A pocas semanas de haberse puesto en marcha el nuevo programa
económico, cada actor va viendo cómo se reacomoda en el nuevo
escenario. Aunque las porciones de la torta varíen según escala de
producción, distancia de los puertos o rindes de cada zona, productores
de granos y ganaderos ya se posicionan en el podio de los vencedores.
De allí el optimismo de los sectores industriales vinculados a esas
materias primas, como frigoríficos o el complejo agroexportador. Para
la lechería, el panorama aún no está tan claro. En este marco,
Agroclave dialogó con referentes industriales del sector, para hacer un
diagnóstico.
“La devaluación nos beneficia”, dispara Sergio Montiel, gerente de
Relaciones y Comunicaciones de Sancor, unas de las firmas nacionales
con presencia en el exterior, que es además, junto a La Serenísima,
protagonista en un mercado interno altamente concentrado.
El vocero de Sancor evalúa que la leche en polvo puede tener ahora una
salida más rápida. En quesos se puede dilatar un poco más, “porque el
mercado global está deprimido”. Igual, “la sola posibilidad de un mayor
recupero por tonelada exportada, ayuda”, dijo.
El producto que más exporta el sector es la leche en polvo. Que al
igual que todas las materias primas, bajó sus precios en los últimos
años. De 4 o 5 mil dólares la tonelada, se pasó a menos de 2 mil en muy
poco tiempo. Según los analistas, entre las causas influyó el freno en
el crecimiento de países en desarrollo y cierta acumulación de stocks,
además del propio comportamiento del capital financiero. Otra voz
dentro de Sancor, su vicepresidente Walter Martino, señala que la
cooperativa llegó al cierre de 2015 con el stock más alto de su
historia, “que evaluamos se podrá empezar a evacuar con un dólar
cercano a los 14 pesos”, adelantó.
Otra realidad viven las empresas chicas y medianas, que venden en el
país más del 90% de su producción. Mariano Viroglio, titular de la
Asociación que nuclea a las pymes lácteas de Santa Fe, refiere: “La
baja del precio internacional de la leche en polvo, combinada con
políticas que no alentaban la exportación, dejó a las empresas grandes
con demasiado stock. Como ellos destinaron mayor parte de su producción
al mercado interno, nosotros nos encontramos con suba de costos y un
alto nivel de oferta. Quedamos trabajando apenas sobre la línea de
flotación, o directamente abajo”.
Sin retenciones al maíz, el sector lechero advierte que aunque más
adelante pueda llegarse al equilibrio por mejoras en el área sembrada,
al encarecer el alimento de los animales, la medida arranca siendo
perjudicial, en un contexto en el que ya se venía padeciendo la suba de
costos. En esta línea, todos apoyan la continuidad de subsidios al
productor, vigentes desde 2015 por un reclamo gremial de la Federación
Agraria. También hay coincidencias a la hora de valorar el fin de los
ROE y la quita de retenciones. Mientras que las empresas grandes piden
además prefinanciación de exportaciones. “Hay que hacer una política
que permita exportar todo el excedente. Queremos que el Estado ayude a
que no se caigan más productores, A nosotros, nos significa no tener
capacidad ociosa”, menciona Martino.
Hoy se producen en Argentina 11.500 millones de litros al año -cifra
que no varió sustancialmente en los últimos años- y a nivel interno se
consumen 8 mil millones. Para crecer en producción, los industriales
consideran que el país cuenta con buen volumen de agua, tierra y buena
tecnología. “Pero necesitamos otro ordenamiento bromatológico y
productivo, con leyes que reordenen la actividad y que permitirían
mejor presencia a nivel global”, apuntan.
Supermercadismo
Evaluando lo que pasó en 2015, productores e industriales coinciden que
fue complicado para la lechería, incluso desde el punto de vista
climático. A los factores económicos que ya existían, se le sumaron
inundaciones en cuencas de Córdoba y Santa Fe y sequía en regiones
bonaerenses. Los tamberos, aún con compensaciones que cobraron del
Estado —medida que surgió tras un reclamo gremial de Federación
Agraria—, no se las vieron de para bienes.
Las pymes terminaron el año comprando a $ 2,60 el litro al productor.
