizaron los cálculos de rendimientos para tres localidades del sudeste de
Buenos Aires (Azul, Balcarce y Tres Arroyos). En este caso entre otras cosas se
encontró que en 9 de cada 10 años siembras en fechas tempranas para el cultivo
de segunda (25 de diciembre) se obtendrían rendimientos mayores a 2000 kg ha-1,
que atrasos de 15 días provocarían reducciones del 42% (se evidencia lo
arriesgado que serían atrasos en la fecha de siembra en este tipo de suelos),
que sobre suelos con tosca los rendimientos son sensiblemente menores y que Tres
Arroyos tiene mayor probabilidad de obtener rendimientos menores que en Azul
(figura. 3).
Figura 3. Distribución de las frecuencias de rendimientos de soja en
A) Azul, B) Balcarce and C) Tres Arroyos. Las fechas de siembra son 25 de
diciembre (lineas 1 y 2) o 10 de enero (líneas 3 y 4). La profundidad de suelo
³ 1.2 m (líneas 1 y 3) o 0.6 m (líneas 2 y 4).
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El rol de la soja de segunda
El cultivo de segunda tuvo un crecimiento rapidísimo tanto en el CREA Tandil como en el CREA Arroyo de los Huesos. Resulta muy importante destacar que ese incremento se debe por supuesto, primero al beneficio económico de su inclusión. Pero ese beneficio es más correcto analizarlo como una parte del sistema de producción. En los planteos de siembra directa, a la salida del trigo hay que realizar dos controles de malezas para que estas no semillen (fin de enero y abril o mayo). Con este cultivo los controles se realizan en él, reduciendo de esta manera el costo del cultivo siguiente, asegurando que ese control se haga, al no dudar en realizarlo. De esta manera el cultivo siguiente (maíz o girasol) tiene un menor costo de implantación y mayor estabilidad de rendimiento.
Referencias
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