A escala regional, la Argentina se ha convertido en los últimos años en la principal productora de la materia prima para fabricar novillos: la genética. La 129ª Exposición Rural de Palermo volvió a confirmar que los mayores interesados por los mejores reproductores bovinos producidos en el país son extranjeros; desde hace tiempo disfrutan de mejores condiciones para producir carne, según informó el Diario La Voz.
Mientras tanto, y más allá de que la oferta doméstica es amplia y de alta gama, el mejoramiento genético del rodeo nacional viene algo demorado. De cada cuatro vacas que se sirven en el país, sólo una es con un reproductor inscripto en alguna de las asociaciones de criadores, según cifras del Foro Argentino de Genética Bovina.
La entidad, conformado por las principales asociaciones de criadores de razas ganaderas del país y la Cámara Argentina de Biotecnología de la Reproducción e Inseminación Artificial (Cabia), organizó esta semana su octava jornada de actualización en genética, todo en el marco de la centenaria exposición ganadera.
“El principal desafío que tenemos es transmitir a los criadores la opción de utilizar estas herramientas. Estamos formando parte de un negocio y sabemos que la ganadería es manejo, nutrición y genética, que luego se traduce en productividad”, manifestó Martín García Fernández, presidente del Foro.
“Teniendo en cuenta que el toro tiene entre 100 y 120 terneros de monta natural, la ganancia que se obtiene en los destetes y el novillo terminado justifican plenamente la mayor inversión en toros que permitan un avance para el criador”, destacó Horacio La Valle, integrante de la Asociación de Criadores Hereford.
Rodolfo Peralta acumula una extensa trayectoria en genética bovina. Médico veterinario egresado de la Universidad de Buenos Aires y con un posgrado en Wisconsin (Estados Unidos), el especialista ha trabajado en diferentes lugares del país y del mundo. Entre ellos el norte de Córdoba.
Para cualquier zona de cría, su sugerencia es llevar a cabo un plan de mejoramiento que tenga como objetivo tratar de preñar vacas de tamaño moderado para asegurar su tarea. En el norte, la función de la genética es la de producir un ternero al año, en un ambiente que suele ofrecer más años secos que con excesos de precipitaciones. “Para fertilidad se necesita oferta forrajera y vacas moderadas para asegurar que el forraje les va a alcanzar para que mantengan la condición corporal en los momentos críticos previos a la parición y que luego les permita comenzar a ciclar nuevamente”, indicó Peralta.
“El peso al destete no es sólo mejoramiento genético, hay una serie de factores que intervienen, como la alimentación de la madre y su capacidad para producir leche; todo eso hace al peso del ternero. Se pueden usar toros de un mérito genético enorme pero, si le falta de comer, el ternero se quedó en el camino”, admitió.
“De una buena vaca es de donde salen los buenos novillos. La vaca musculosa es mucho más cara desde el punto de vista energético que la vaca moderada, que tiene facilidad para engrasarse y que recupera condición corporal rápidamente para los servicios”, justificó.
Errores en la incorporación del abuelo materno, por ejemplo, puede derivar en vaquillonas de 15 meses con terneros paridos de 42 kilos, con una alta mortandad. “Si en su momento se incorporó genética grande, que es heredable, es probable que esas vaquillonas llegaran con buen tamaño a peso de entore y la incorporación de un toro que provee facilidad de parto no alcanzó a amortiguar todo el patrón genético que viene desde la madre. Y ahí se producen los problemas”, observó el especialista. Herramientas como la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) han contribuido en los últimos años a mejorar los rodeos de cría y, hacia el final de la cadena, a la producción de carne.
“Es una excelente tecnología productiva y reproductiva desde el punto de vista genético”, sostiene el especialista. Según Peralta, de cada 100 vacas inseminadas por día, luego de 45 a 50 días después del parto, la mitad queda preñada.