“Somos conscientes que con ese precio, el productor prefiere irse a la
soja, pero tampoco tenemos más espalda. Tanto el tambero como nosotros
somos los eslabones más débiles”, indica Viroglio.
Desde las industrias grandes, culpan a la intermediación y al
supermercadismo. Y advierten que cadenas transnacionales con presencia
en la Argentina, en Europa marcan en promedio con un veinte por ciento
a los productos lácteos, mientras que aquí a algunos productos le
marcan más de cien, con un promedio de cincuenta.
Las pymes coinciden con la crítica a las grandes cadenas de
supermercados: “Para nosotros, llegar a sus góndolas es casi imposible.
Porque nos usan para lo que ellos llaman super ofertas y encima nos
ofrecen pagos estirados en el tiempo, que no podemos aguantar. Por eso
la comercialización se sigue concentrando y nosotros apostamos a las
cadenas regionales, a los mercados chicos. La propuesta de la provincia
de Santa Fe del Almacén de Quesos nos ayudó en la línea de generar
canales alternativos de comercialización. Ya tenemos seis puntos de
venta. Nos está yendo muy bien en Rosario, con el convenio con la
Asociación de Empleados de Comercio. La gente de a poco empieza a
probar y conocer nuestros productos. Ahora ya hasta te piden por una
marca específica, que ya empiezan a identificarla”.
Tras el conflicto de 2008 vinieron años de mucho desencuentro con el
sector agropecuario. Pero la llegada del nuevo gobierno puso a los
agronegocios como protagonistas del nuevo esquema de acumulación y a su
representación gremial e institucional en el centro del ring. De allí
que una de las primeras medidas anunciadas por Macri y su equipo
económico al asumir, fuera la quita de retenciones. Luego, otra de las
fotos fue la convocatoria a tamberos e industria, para buscar
soluciones a la “emergencia de la lechería”.
Con medidas para el sector sobre la mesa, habrá que ver de aquí en más
si se llega a la anhelada ecuación ganar-ganar, con nuevos mercados
externos, mejora del precio al productor y que los incrementos que
reclama cada eslabón no se trasladen a las góndolas y al bolsillo del
consumidor argentino. Ello dependerá no sólo del comportamiento de los
productores, la industria y el resto de la cadena.
Políticas
También será vital lo que haga el Estado, que al menos en estas horas y
con la lechería demostró que -a contramano del pensamiento ortodoxo- el
rol de la política pública cuando se piensa en el futuro de una
actividad productiva, no puede limitarse a dejar al mercado en
libertad, para que actúen a su antojo los que ofrecen y los que
demandan.
Los distintos actores. Sancor, que a nivel provincial cuenta con
actividad fabril en San Guillermo, Sunchales y Centeno, tiene en el
país 15 plantas industriales, ocupa 4.700 empleados más algunos
empleados eventuales. Su Gerente de Comunicaciones traza un balance del
proceso de inversiones de los últimos tres años: “Inauguramos una
planta nueva en Chivilcoy, para leche UAT que viene en cajita con tapa
a rosca, que nos costó ocho millones de dólares. En Arenaza, provincia
de Buenos Aires, por cuatro millones de dólares, abrimos una línea de
producción de yogures en botella de cartón y también de flan horneado
casero. También hicimos muchos finales de línea, para automatizar
procesos. Se inauguraron depósitos logísticos, con alto nivel de
tecnificación, en Sunchales para leche infantil, con mucha
robotización. Otro depósito en la planta de Córdoba, para yogures,
flanes y postres. En Bahía Blanca, algo también. Y de la ciudad de
Santa Fe nos mudamos a Desvío Arijón, con una planta de logística.
Estos últimos depósitos, contaron con créditos por cuarenta millones de
pesos del Bice”.
Viroglio, titular de Apymil, muestra otra realidad: “Representamos unas
120 empresas en la provincia, con unos 2.500 empleados en total.
Nosotros hacemos rotación rápida de los productos. Ante un escenario de
mucho stock, además de la leche en polvo, una alternativa podría haber
sido pasar a quesos de línea dura, sostener nuevas líneas de producción
con ciclos financieros más largos, pero eso no es posible hacerlo tan
rápido. No tenemos espalda económica”.
Fuente: lacapital.com.ar